Un vuelco al discurso. La más reciente defensa pública de un Gobierno enredado en el debate de la corrupción a las puertas de una elección, estuvo ayer a cargo del presidente Rafael Correa, quien por primera vez en nueve meses, desde el inicio de los escándalos petroleros, admitió lo evidente: “somos responsables políticos por la corrupción”. Y aunque efectivamente reconoce las fallas de su gobierno “por no haber descubierto esto”, de momento no asume las consecuencias: “no somos culpables ni corruptos”, dijo.

No lo son, a su juicio, porque no se trata ya de los suyos. El exministro de Hidrocarburos Carlos Pareja Yannuzzelli, nombrado por el propio Correa, ha dejado de ser ya un “traidor”, como lo llamaba semanas atrás, y ha pasado a convertirse en un “infiltrado”. Un infiltrado que durante nueve años permaneció en la cúpula petrolera de la Revolución Ciudadana, según el nuevo relato oficial, sostenido por su primo Carlos Pareja Cordero. Ambos siguen prófugos.

Los matices han alcanzado también al caso Odebrecht, la empresa que confesó haber pagado sobornos a funcionarios del Gobierno (cuyos nombres aún no se conocen) entre 2007 y 2016. “Resulta que

los culpables son los de la partidocracia”, adelantó Correa antes de cargar la responsabilidad sobre otros nombres, sobre otras épocas.