La Metrovía subiría el costo de su pasaje en cinco centavos a partir de agosto, pero deberá ceñirse a los lineamientos establecidos por la Autoridad de Tránsito Municipal (ATM) en su resolución 075.

Tras desestimarse la consulta pregonada por el colectivo Tejido Social, en estas semanas la ATM dispuso diez condicionantes que el transporte público debe cumplir hasta julio y así lograr el alza, que pasaría de $0,25 a $ 0,30.

Según Andrés Roche, gerente de la ATM, los articulados de la Metrovía “evidentemente cumplen con las condiciones mínimas” y los alimentadores “también tendrán que ser sometidos a la revisión” y “cumplir con esas resoluciones”.

Sobre esto, los usuarios que usan a diario el servicio con la misma tarifa desde el 2006 recalcan que los articulados y alimentadores deben mejorar en cuanto a “agilidad” y mermar el “desorden” y “largas esperas”.

En la terminal Río Daule, por ejemplo, se ve casi todos los días, a las 20:00, una larga fila de casi un centenar de usuarios que esperan el alimentador de Samames; otro tanto aguarda por las unidades de la Alborada. En ambas filas, una reja amarilla ordena a los usuarios.

Al menos 20 minutos esperan Matilde Acuña y Luis Gambarroti para usar los alimentadores de Samanes y Alborada. “Que ya no vayamos como sardina en lata”, solicita Acuña, de 61 años, al recordar que escasas veces aquellos asientos para grupos vulnerables (12% de cada bus) han sido usados por ella. Por los altoparlantes los choferes solicitan que se los ceda.

Gambarrotti manifiesta que los periodos de espera provocan aglomeración de usuarios y buses llenos.

La mayoría coincide con que el aumento de frecuencias es una alternativa. “Si no fuera tan espaciosa la llegada de buses, no habría problemas. El traslado es rápido”, dice Gambarrotti, quien va a diario de la Alborada a la Atarazana en una hora.

Los articulados de Metrobastión, a las 06:30, por las paradas como Gallegos Lara circulan llenos. Valeria Ortiz espera al menos seis unidades para decidir entrar “a la fuerza” entre la multitud.

Las aglomeraciones que son “normales” en horas pico, según la Fundación Metrovía”, a su vez dan facilidades para hurtos y actos morbosos, según usuarios como Walter Villafuerte, quien a diario va del centro al norte. “En la Base Naval se bajan y aprovechan la montonera (para robar). Uno no dice nada por temor”, señala Gambarrotti. No es casualidad que la semana pasada, la Policía capturó una banda de carteristas dentro del sistema.

Luisa Cabrales es otro caso de espera. Al arribar en 20 minutos a la terminal Río Daule abordó el cuarto alimentador para poder ir a Sauces 6. “No vienen rápido y se acumula mucha gente”, dijo la usuaria del alimentador de Samanes.

Otros pasajeros como Luis Moya recalcan que debe regularse la velocidad que alcanzan las unidades articuladas. En ocasiones sobrepasan los 80 km/h, señala.

Pese a los requerimientos, la fundación no planea aumentar unidades. Esto genera preocupación y resignación a Jaime Arrobo. Por años ha esperado que se mejore.

El aumento ayudará a paliar la escalada de costos operativos de los últimos años, según la fundación. En varias unidades se observa descuido como luces quemadas, grafitos y desaseo con presencia de cucarachas.

Aunque cuenta con carril exclusivo, la fundación Metrovía aduce que las demoras se dan en horas pico porque el tráfico se torna intenso. El sistema movió en 2015 a 145 millones de pasajeros, 18,7 millones menos que en 2014.

Fuente: EL UNIVERSO