Bryan Sisalema, de 20 años, recibió en Estados Unidos la noticia de que un terremoto causó devastación en Ecuador, su patria natal. El guayaquileño tenía previsto regresar el 8 de mayo para seguir con sus estudios universitarios, pero buscó volver enseguida. Llegó la mañana de ayer, fue a casa a cambiarse de ropa y luego a las 11:00 ya estuvo con su hermano adolescente Jared en el Centro de Convenciones de Guayaquil.Ambos se sumaron al contingente de voluntarios que ordenan desde el domingo pasado las donaciones destinadas a los damnificados por el terremoto, donde Manabí fue la provincia más golpeada. “Llegué (al país) en la mañana y me vine enseguida con mi hermano”, mencionó un laborioso Bryan mientras hacía paquetes de ropa utilizando cinta de embalaje.

Decenas de adolescentes, o más bien, voluntarios de entre 16 y 20 años en su mayoría, participaron del acopio de agua envasada, ropa, zapatos, medicinas, colchones e incluso juguetes. La vestimenta formaba un cerro de 3 metros de alto.

El Municipio, responsable del acopio, pidió en Twitter hacer llegar pañales, fórmula para bebés, velas, fósforos, entre otros insumos.

Aquella montaña de ropa se acrecentaba con aportes de ciudadanos como Segundo Espinoza, quien llegó con cinco fundas de vestimenta, las que ayudaron a cargar su esposa y dos hijos. Ellos debieron encolumnarse. Había otros donantes.

Hubo dos filas afuera del centro de convenciones. La segunda correspondía a jóvenes que querían prestar su contingente en la organización de los donativos, aunque adentro ya lo hacían grupos de boys scouts, oficinistas, más jóvenes. Los trabajadores de Puerto Limpio incluso debieron aguardar que les asignen alguna tarea.

Ricardo Rosado, coordinador provincial de la Cruz Roja del Guayas, pidió que los voluntarios se registren en la sede de Primero de Mayo y av. Quito para conocer de su disponibilidad de tiempo y distribuirlos en los distintos centros de acopio. El número es el 256-0674.

Karla Montesdeoca sostenía un pedazo de cartón en el que se leía “juguetes”. Ella, profesora de niños, pedía más artículos de distracción infantil porque estimaba que había un buen número de menores en Manabí necesitando elementos con qué paliar las secuelas que generar el horror de un terremoto.

Tampoco faltaron voluntarios en el coliseo Abel Jiménez, en Capitán Nájera y Tungurahua. Otras cadenas humanas contribuían al acopio de las ayudas para también clasificarlas. Ruth Alvear, habitante de la ciudadela Las Acacias, quien estaba dedicada a separar pares de zapatos entre de niños y adultos, señaló que suplía a su hija, integrante de un grupo scout, porque recién esta había dado a luz. El Parque Samanes es otro punto de acopio.

Fuente: El Universo.

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