Pensar la comunicación en Latinoamérica no es posible sin la referencia de figuras como Luis Ramiro Beltrán, el periodista, escritor y teórico de la comunicación boliviano que nos dejó en los primeros días de julio del año pasado.

Si hoy en día podemos hablar de una Escuela Crítica Latinoamericana de Comunicación es gracias a pioneros como él que, junto con otros referentes imprescindibles, como Mario Kaplún o Jesús Martín Barbero, pusieron las bases de una Comunicología del Sur que, aunque todavía sin ese nombre, ya adquiría dimensión e influencia internacional en los años 60.

El legado de Beltrán hay que entenderlo en términos de una doble ruptura: práctica y epistemológica.

Práctica porque su producción escrita y sus aportaciones teóricas no pueden entenderse al margen de las experiencias concretas de comunicación popular y comunitaria desarrolladas que él mismo se encargó de mapear y acompañar desde finales de los años 40.

Hablamos de ejemplos como las radios populares de vocación democrática, como él mismo las definía. Entre ellas están la colombiana Radio Sutatenza, promovida por la Acción Cultural Popular (ACPO), o las radios mineras bolivianas, impulsadas por los sindicatos del sector para dar voz a los sin voz, a través de unas prácticas de comunicación horizontales y participativas.

Por otro lado, hablamos de una ruptura epistemológica, en tanto impulsó el cambio en el paradigma de las ciencias sociales al pensar la comunicación en y desde América Latina.

A contracorriente con la tendencia dominante de comunicación para el desarrollo, impregnada de ideología difusionista que venía a consagrar el principio neoliberal del libre flujo de la información para los países del Sur, Beltrán estuvo a la cabeza de la defensa de la noción de comunicación alternativa para el desarrollo democrático, en la que el papel de la comunicación en los procesos de desarrollo sería la de expandir y equilibrar el acceso y la participación de la gente a fin de asegurar, además de los beneficios materiales, la justicia social, la libertad para todos y el gobierno de la mayoría.

Ambas rupturas tuvieron uno de sus momentos más representativos en el surgimiento del movimiento en defensa del Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (Nomic), liderado por América Latina y que todavía hoy tiene una continuidad en las reivindicaciones del derecho a la comunicación como un derecho humano fundamental.

Hay un hilo de Ariadna entre el desarrollo de las políticas nacionales de comunicación en los años 70 y las actuales leyes de medios, que en países como Argentina, Venezuela o Ecuador buscan la democratización de la comunicación.

Empeñados en mantener viva la llama encendida por teóricos como Luis Ramiro Beltrán, en el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (Ciespal) hemos inaugurado una Cátedra de Comunicación para el Buen Vivir que lleva su nombre.

Empeñados en mantener viva la llama encendida por teóricos como Luis Ramiro Beltrán, en el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (Ciespal) hemos inaugurado una Cátedra de Comunicación para el Buen Vivir que lleva su nombre.

A través de esa iniciativa lo que se pretende es impulsar comunidades epistémicas en el ámbito latinoamericano, que alimenten el pensamiento crítico y se contaminen con las prácticas que han contribuido a otras formas de pensar la comunicación desde el Sur.

Es en este marco en el que adquiere sentido la publicación de textos de autores de referencia, como Juan Díaz Bordenave, Adalid Contreras, el propio Luis Ramiro Beltrán o la celebración de eventos internacionales como el I Congreso Internacional Comunicación, Decolonización y Buen Vivir y el Foro Latinoamericano y Caribeño de Comunicación Popular y Comunitaria.

Fuente: EL TELÉGRAFO