Alcohólica entre los 11 y 14 años, la ecuatoriana Luisa Valverde, de 30 años, aspira clasificarse a los Juegos Olímpicos de Tokio en lucha olímpica y dar ejemplo a los más jóvenes para que se aparten del alcohol y de las drogas.

«Le agradezco mucho a la lucha olímpica porque de pequeña, entre los 11 y 14 años yo estuve en el alcoholismo, y gracias a ella logré salir y mi vida cambió por completo», dijo Valverde en una entrevista con Efe.

Mientras sus padres salían a trabajar para el sustento de la familia ella y sus tres hermanos (otra mujer y dos varones) quedaban en casa.

Valverde empezó a salir a beber con familiares y amigos, trabajó en un mercado del cantón Babahoyo, pero el dinero que ganaba lo gastaba en el vicio.

También recorría las calles de la ciudad en un triciclo viejo en busca de desperdicios para alimentar cerdos, pero a pesar de su problema, siempre fue una muy buena estudiante, que vivió junto a sus padres e incluso obtuvo reconocimientos estudiantiles, hasta llegar a abanderada de su colegio.

La lucha olímpica se convirtió en la salvación de una niña que a los 14 años se topó con el profesor cubano Jorge González, quien la buscaba para mantenerla entrenando y alejarla del alcohol.

«Me enamoré fuertemente de la lucha olímpica, me apasionó y me ayudó a alejarme del vicio, además de la ayuda del profesor González, conté con psicólogos, mis compañeros de deporte, pero lo que más me ayudó fue mi amor por este deporte», señaló.

Una vez que encontró la senda hacia la rehabilitación, los triunfos llegaron, a tal punto que le cuesta recordar con exactitud en todos los torneos que participó y las medallas que acumula.

Pero de aquellos primeros años están la de plata en el Campeonato Panamericano juvenil de cadetes en Panamá (2007), medalla de plata en los Panamericanos juveniles de Cuenca (2008); plata en México (2009), en Nicaragua (1010) y oro en Brasil (2011).

También obtuvo la medalla de bronce en el Mundial juvenil de Rumanía, en 2011, y ese mismo año, a nivel sénior, se ubicó undécima en el Mundial de Turquía.

Las participaciones internacionales impulsaron su amor por este deporte, tanto como para compartir hoy con absoluta seguridad y libertad su complejo pasado a la sombra del alcohol.

Gracias a ese cambio, ahora ayuda a su familia, de manera especial a su madre, a la que le ha construido una casa en la ciudad de Babahoyo, e incluso está por graduarse.

«Siempre fui aplicada en mis estudios, fui abanderada en el colegio, ahora estoy por obtener la licenciatura en la especialidad de Educación Física», señaló.

Al Plan de Alto Rendimiento de la Secretaría del Deporte pertenece desde 2013.

Desde entonces, ha ganado el oro panamericano sénior en México 2014, y fue octava en el Mundial de Taskent 2014.

Un año después ganó la plata panamericana en Chile, y el oro en el Sudamericano de Argentina.

Su buen rendimiento se consolidó a nivel internacional en 2016 con la plata en el Panamericano en Frisco (EEUU); plata en el Panamericano de Brasil 2017; plata en el Panamericano de Lima (2018) y oro ese mismo año en el Sudamericano de Cochabamba.

Tras otras medallas que ha acumulado entre 2019 y 2020, en la serie para ránking de Italia, el Panamericano de Argentina, su séptimo lugar en el Mundial de Kazajistán ese mismo año, y el oro en el Panamericano en Ottawa, la atleta afronta una buena posición para clasificarse a Tokio.

Sus planes actuales incluyen viajar a Rusia junto a su entrenador cubano César Carracedo y su compañera de equipo Génesis Reasco para entrenar entre el 7 y 28 de febrero.

De ahí acudirán a Italia al torneo internacional Matteo Pellicone (4-7 marzo) y luego a Bulgaria, donde espera cerrar la clasificación para Tokio tras dos intentos fallidos en 2016 y 2012. EFE

Fuente: elmercurio.com.ec