«Aunque no llegaba a ser un lunes normal, tampoco parecía que estamos cruzando por una emergencia», dijo Jorge Vásconez, artesano quien la mañana de ayer salió desde Macasto hasta Izamba para poder comprar algo de comida para su familia, compuesta por su esposa y dos pequeños menores de 10 años.

La afluencia de gente en esta zona de la ciudad era significativa y muchas de las personas que caminaban o realizaban sus actividades económicas por el sector no usaban las medidas de protección como lo dispone la emergencia sanitaria a causa de la propagación del Covid-19.

El centro

Esta realidad recrudecía en las principales calles del centro de la ciudad, en donde se podía ver a personas circulando y realizando sus tareas como de costumbre.

«Aquí (en los alredores del mercado Modelo) los Agentes de Control Municipal le decían a la gente que se retire, pero poco les importaba, es imposible que aquí podamos detener los contagios de coronavirus», comentó Liliana Pérez, quien por su trabajo debe salir de casa.

A lo largo de la avenida Cevallos varios locales, cuya actividad está o no permitida que dé atención al público, estaban a medio abrir, los comerciantes aseguran que de no empezar con su trabajo van a irse a la quiebra y no solo no tendrán la oportunidad de hacer negocios sino que no van a poder ni siquiera mantener a sus familias.

David Z., vende artículos de oficina y no cuenta con el servicio a domicilio, por lo que se arriesgó a atender, con la puerta entreabierta su local.

«La gente está haciendo teletrabajo y las clases se reciben en la casa lo que hace que la tinta, papel, lápices y otros insumos se acaben y de alguna manera hay que proveer a esas personas, nosotros también deberíamos ser tomados en cuenta para trabajar, pues no comercializamos artículos suntuarios», dijo el joven empresario.

Otros inconvenientes

Como se ha convertido en habitual los alrededores de la Plaza Primero de Mayo estaban atiborrados de personas que se dedicaban a las ventas en las veredas y en la calle.

«Esto es de todos los días de feria, desde que empezó la emergencia no ha habido una sola vez que la plaza esté vacía, esto no es solamente de autoridades sino de nosotros como comunidad que estamos acostumbrados a hacer lo que se nos venga en gana», dijo Zoila Gutiérrez, quien vive por el sector.

Faltaba alrededor de una hora para que empiece el toque de queda y en la avenida 12 de Noviembre desde la Tomás Sevilla, hasta llegar al parque 12 de Noviembre se podía ver a personas que esperaban transporte o simplemente caminaban con sus bolsas de compras buscando regresar a la normalidad de sus rutinas, aún cuando el semáforo en la ciudad, así como en todo el país, sigue en rojo.

Las Cámaras

Diego Mosquera, presidente de la Cámara de Comercio de Ambato, señaló que si bien es cierto la gente está entrando en un momento de desesperación a causa de los alrededor de 40 días de para, hay que tener en cuenta que mientras el trabajo se realice en la informalidad y de maneras inadecuadas el semáforo en rojo no va a cambiar.

Añadió que la semaforización es una medida que de alguna manera le advierte a la gente que si se porta bien podrá empezar a salir, de lo contrario el confinamiento se va a mantener.

Mosquera anotó que lo evidenciado ayer en Ambato es solo el reflejo de cómo se ha llevado, por costumbre, la comercialización de productos de primera necesidad en la ciudad.

Para finalizar, hizo un llamado a la comunidad para que tome medidas de prevención al momento de hacer sus compras y sobre todo que respete las medidas de prevención impuestas para que en las semanas venideras el semáforo pueda ser favorable para los ambateños y de a poco regresar a trabajar bajo una nueva normalidad. (NVP)

Fuente: lahora.com.ec