En el recinto ‘Nueva Unión’, de la parroquia Cojimíes, ubicado a 35 km de Pedernales, Manabí, la falta de agua potable se acrecenta diario.
Luego del terremoto de 7.8 grados, del pasado sábado, la frecuencia de los tanqueros que les vende cada tanque de agua en un dólar se redujo a su mínima expresión.
«Tenemos que caminar unos 15 minutos hasta el estero Cuasa», narra la longeva Ana María Chila, que desde las 07:00 se apostó a un costado de la vía Chamanga-Pedernales a la espera del líquido vital.
Junto a ella está María Valderrama madre de cinco hijos. Todos ahora viven en lo que llaman una ramada; un improvisado piso de madre con cerramiento de plástico.
Junto al improvisado refugio está una casa de madera gastada por el tiempo. El terremoto la dejó sentida. «Tenemos miedo vivir en la casa. Creo que se caerá, lo que pasó ese día (sábado 16 de abril) me tiene asustada», revela mujer, quien dice estar dispuesta a la reubicación, «si es que mi marido quiere» aclara.
No están en las estadísticas
En el recinto habitado por cerca de 50 familias también hay casas afectadas por el movimiento telúrico, ese grupo aún no está en el consolidado que manejan las autoridades que han centrado su atención en la zona urbana.
Para registrar las afectaciones y necesidades en la zona rural se crearon 14 brigadas.
Una de ellas integrada por bomberos estaba recopilando datos entre los caceríos entre ellos Moracunbo.
«Comida para cuántos días creen que tienen acá?», pregunta uno de los bomberos de Santo Domingo de los Táchilas, «ya no tenemos», responde al unísono un grupo de 12 personas encuestadas al filo de carretera.
Entre las voces aclaran que la ayuda recibida no les permite almacenar. «Registraremos todo para que las autoridades les ayuden», promete el uniformado. Dos de sus compañeros hace lo mismo en el recinto Mache, a unos 15 minutos más al norte.
Bajo el puente del lugar pasa una fuente de agua donde una empresa amplía el acceso para que carros recolector extraigan el líquido la clorifiquen y la reparatan entre las familias que ahora dejaron el agro para estar en vía esperando ayuda gubernamental o de alturistas.
Fuente : La Hora