Hasta la madrugada del 20 de febrero, la tendencia electoral daba a Lenín Moreno, de Alianza País (AP); y Guillermo Lasso, del movimiento Creo, el mayor respaldo popular en las urnas, tras los comicios generales. Se ratificaba así lo que la mayoría de las últimas encuestas privadas pronosticaron antes del silencio electoral, el 8 de febrero pasado, en relación con las figuras con más intención de voto de entre los ocho postulantes a la Presidencia.

Para Natalia Sierra, socióloga y docente de la Universidad Católica, Moreno logró cosechar lo que denomina voto “gratitud”. Es decir, el que la gente dio a un Gobierno por lo que ha hecho en estos últimos 10 años.

Principalmente en cuanto a infraestructura vial, en el frente de educación, salud y bienestar social. “Hay que reconocer que este Gobierno hizo una redistribución del ingreso, lo que tuvo un efecto en los sectores populares y más necesitamos del país. En especial cuando el petróleo estuvo con precios altos, los primeros años. Hubo una política asistencialista”. De ahí que considera que no necesariamente el voto duro de A. País fue para la candidatura de Moreno, sino para lo que él representa; el proyecto político denominado revolución ciudadana.

Lasso, en cambio, pudo captar el voto “rechazo”, según Sierra. Precisamente el de las personas que no comulgan con la idea de continuar con el actual Gobierno, por diferentes razones y esperan que se dé un cambio. Fue fundamental que el presidenciable de Creo se haya posicionado desde antes de los comicios como la figura “más fuerte” de entre todos los de la oposición que podía llegar a una segunda vuelta electoral. En ambos casos, advierte, se trata de un voto más emotivo que razonado, por parte de un número importante del electorado.