Los delegados de 195 países adoptaron ayer un histórico acuerdo contra el cambio climático, que une por primera vez en esa lucha a países ricos y en desarrollo.

“El acuerdo de París sobre clima queda adoptado”, proclamó el presidente de la COP21, el canciller francés Laurent Fabius. La adopción fue recibida con varios minutos de ovaciones de las delegaciones.

“Veo que la reacción es positiva, no oigo objeciones”, dijo el canciller Laurent Fabius antes de pegar un martillazo, como manda la tradición.

Seis años después de la fallida conferencia del clima de Copenhague, la comunidad internacional demostró que tomó conciencia de un mal que amenaza la vida sobre el planeta.

Este acuerdo reemplazará en 2020 al actual Protocolo de Kioto, y sienta las bases para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Así se busca contener el aumento de la temperatura del planeta a 2 ºC respecto a sus niveles en la época preindustrial.

Las negociaciones reunieron durante casi dos semanas a unos 40.000 participantes y pasarán a la historia como una de las citas diplomáticas más complejas de los últimos años.

En la cita, China, el primer emisor mundial (aproximadamente 1/4 de las emisiones) se comprometió, por primera vez, a estabilizar sus gases de efecto invernadero (GEI) en 2030 a más tardar, después de haber resistido durante largo tiempo en nombre del desarrollo.

China es el primer consumidor mundial de carbón, la fuente de energía más dañina, y el primer inversor en renovables, y quiere reducir entre 60% y 65% sus emisiones de CO2 respecto al crecimiento en 2030, en comparación con 2005.

Estados Unidos, el segundo contaminador mundial, quiere reducir entre 26% y 28% sus emisiones de aquí a 2025 respecto a 2005. A principios de marzo, la Unión Europea (aproximadamente el 10% de las emisiones mundiales) anunció su plan de reducir al menos en un 40% en 2030 sus emisiones respecto a 1990.

India, en cambio, prometió reducir sus emisiones de CO2 en un 35% en 2030 respecto a 2005. Mientras Rusia, el quinto emisor mundial de gases de efecto invernadero, prevé emitir entre un 25% y un 30% menos en 2030 en comparación con 1990. (I)