El máximo medallista de la historia va a Río insatisfecho por su tiempo. Quiere más preseas, pero antes, bajar su marca.

Ganar no es suficiente para un trajinado Michael Phelps. El máximo medallista olímpico de la historia con 22 preseas sabe que su organismo no es el mismo de antes. Sus gestos tras las últimas clasificatorias para los Olímpicos de Río lo denotaron.

Pese a ser el triunfador en todas la pruebas se notaba su molestia tras los 100 mariposa. Resopló con rabia y lanzó un escupitajo como intentando expulsar hasta la última gota de una terrible obsesión. Había superado a Tom Shields y a Seth Stubblefiend por 20 y 24 centésimas respectivamente, pero su marca, 51,00 segundos, no le satisfacía.

El ‘Tiburón de Baltimore’ persigue su cuarto oro olímpico consecutivo en 100 mariposa y cree que para conseguirlo en Río deberá nadar muy por debajo de 51 segundos. Calcula que el sudafricano Chad le Clos, el húngaro Laszlo Cseh, y el singapurense Joseph Schooling rondarán los 50 segundos largos. Para batirlos debe construir la carrera perfecta, similar a aquellas que fascinaron al mundo en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, Pekín 2008 y Londres 2012.

Atrás el polémico pasaje del 2009 a raíz de unas fotos del estadounidense fumando marihuana, por la que fue sancionado tres meses, Phelps va por más gloria a la cita en Río, en sus quintos Olímpicos, que lo convierten en el nadador con más participaciones en esta lid. No solo quiere más medallas, quiere perfección.

Fuente: EXPRESO