Redacción BUENOS AIRES

El dibujante argentino Joaquín Salvador Lavado, conocido como ‘Quino’ y popular por ser el creador de Mafalda, falleció ayer en Mendoza, su ciudad natal, a los 88 años.

Hijo de españoles y poseedor de galardones como el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades y la Medalla de la Orden y las Letras de Francia, Quino desarrolló las aventuras de su personaje más popular entre 1964 a 1973, aunque las historias de Mafalda se replicaron hasta la actualidad.

Desde hace unos años, el autor, que se había mudado a Mendoza desde Buenos Aires a finales de 2017, tras quedarse viudo, sufría problemas de salud y se trasladaba en silla de ruedas, aunque siguió asistiendo a diversos homenajes a su obra.

La familia explicó que el fallecimiento se produce por «razones propias de la edad y derivaciones de su salud de este último tiempo», habiendo vivido su vida «íntegramente».

«Mafalda», la pequeña contestataria y luchadora social cuya imagen y atemporales e irónicos mensajes en pro de un mundo mejor han dado la vuelta al mundo, se convirtió en su obra más conocida, aunque creó multitud de personajes más.

Hoy el mundo llora la muerte de Quino, aunque su legado es y será eterno a través de este personaje, que nunca se cansará de luchar por sus ideales y seguirá buscando la manera de evitar el plato de sopa.

Nueve años para ser inmortal
Los nueve años en los que se publicaron las historietas de Mafalda le valieron para convertirse en un símbolo eterno, intergeneracional, y sus libros fueron traducidos a 26 idiomas y en braile, y sólo en Argentina se vendieron más de 20 millones de ejemplares.

La historia de Mafalda, quien siempre tendrá 6 años, no se puede contar sin sus inseparables compañeros de fatigas, Susanita, Manolito, Felipe, Miguelito y Libertad.

Mafalda ama a los Beatles, la democracia, los derechos de los niños, la lectura, la paz y los panqueques. Odia a James Bond, las armas, la guerra y la sopa. Sueña con arreglar el mundo, un mundo que mientras Quino la dibujaba vivía tiempos convulsos, con la Guerra de Vietnam (1955-1975) como telón de fondo, ante lo que siempre expresó un mensaje en favor de los derechos humanos y antibelicista.

Mafalda nos enseñó, a muchas, el valor del feminismo. Reflejó el progresismo de su época con comentarios que muestran su apoyo a las conquistas sociales de la mujer y contra los roles establecidos. Siempre reprocha a su madre, Raquel, haber abandonado sus estudios, mientras que su padre, nunca tuvo nombre.

HOMENAJE. El humorista gráfico Joaquín Salvador Lavado Tejón, Quino, durante la inauguración de la segunda escultura oficial de Mafalda el 23 de octubre de 2014, en el Parque de San Francisco de Oviedo, España. La primera escultura está en el barrio de San Telmo, en Buenos Aires. EFE

Mafalda: Un patrimonio que se volvió universal

El recorrido de sus historias convirtieron a Mafalda en patrimonio cultural de todos, sin importar edad o nacionalidad, aunque Argentina la idolatra con el orgullo de quien vio nacer sus andanzas, en el porteño barrio de San Telmo, donde se encuentra el Paseo de la Historieta, homenaje a varias ilustraciones donde la creación de Quino es la joya de la corona.

Cualquier domingo o día festivo es normal ver una larga fila de gente en este barrio esperando para sacarse una foto en el famoso bando donde siempre están Mafalda, Manolito y Susanita, posiblemente hablando sobre los problemas de un mundo con los que ella nunca se sintió conforme.

En Oviedo (España) hay una figura de Mafalda de 80 centímetros, realizada en arcilla recubierta con resina y fibra de vidrio para protegerla del sol o la lluvia, a cuya inauguración asistió Quino en 2014.

La figura más grande de Mafalda se encuentra en Argentina, pero no en Buenos Aires, sino en Mendoza, provincia del norte del país en la que nació Quino. La estatua mide tres metros de altura, fue realizada por el artista Juan Valdivia y muestra a la niña sentada sobre tres libros: “Las venas abiertas de América Latina”, de Eduardo Galeano; “Rayuela”, de Julio Cortázar; y el “Martín Fierro”, de José Hernández.

Fuente: Lahora.com.ec