El cambio climático ha incidido en el retroceso y en el país la cobertura glaciar ha disminuido considerablemente.
Desde la década de los 80’, en que se realizó un primer inventario de los glaciares en Ecuador (siete en total), había una cobertura total de 98 km2, que para 2010, en el inventario que fue actualizado por el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi), se redujo a 40 km2 y en el último que se entregará en este año, se estima estará en el orden de los 38 km2.Bolívar Cáceres, responsable del Programa Glaciares Ecuador del Inamhi, recuerda que la fusión (pérdida de área glaciar y de su espesor) y la recuperación de los mismos, es un proceso geológico natural que siempre ha existido, pero que a partir de los 80’ el retroceso ha sido más evidente y más acelerado.

“Lo que si hay que destacar, de manera indiscutible, es que este fenómeno natural ha sido acelerado por las actividades humanas. En los últimos años, por los eventos que afectan al planeta, la recuperación es más lenta. Los procesos de estabilidad son menores a los de fusión, entonces finalmente en el balance hay más pérdidas que ganancias”, expresa.

Cáceres manifiesta que los glaciares son reguladores del clima en algunas partes del mundo y proveedores de agua en otras. No en todos los casos proporcionan los mismos servicios.  Por ejemplo, en Ecuador eso no ocurre, el agua viene principalmente de las lluvias, no de los glaciares y la influencia sobre el clima es muy localizado y tienen más incidencia en poblaciones que están ubicadas en las faldas de los nevados, pero ciudades que están en las cercanías de esas elevaciones, como por ejemplo Quito, Ambato, Ibarra, no sufren directamente por la ausencia del agua de los glaciares, comenta y aclara: “no nos vamos a quedar sin agua por el deshielo”.

El estudio de los nevados que se hace en el país es para evidenciar lo que ocurre con el cambio climático a escala general. “Son (los glaciares) unos indicadores de ese evento”. Entonces las afectaciones grandes en el país serían para las poblaciones aledañas de los volcanes y para quienes dependen de la industria del turismo, porque el derretimiento afectaría más que nada al aspecto paisajístico, apunta.

Fuente: Diario La Hora.