La Cámara de Diputados de Brasil inició este viernes la maratoniana sesión decisiva de destitución a la presidenta Dilma Rousseff. Si se aprueba, el domingo, pasará al Senado, que tendrá la palabra final sobre el caso. La sesión comenzó después de que el Supremo Tribunal Federal (STF) fallase de madrugada por no interrumpir el proceso, cosa que había solicitado el Abogado del Estado, José Eduardo Cardozo, que alegó falta de garantías para la defensa.

Todo comenzó en medio del alborozo de diputados de la oposición, que saludaron la apertura del debate al grito de «viva la democracia», de una enorme expectación mediática, y otras consignas en favor del impeachment, como se conoce el proceso de destitución de un mandatario. El presidente de la Cámara, el polémico Eduardo Cunha, dio comienzo al proceso «bajo la protección de Dios».
Los debates en la Cámara baja se prolongarán hasta el domingo, cuando se votará si el proceso debe llegar al Senado, que en caso de darle curso, apartará a Rousseff del poder durante 180 días, plazo que tendrá la Cámara Alta para realizar el juicio político. En esta primera sesión intervendrán los 25 partidos representados en la Cámara de Diputados. Podrán tomar la palabra por un máximo de una hora cada uno. El sábado habrá una segunda sesión de debates, en la que podrán intervenir los 513 diputados.
El domingo se celebrará la votación, que se prevé que concluirá bien entrada la noche. Si los parlamentarios se inclinan por proseguir el proceso, éste pasará al Senado. Éste deberá a su vez definir, en un plazo aún no establecido, si finalmente abre el juicio político contra Rousseff, que será realizado por esa cámara legislativa. En caso afirmativo, Rousseff será apartada del cargo durante los 180 días que tendrá el Senado para realizar el juicio. Durante ese período la reemplazará el vicepresidente Michel Temer, primero en la línea sucesoria.
El debate lo abrió Miguel Reale JR, uno de los ciudadanos que interpuso el recurso de impeachment. Éste aseguró que Dilma Rousseff había cometido un crimen por ocultar las verdaderas cuentas públicas del Estado, por maquillar los balances fiscales y por insuflar dinero de un ejercicio presupuestario a otro a base de pedir préstamos a bancos públicos. Después intervino el abogado del Estado, José Eduardo Cardozo, que en un vibrante discurso replicó que esos delitos no eran susceptibles de una destitución y que, en realidad, todo el proceso obedecía a un venganza del propio presidente de la Cámara, Cunha, acusado de corrupción, a fin de escapar, mediante el juicio político a la presidente, de su propio procesamiento.
Fuente : El País