El aumento de la presencia militar de la Alianza Atlántica en varios países europeos cercanos a las fronteras de Rusia se produce dentro de una escalada de tensiones con Moscú iniciada en 2014 a partir de la reunificación de Crimea con la Federación Rusa y la crisis de Ucrania.

Por su parte, Moscú ha denunciado una y otra vez la expansión militar de la OTAN cerca de sus fronteras, pues lo considera una amenaza a su seguridad nacional.

Recientemente unos 3000 soldados han sido inspeccionados en Rusia y se han puesto en estado de alerta realizando operaciones tácticas en varias repúblicas rusas, lo que puede considerarse una respuesta al aumento de la presencia militar occidental en las inmediaciones del territorio ruso. Moscú también ha aumentado en los últimos meses el número de maniobras militares para revisar sus capacidades.