En su niñez, el dibujo supuso su primer acercamiento a un mundo artístico lleno de color, formas, rasgos, expresiones y personalidades. Y durante más de cincuenta años de trayectoria, él los ha plasmado en diferentes lienzos, desde el papel, animación digital, cine y hasta en metales.
El conocido personaje quiteño Don Evaristo y el tucan de Yo soy Máximo, de la campaña de vacunación contra el sarampión de Unicef, son dos de las creaciones animadas de Édgar Cevallos Rosales, de 67 años.
Sentado a pocos metros de su reciente obra, el monumento de Guayas y Kil, Cevallos recuerda que al principio fue autodidacta, porque en su tiempo no había carreras universitarias de publicidad o cine. Su formación fue Disney, dice.
Roy Disney, hermano de Walt Disney, y Unicef lo eligieron entre creativos y dibujantes de diferentes partes del mundo para recibir entrenamiento de la compañía americana Walt Disney. Con ellos aprendió las técnicas de animación y producción durante dos años, entre 1993 y 1995, para trabajar en campañas de Unicef.
“Eso cambió mi vida porque yo sabía técnicas de comunicación, televisión, cine, animación, pero la metodología Disney es aplicable a todas las actividades de la vida. Cada cosa tiene un proceso y una cantidad de etapas que si te saltas una, el resultado se va a ver al final”, sostiene el artista oriundo de Tulcán, que vive en Quito y Guayaquil.
Toda su vida la ha dedicado al arte y la comunicación. Ha trabajado en publicidad, televisión, en más de veinte cortometrajes como Daquilema, Un ataúd abandonado, Luto eterno, Una araña en el rincón.
En los últimos años se ha dedicado a las esculturas, desde miniaturas, expuestas en el Museo Miniatura de Guayaquil, hasta el imponente monumento de Guayas y Kil, de 30 metros de altura con la base.
Ese trabajo lo hizo con una técnica avanzada de ampliación para escultura. Primero lo dibujó, hizo las figuras en una masa de modelar (parecida a la plastilina) con una estructura metálica de 1,20 metros. Luego lo escaneó para captar el 3D de todo el volumen e hizo el proceso de corte de las piezas gigantes en espumaflex.
Posteriormente, con estilete dio los detalles a las figuras, como los ojos. Ese material es el que envió al taller para hacerlo finalmente en bronce.
Al ver la imponente escultura, dice: “Es emocionante”. Es la primera obra de esa magnitud hecha por latinoamericanos. Se siente satisfecho con el resultado de su trabajo, que es parte de la identidad de los guayaquileños.
Esa obra aún no está terminada. Cortará la punta de la lanza para colocar la cabeza de un lagarto. Este cambio se hará en unas dos semanas.
En su trayectoria ha recibido varios premios nacionales e internacionales y la condecoración Al Mérito Cultural Vicente Rocafuerte, del Congreso Nacional del Ecuador.
Fuente : El Universo