Actualmente, la Federación Rusa dispone de al menos dos batallones pertrechados con estos misiles SSC-8. Uno de ellos, conforme a una de las fuentes del NYT, sigue en un sitio de pruebas en Kapustin Yar (suroeste de Rusia), pero el otro se trasladó el pasado mes de diciembre a una base operativa.

El rotativo detalla que cada batallón contaría con cuatro lanzaderas y un amplio suministro de proyectiles. La lanzadera, precisa, se asemeja a la usada por los sistemas de misiles tácticos Iskander de corto alcance y que, según el convenio ruso-estadounidense, está permitida.

Mencionar que el tratado se rubricó por los entonces presidentes de EE.UU. y de Rusia, Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov, respectivamente, y prohibía el desarrollo de misiles balísticos o de crucero de alcance intermedio (capaces de volar entre 500 y 5 500 kilómetros). Ambas potencias, con este tratado, pusieron fin a la Guerra Fría y a una peligrosa escalada armamentística.

Hasta el momento, la Administración de Donald Trump, presidente de EE.UU., no ha hecho ninguna valoración de la noticia. Pero el despliegue de misiles por parte de Rusia podría ser, de hecho, una prueba para el propio Trump, según los expertos, dada su intención de acercarse al Gobierno ruso y conseguir nuevos acuerdos de reducción armamentística.

Sin embargo, el Departamento de Defensa de EE.UU. (el Pentágono) tiene preparada una lista de posibles respuestas al desarrollo del misil de crucero ruso, incluyendo el despliegue de nuevas capacidades de defensa en Europa o el impulso de nuevos misiles, aun cuando se desconoce cómo va a reaccionar Trump ante esta tesitura, pues ha alabado de continuo el liderazgo del presidente ruso, Vladimir Putin.