El jueves se cumplen 20 años de haber adoptado al dólar como la moneda oficial del país, una decisión que no fue consensuada, sino que se tomó como última salida ante la crisis, según Felipe Hurtado, director académico de la Corporación de estudios para el Desarrollo (Cordes).

Hurtado cree que durante los primeros 15 años, el cambio fue positivo, pues la pobreza disminuyó e incluso la inequidad se redujo.
¿La dolarización es la decisión más importante en materia de política económica durante las últimas décadas?

Sí, ha sido una de las decisiones más importantes, al menos, en la historia reciente de Ecuador. Marcó un antes y un después. Hay que reconocer que hasta 2000, cuando nos dolarizamos, la economía nacional había vivido décadas de inestabilidad, a través de un débil crecimiento económico; una inflación que siempre se mantuvo en niveles de dos dígitos, sin control; y una devaluación constante de la moneda nacional.

Los agentes económicos ven a la dolarización como un colchón que evita que el país llegue a una crisis económica severa”.
Esto generaba enormes costos para los agentes económicos y la ciudadanía. No se podían tomar decisiones de ahorro, inversión y consumo. La dolarización eliminó buena parte de esos factores nocivos.

¿Considera que el paso fue, de alguna manera, improvisado o empujado por las circunstancias?

En realidad no fue una decisión consensuada entre las autoridades económicas de la época. Eso se puede visualizar en el hecho de que varios funcionarios del Banco Central renunciaron, porque rechazaron el proceso La razón fue que, evidentemente, existían riesgos y operativizar el esquema era complicado. Pero, al final se logró.

En ese contexto, se puede decir que la decisión no fue consensuada, sino que se tomó como última salida a una crisis, que, entre otros factores, se manifestaba en una pérdida absoluta de confianza respecto al valor de la moneda nacional. Nadie quería usar sucres. Muchos depósitos se habían dolarizado, incluso varias transacciones, como la compra de vehículos y bienes raíces, se efectuaban en dólares.
En los últimos dos años se ha comenzado a cuestionar si la dolarización es una camisa de fuerza para el crecimiento y el desarrollo. ¿Qué piensa al respecto?

Aunque ahora no estemos creciendo, al menos tenemos controlada la inflación. Antes de dolarizarnos no crecíamos y teníamos una fuerte inflación. Ese era el peor de los mundos. Incluso, en las recientes circunstancias, que son el resultado de un mal manejo más que del sistema monetario, percibo que los agentes económicos ven a la dolarización como un colchón que evita que el país llegue a una crisis económica severa.

Ningún sistema monetario es perfecto y la dolarización funciona siempre y cuando se tomen medidas oportunas”.
Pongo el ejemplo de Argentina, que enfrenta dificultades similares a las ecuatorianas en términos de desequilibrios externos e internos, pero internacionalmente su economía es percibida como más riesgosa. Eso está directamente asociado a la moneda. Ese país tiene que lidiar con la combinación de recesión y niveles de inflación que se han disparado.

de la crisis actual, la dolarización representó una mejora en la calidad de vida y la economía del país. ¿Comparte esta premisa?

Cuando uno ve los indicadores económicos y sociales, durante los primeros 15 años, evidentemente la dolarización fue positiva. La pobreza disminuyó, incluso la inequidad se redujo. El acceso a los servicios públicos y los privados aumentó, y la capacidad de consumo de los hogares creció.

Al eliminar la inestabilidad que generaban los altos niveles de inflación y al poder recibir el salario en una moneda dura, los trabajadores, y en general la población, vieron un incremento sostenido en el poder adquisitivo. Eso se tradujo en el acceso a una canasta de bienes y servicios mucho más diversa de la que teníamos a inicios del siglo XXI.

Ningún sistema monetario es perfecto y la dolarización funciona siempre y cuando se tomen medidas oportunas. En los primeros años, el sistema se consolidó por una combinación de favorable contexto internacional y políticas fiscales prudentes.
¿Qué factores externos ayudaron durante los primeros años?

El establecimiento del sistema monetario coincidió con un cambio en el entorno internacional, que permitió que la dolarización recién constituida funcione y se consolide. Básicamente, inició un boom del precio de las materias primas, junto a un periodo en el que el dólar se depreció e impulsó las exportaciones nacionales. Esto generó un flujo permanente de divisas a la economía.

En época de bonanza el Gobierno tuvo que haber ahorrado para usar esos recursos en los periodos de escasez”.
Se sumó que, como consecuencia de la crisis del 1999, muchos ecuatorianos migraron y enviaron una importante cantidad de remesas, que fue otro de los ingresos importantes para sectores de clase media y popular.

Todo ese entorno, en conjunto con la estabilidad del sistema monetario, permitió que en los primeros 15 años, en promedio, la economía nacional creciera al 4%.

¿Por qué no se sostuvieron los buenos resultados?

Cuando se estableció el sistema monetario, uno de los lineamientos era intentar mantener una adecuada salud de las cuentas públicas. Eso se cumplió hasta 2006. Con el Gobierno de Rafael Correa inició un explosivo crecimiento del gasto público. Ahí se sentaron las bases de los desequilibrios fiscales significativos que ahora padecemos.

Sin embargo, mientras el viento de cola del contexto externo era favorable, se pudo cubrir esos desequilibrios porque había acceso al financiamiento y el precio del petróleo era alto. Además, se recibían más ingresos vía incremento de impuestos, porque la economía continuaba creciendo. Eso cambió a partir de 2014 y quedaron al descubierto todos los malos manejos.
¿Cuáles fueron los principales errores que contribuyeron a la recesión económica actual?

En época de bonanza el Gobierno tuvo que haber ahorrado para usar esos recursos en los periodos de escasez. Dese 2015 en adelante, el país ha demostrado un pobre desempeño. Durante los últimos cinco años casi no creció el Producto Interno Bruto (PIB), en términos per cápita. Ese estancamiento ha afectado al mercado laboral. El porcentaje de personas con empleo pleno ha caído en 10 puntos porcentuales. Hasta 2014, la mitad de la Población Económicamente Activa tenía un empleo adecuado. Ahora, el porcentaje es del 40% a nivel urbano, pero a nivel nacional, incluido sector rural, se reduce.
¿Se están tomando las medidas para corregir los desequilibrios de los últimos años?

El objetivo del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) es generar las condiciones para que, en el mediano y largo plazo, la economía ecuatoriana vuelva a crecer. Pero esto es un proceso doloroso y que tomará tiempo. Comparo nuestra situación con los casos de España o Grecia, que tienen un sistema monetario rígido y tampoco ahorraron en las épocas de bonanza.

Los griegos enfrentaron una recesión de más de cinco años, pero luego de hacer los ajustes necesarios han vuelto a crecer. En este sentido, mi percepción es que Ecuador, mientras avance el proceso de ajuste, continuará presentando un débil crecimiento económico por, al menos, dos años más.

Sin embargo, vuelvo a recalcar que la ventaja que da la dolarización es que, a pesar de que la austeridad impacta en el crecimiento y las cifras de empleo, al menos no provocan una pérdida de poder adquisitivo en la población que tiene un salario.

Por eso se pudo ver, por ejemplo, los centros comerciales abarrotados en Navidad. La inflación, en los dos últimos años, se ha movido en valores cercanos a cero. Los precios no crecen y en muchos casos caen. Incluso, con un ingreso que aumenta poco, el salario mínimo acaba de subir $6, se puede seguir consumiendo. (JS)

Fuente: lahora.com.ec