Las pretensiones de algunas autoridades seccionales de ‘legar’ la administración pública de sus cargos a familiares cercanos, no se cumplieron en la mayoría de los casos que se presentaron en las elecciones pasadas.

En Manta, por ejemplo, la esposa del alcalde Jorge ZambranoAna María Suárez, alcanzó el tercer lugar de la votación, con el 7,26% de los votos, distante del burgomaestre electo, Agustín Intriago, quien obtuvo el 41,71% de las voluntades.

Lo mismo ocurrió en Yaguachi, en la provincia del Guayas, y en Santa Isabel, en Azuay. Las esposas de los alcaldes Daniel Avecilla y Rodrigo Quezada, respectivamente, perdieron las elecciones el domingo pasado.

Esther Castro de Avecilla y Mónica Torres de Quezada, obtuvieron el 19,82% y 11,56% de las votaciones, en su orden, que las ubicaron en el tercero y cuarto lugar.

Según el analista político Fidel Márquez, la ciudadanía suele rechazar la denominada herencia política. “Además, tenemos que decir que en Ecuador el nivel cultural se ha elevado muchísimo; eso (la herencia del cargo) era factible en la época de los caciques”.

Julio Echeverría, también analista político, coincide en que el elector tiene conciencia de que la política es una actividad que no tiene que ver con relaciones familiares.

Asegura que la ciudadanía percibe con claridad ese fenómeno de la sucesión de cargos que, en muchos de los casos, como dice Márquez, tiene que ver con la intención de las autoridades de cuidarse las espaldas. “El electorado lo percibe así; y si es alguien que no ha hecho un buen trabajo, con más razón lo van a rechazar (al pariente)…”.

“No nos olvidemos que hay una fuerte conciencia anticorrupción en este rato en Ecuador, y es probable que esta sea una motivación que estuvo presente”, en el instante de la elección, manifiesta Echeverría.

Pero hay excepciones, como lo ocurrido en Samborondón (Guayas), donde Juan José Yúnez, con el 54,44% de votos, sucederá a su padre, José Yúnez, quien ha sido alcalde por los últimos 23 años.

Márquez sostiene que casos como estos pueden darse porque el pueblo identifica al postulante como parte de su comunidad o porque reconoce las buenas obras de la autoridad saliente. “Evidentemente van a decir votemos por esa línea de funcionamiento”.

Algo distinto ocurrió en la provincia de El Oro, donde Carlos Falquez Batallas, exalcade de Machala, perdió la lid por la Prefectura; y su hijo, Carlos Falquez Aguilar, actual alcalde, perdió la reelección al cargo.

En este caso, dice Echeverría, pudo haberse dado el hecho de que la ciudadanía buscó una opción distinta “a la forma caciquil de participación política” que había en Machala, donde padre e hijo han gobernado durante 14 años.

Henry Cucalón, asambleísta de la alianza Partido Social Cristiano-Madera de Guerrero, calificó lo ocurrido con sus coidarios los Falquez como un hecho lamentable y propio de la democracia. “Habrá que aprender de las lecciones…”.

Del mismo modo, en Pueblo Viejo, provincia de Los Ríos, a Elsy Ospina Garcés, esposa del tres veces alcalde Carlos Ortega Barzola, no le alcanzaron los votos para sucederlo.

Fuente:www.eluniverso.com