Los indígenas de las nacionalidades ecuatorianas de Cañar y Saraguro celebran en algunos parques de las grandes metrópolis norteamericanas, los cuatro raymis, las cuatro fiestas del calendario agrícola.
Parece que no, pero sí, el sonido de las quipas y bocinas cañaris suenan en algunos espacios de las metrópolis estadounidenses como Nueva York o Minneapolis- Minnesota. Son las bocinas y las quipas que se fueron con los nativos de Cañar, de Saraguro, con quienes trabajan fuera de su terruño, pero a donde van llevan su cultura y la enseñan.
En una noche de verano, Allison Adrian, etnomusicóloga, oriunda de Minessota, asistió a un centro de eventos para el Ecuadorian Beauty Contest, un concurso de belleza ecuatoriana. Allison estaba invitada al Inti Raymi que los cañaris y saraguros festejarían aquella noche.
En un video la investigadora recoge todas las expresiones culturales originales e identitarias de las dos culturas del austro ecuatoriano; nacionalidades que se manifestaban en el otro polo, allá en el norte. La fiesta de homenaje al sol en junio era un acontecimiento al otro extremo del continente y Allison encontraba en ella una manifestación tan originaria y ecuatoriana.
Allí en el centro de convenciones, entre las luces sonó la bocina. Muy fuerte se escuchó una melodía que asemejaba al viento de los andes sureños. El sonido, como es típico en las culturas indígenas ecuatorianas, fue el llamado para la gran concentración, así lo hacían los ancestros.
Las mujeres de Cañar llevaban polleras, rebozos, blusas de bordados multicolores, sombrero de lana y algunas tenían en sus manos el uso y el huango con el hilo para el hilado. Los hombres de la misma nacionalidad vestían sus ponchos o cuzhmas, chumbis o fajas, camisas bien bordadas, el sombrero de lana.
Los de Saraguro, por su parte, vestían su camisa, el poncho negro, su pantalón corto del mismo color y el sombrero, negro en el caso de algunos hombres y las mujeres con el blanco-negro que es el típico que se combina con la pollera larga de finos plisados, la blusa blanca, las huallkas de mullos o chakira y el reboso sujetado en sus puntas con el tupo de plata.
La fiesta de identidad y cultura del sur del Ecuador “Distinguidas autoridades de las diferentes etnias: Saraguros, Cañaris, de la bella ciudad Cuenca, también hay personas que representan el orgullo ecuatoriano. Señores, en el Inti Raymi suenan las quipas, como si sonaran en los andes”, eso decía el animador, el hombre que hablaba en kichwa y en español.
Luego de eso vino la danza de niños, jóvenes y adultos. Hombres y mujeres que en la celebración lucieron los atuendos enviados desde acá. Los zamarros de cuero de borrego, las cuzhmas, las polleras, dos para cada bailarina, la una que se recogía para formar cual canguro y la otra que enseñaba la elegancia del bordado.
Todos bailaron al ritmo de la música hecha con flautas y tambores, música ecuatoriana. “Saraguro significa “la tierra del maíz” y queremos revivir en este espacio, dedicado a todos ustedes, esta gran celebración como es la fiesta de la cosecha del maíz. ¡Que vivan los cañaris! Así bailan con su traje Saraguro y Cañari”, arengaba el animador.
Dos días para revivir fuera de las fronteras ecuatorianas la celebración ancestral. La noche para bailar y el día para llegar a uno de los extensos parques de Minnesota, y allí, en dirección a los cuatro puntos cardinales realizar el ritual. “Nosotros los hijos del sol caminamos por ese camino ancho de la vida”, decía el yachac, el celebrante, quien pedía levantar las manos hacia el Padre Sol.
El estudio y las fotos que muestran todo De esa experiencia vivencial de la etnomusicóloga queda un archivo fotográfico y un estudio que muestra como los migrantes ecuatorianos, que son parte de dos nacionalidades indígenas, a donde van propagan y tratan de mantener su cultura.
Allison estima que en Minneapolis-Minnesota, habitan entre 20.000 y 40.000 ecuatorianos provenientes de diferentes partes de nuestro país, la mayoría de Azuay y Cañar. Los saraguros viven un poco fuera de la ciudad y los cañaris se afincaron dentro de la ciudad de Minneapolis, ciudad donde hay restaurantes y supermercados que expenden comida de ecuatoriana.
Cuando se reúnen para celebrar las fiestas tradicionales, ellos tratan de mostrarse como lo harían en su tierra donde nacieron. Los niños que participan de estas ceremonias han nacido en los Estados Unidos, pero siguen en la cultura, porque los padres se encargan de enseñarse el contenido, uso y razón de ser de cada componente de los trajes, de la música, de la comida.
En las celebraciones y recordaciones al Dios Sol, por parte de los ecuatorianos en Estados Unidos, hay otros ecuatorianos mestizos y de otros grupos indígenas que participan activamente de estas manifestaciones culturales.
Si algo llamó la atención de la investigadora, es que en la celebración el mayor protagonismo lo tienen los niños y jóvenes entre ocho y 18 años, en su mayoría las mujeres, que son las encargadas en dar la continuidad a la celebración y mantener sus tradiciones culturales en tierras tan lejanas y extrañas.
Durante el compartimiento de Allison con los cañaris y saraguros ecuatorianos en Minneapolis, la norteamericana pudo ver un concurso en el cual las mujeres demostraron su talento en la danza, canto, como también en las respuestas correctas a las preguntas sobre la cultura cañari y saraguro; respuestas que fueron en español, inglés y quichua. “El aplauso era el más alto para quienes hablaban en quichua”, recuerda Adrian.
Y es que en esos espacios se nota la presencia de una población trilingüe, gente que así como habla español, lo hace en inglés y kichwa. Es más, en el día del Inti Raymi, se anunció la búsqueda de voluntarios para enseñar kichwa dentro del sistema de educación. Eso deja claro el afán de los indígenas ecuatorianos en el intento por mantener las costumbres. Aspecto que contradice, en parte, con lo que la gente de Cañar sostiene en cuanto a la pérdida de la cultura por la migración. “Yo veo un gran esfuerzo por mantener esa cultura”, afirma Allison Adrian.
A los americanos les cautiva las expresiones culturales de la gente del austro ecuatoriano y esa relación muy estrecha con la naturaleza. Las frutas, las flores, los granos con los que se confeccionan la chacana o cruz andina, esos y otros símbolos remiten de inmediato a saber que, con esos, la gente rinde tributo a la naturaleza, denominada también como Pachamama.
Sincretismo cultural con las culturas del Hemisferio Norte Una vez que los cañaris y saraguros llegan a Norteamérica tampoco están alejados del sincretismo. Los yachac del Cañar aprenden cosas de los sabios de las culturas originarias de Estados Unidos y eso porque la gente está viajando, aprendiendo de los otros.
Por eso, no es raro ver hoy en día, en un museo, como el de Washington D.C, capital de los Estados Unidos, fotos de una yachac del Cañar en una ceremonia dentro del museo. En ese espacio, la sabia enseñaba sus conocimientos a la audiencia en la que, de seguro, la etnomusicóloga dice habían muchos indígenas de Norteamérica; de esa manera los cañaris aprenden de los indígenas de Estados Unidos y viceversa.
La presencia de la cultura cañari en uno de los parques de Minneapolis deja ver que Estados Unidos es un país muy mezclado de inmigrantes. Con ese enunciado es así como hay gente de Cañar hay gente de las diversas etnias del mundo.

Fuente: EL MERCURIO