Es un problema de peso. Cada vez hay más niños menores de cinco años con obesidad. En enero pasado se dio una alerta mundial: 42 millones de afectados. Y comenzaron entonces a apresurarse los estudios buscando a los responsables y algunos aseguran haberlos encontrado ya.

¿La madre? No es la única. Así que no basta con decir cuáles son los cuidados que ella debe tener en el embarazo. El padre también tiene su parte y no es poca. La tiene desde mucho antes de engendrar, por sus malos hábitos… No solo ellos, hasta los abuelos entran en esta lista de culpas (ver subnotas).

Los estudios, aunque algunos en etapa inicial y desarrollados en ratones, indican que la obesidad puede alcanzar a la tercera generación, es decir, a los nietos.

Es algo a lo que se debe prestar atención. En Ecuador, entre los 0 meses y los cinco años, hay al menos un niño con obesidad o sobrepreso. El problema se agrava de los cinco a los once años, cuando tres de cada diez menores tienen libras de más. ¿Herencia?

El endocrinólogo Francisco Vera, expresidente del Colegio de Médicos del Guayas, explica que existe un fuerte lazo entre las patologías.

Es algo que también lo ratifican los científicos. Uno de esos trabajos se publicó en International Journal of Obesity e indica que el peso corporal infantil está fuertemente influenciado por los genes. Aseguran que la obesidad infantil tiene un componente genético que bordea el 50 %.

No se trata de una cuestión estética. Ese sobrepeso u obesidad en la niñez puede llevar a la persona a sufrir, años más tarde, de hipertensión, diabetes o problemas cardiacos. Muchos ya padecen incluso de manera prematura.

¿Entonces, las futuras generaciones que vienen de padres o abuelos obesos, están condenadas a esa misma realidad?

Pues es posible. Y es cierto que hay varios responsables.

Ramón Vargas, ginecólogo y genetista graduado en la Universidad de Buenos Aires (Argentina) y profesor universitario, dice que aunque la persona tenga por herencia la obesidad, la situación es manejable, “siempre que uno controle el ambiente, porque los genes no podemos cambiarlos”.

Estudios en torno a esta situación que se ha vuelto problemática aparecen cada cierto tiempo. Por ejemplo, esos que dicen que la embarazada no debería someterse por mucho tiempo a la televisión porque predispone a su hijo a una obesidad futura.

O situaciones como que el consumo de ciertos alimentos hacen disminuir esa predisposición (ver los estudios más recientes).

La guayaquileña Gabriela Cucalón, máster en Nutrición Clínica, cita estudios interesantes que se refieren a los niños adoptados. Ellos tienen 50 % de probabilidades de padecer obesidad. “¿Cómo se puede predisponer a un niño en este caso si no tiene el mismo cuadro genético de los padres adoptivos? Es el ambiente el que más influye, dice y coincide lo que indican sus colegas.

Para ella, se trata de desterrar las malas prácticas. “No está bien obligar al pequeño a comer, no se le debe exigir si ya no quiere. Lo que sí está claro es que los padres son los responsables de ofrecer una alimentación balanceada y la responsabilidad del niño es comer”, explica.

Así que recuerde que esos malos hábitos que tiene hoy pueden transmitirse no solo a sus futuros hijos, sino también a sus nietos. Y si ya tiene niños obesos en casa, piense cómo eso le afectará en pocos años.

Fuente: Expreso