La máxima atribuida al expresidente mexicano Porfirio Díaz, respecto a la cercanía con su vecino del norte ‘Pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de EE.UU.’ se hace presente más de un siglo después, para resumir la situación actual que vive el pueblo mexicano con las medidas económicas, migratorias y políticas tomadas por el mandatario estadounidense Donald Trump.

Como cruel paráfrasis, en este año 2017, encontramos a este Pobre México tan lejos de Dios y tan cerca de un Donald Trump, decidido a ampliar un muro de segregación que separe aún más  las sociedades de Estados Unidos y México y con ello bloquear la posibilidad de ingreso de miles de inmigrantes en busca de una visión de mejores condiciones de vida allende el Río Bravo del Norte.

El Muro de Trump es lisa y llanamente, la expansión de una construcción que comenzó a ser levantada  bajo el gobierno del demócrata Bill Clinton el año 1994,  en el marco de la denominada Operation Gatekeeper – Operación Guardian –  con el declarado objetivo de detener la ola migratoria que venía desde el sur del continente, atrayendo al “sueño estadounidense” a  cientos de miles de hombres y mujeres de  América Central y México, principalmente.