Boris Johnson rechaza por sorpresa suceder al primer ministro David Cameron y deja a Theresa May como la gran favorita. Michael Gove se postuló para el cargo.

El gobernante Partido Conservador y el opositor Partido Laborista atraviesan una crisis profunda tras el “terremoto” político y económico causado por la inesperada victoria del Brexit en Reino Unido.

La agrupación del saliente David Cameron vivió ayer una jornada crítica. El máximo favorito para reemplazarlo, el ex alcalde de Londres, Boris Johnson, se bajó de la carrera por la candidatura.

Johnson, que fue una de las caras más visibles en la campaña por la salida de Gran Bretaña de la UE, sorprendió a todos al anunciar en conferencia de prensa, en un hotel del centro de Londres, que no se considera la persona indicada para gobernar. Su decisión se conoció poco después de que su compañero de fila y máximo aliado en la campaña por el Brexit, el actual ministro de Justicia, Michael Gove, se presentara como candidato para convertirse en el próximo primer ministro.

“Tras haber consultado con colegas y en vista de las circunstancias actuales en el Parlamento, he concluido que la persona (para gobernar) no puedo ser yo”, dijo Johnson, ante un grupo de sorprendidos correligionarios “tories” (conservadores). El aristocrático exalcalde de Londres estaba a favor de mantener el acceso al mercado común europeo y posiblemente al libre movimiento de personas durante las negociaciones por el Brexit, postura que fue rechazada categóricamente durante la campaña por la salida.

Además de Gove, se presentó a la candidatura por el liderazgo del Partido Conservador la ministra del Interior, Theresa May, quien es vista como una figura más sobria y moderada. May dijo que si es elegida como primera ministra no convocará a elecciones generales hasta 2020.

La funcionaria, una de las ministras del Interior británica con más años en un gobierno, enfatizó que “el país votó para abandonar la Unión Europea (UE) y es obligación del Gobierno y del Parlamento asegurarse que ocurra exactamente eso”.

Otros candidatos al liderazgo de los conservadores fueron el ministro de Trabajo y Pensiones, Stephen Crabb; el exministro de Defensa, el doctor Liam Fox, quien proviene del ala más derechista de la campaña por el Brexit; y la empresaria Andrea Leadsom, a favor de la salida de la UE.

 Corbyn se niega a renunciar

Por su parte, el opositor Partido Laborista vive la peor crisis desde la década del 30, ante la amenaza de una eventual partición de la agrupación entre el ala más izquierdista y el de centro, tras la decisión de su líder, Jeremy Corbyn, de no renunciar a su puesto.

Corbyn, quien en septiembre pasado ganó por amplia mayoría las elecciones internas dentro del Laborismo, fue criticado por parte de sus parlamentarios al no haber logrado convencer al electorado por la permanencia en la UE.

Los tradicionales votantes laboristas del norte de Inglaterra optaron por no escuchar la campaña de Corbyn, y apoyaron, mayoritariamente, el Brexit, en muchos casos cansados por lo que consideran es una falta total de representación política del “establishment” en Westminster y en Bruselas.

El jefe laborista fue acusado de realizar una campaña “tibia” y “no convincente” previo al referéndum, y días después del plebiscito vivió una rebelión sin precedentes de sus correligionarios, con más de una veintena que renunciaron a sus cargos.

Los diputados decidieron darle la espalda a su líder, luego de que despidió a uno de los legisladores laboristas más respetados del partido, el crítico Hilary Benn.

El veterano jefe laborista incluso enfrentó una moción por falta de confianza a su liderazgo, votada por 172 parlamentarios de su partido, el 81% de su bancada.

A pesar de las presiones y de sendos pedidos para su renuncia, Corbyn reiteró que no “traicionará” a los miles de afiliados laboristas que lo votaron en septiembre, en especial a miles de jóvenes activistas que salieron a marchar por las calles para pedir un fin de la revuelta contra el líder.

Advirtió que el voto de sus propios diputados “no tiene legitimidad constitucional”. El líder laborista recordó que fue elegido “democráticamente” y aseguró que no puede “traicionar” al 60% de los militantes de base que votó por él hace nueve meses.

La crisis del Laborismo amenaza con una sangría de votos por parte de votantes tradicionales de ese partido, quienes ahora podrían apoyar al UKIP o los Liberales Democráticos, ambos sin casi representación en el Parlamento.

Sin embargo, una de las parlamentarias rebeldes que le hizo frente al jefe laborista, la exministra en la oposición Angela Eagle, logró el apoyo de medio centenar de diputados y ahora se presentó para desafiar el liderazgo del partido.

Eagle busca reunificar a un fracturado partido, atrapado en peleas internas y en divisiones ideológicas que podrían terminar por destruir la tradicional agrupación opositora.

En tanto, más de 230.000 personas   firmaron una petición online en la que expresan su confianza en el líder de la oposición.

División en la clase social de Reino Unido es amplia

Lo cierto es que mientras la clase política británica trata de buscar una salida a la crisis constitucional sin precedentes en el país, la mayoría del electorado considera que aumentan las desigualdades sociales en el Reino Unido.

De acuerdo con un informe del Centro de Estudios Sociales NatCen, por el cual fueron consultados 4.3000 británicos, tres de cada cuatro dijo que la división de clase en el país “es muy” o “bastante” amplia.

La proporción de aquellos que no creen en la posibilidad de la movilidad social aumentó significativamente en la última década, según el informe.

Un 74% de los británicos indica  que es difícil subir de clase social en Gran Bretaña, un incremento del 65% desde 2005. Del total de los consultados, un 60% se considera de “clase trabajadora”.

Kirby Swales, director del centro NatCen, expresó que las divisiones sociales en el Reino Unido “están vivas y crecen”, al agregar que la inestabilidad económica y los recortes al gasto público de los últimos años “empeoraron la situación”.

Swales agregó que el referéndum del pasado 23 de junio por la membresía británica en la UE “dejó en evidencia las crecientes divisiones sociales” del electorado.

Aquellos que dijeron ser de clase trabajadora fueron los que más se opusieron a la inmigración y votaron por el Brexit, de acuerdo al informe.

La mayoría de los consultados se opone a más recortes del gasto público, mientras que un 40% cree que el Gobierno debería gastar más en subsidios y ayudas sociales. (I)

Japón sufre las consecuencias colaterales

La agitación de los mercados tras la decisión de Reino Unido de abandonar la Unión Europea (UE) causa la apreciación del yen, una mala noticia para la tercera economía mundial y para la estrategia económica del Gobierno de Shinzo Abe.

“La fiesta de los ‘abenomics’ (como llaman al programa económico del Gobierno) ha terminado”, sentenció el líder de la oposición, Katsuya Okada.

La apreciación del yen va en contra de la ‘abenomics’, la estrategia económica de Abe, basada en una política monetaria que mantenga el yen débil, estimule así los beneficios de las empresas que exportan, aumente las inversiones, los salarios y el consumo y ponga fin a la deflación que vive Japón hace años.

Pero en pocas horas el Brexit ha tenido un efecto devastador. El dólar, que antes de la llegada de Abe se cotizaba a 81 yenes y en 2015 valía 125, pasó el viernes pasado, tras el anuncio del resultado del referéndum, por debajo de los 100 yenes.

Según Tobias Harris, de Teneo Intelligence, el Brexit supone un golpe más al  ‘abenomics’. “Desde principios de año. el Gobierno ya ha tenido que lidiar con la apreciación del yen que amenaza con destruir los logros del ‘abenomics”, asegura el analista.

Antes del choque del Brexit, el yen, tradicionalmente un valor refugio, ya se había apreciado frente al dólar como consecuencia del freno en el crecimiento mundial y de las dificultades de las economías emergentes. Ahora, el Brexit podría poner al Gobierno contra las cuerdas. (I)

Fuente: EL TELÉGRAFO