Trump, quien fue coronado como candidato republicano para las elecciones presidenciales de noviembre, tiene como una de sus principales promesas de campaña construir una “gran muralla fronteriza” entre EE.UU. y México para frenar la inmigración ilegal y los carteles de la droga

El magnate responsabiliza a los inmigrantes por los “cientos de miles de millones” que pagan sus ciudadanos para los gastos del gobierno en servicios de salud, educación, seguridad social o vivienda que reciben los indocumentados.

Además, insiste en que millones de extranjeros sin papeles han sido detenidos en el pasado en territorio estadounidense, muchos de ellos por delitos como narcotráfico, asesinatos o violaciones.

Una de las consecuencias más serias de un muro fronterizo sería el riesgo que supondría para los miles de migrantes que diariamente intentan llegar a EE.UU..

Desde 1994 EE.UU.ha instalado vallas que hoy alcanzan 1.100 kilómetros de la frontera, y eso ha hecho que los inmigrantes deban buscar pasos más remotos y arriesgados.

Un muro sellado “es una contradicción frente a la intención de crear una frontera más segura”, señala la investigadora Paulina Ochoa, del Colegio Haverford, en Pensilvania (EE.UU.), pues se requiere de coordinación y comunicación, no de aislamiento.

Además de las afectaciones a las actividades humanas, el medio ambiente también está en juego. El río Bravo/Grande es la división natural de dos tercios de la frontera, y una valla podría restringir el acceso a los propios estadounidenses.

Pero no solo preocupa la interrupción de cauces de agua, sino que también la vida de decenas de especies está amenazada por la presencia de un muro fronterizo, según algunos estudio realizados en la última década.

El problema es que además del muro, para mejorar la seguridad de EE.UU. Trump promete cancelar visas a los latinos y elevar las tarifas de las tarjetas de cruce fronterizo, lo que impactaría directamente a la economía local.

Fuente: Teleamazonas

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