Barcos de EE.UU en la costa de Venezuela

060618-N-9389D-154 PACIFIC OCEAN, (June 18, 2006) – United States Navy, Air Force and Marine Corps aircraft fly in formation during a photo exercise (PHOTOEX) for Valiant Shield 2006. The Kitty Hawk Carrier Strike Group is currently participating in Valiant Shield 2006, the largest joint exercise in recent history. Held in the Guam operating area June 19-23, the exercise involves 28 Naval vessels including three carrier strike groups. Nearly 300 aircraft and approximately 22,000 service members from the Navy, Air Force, Marine Corps, and Coast Guard are also participating in the exercise. Official U.S. Navy photo by Photographer’s Mate Airman Benjamin Dennis.
Venezuela vuelve al centro del tablero. No por una elección ni por una negociación, sino por la sombra de los barcos de guerra de Estados Unidos frente a sus costas. La Casa Blanca asegura que es un operativo para frenar el narcotráfico. Pero en la región todos entienden otra lectura. Es más difícil creer que se trata de un simple bloqueo contra carteles que pensar que es una nueva presión contra el gobierno de Nicolás Maduro.
Los discursos oficiales hablan de droga. Las imágenes muestran buques de guerra. El contraste es evidente. Ningún cártel de la región transporta sus cargas en fragatas ni necesita portaaviones para escapar. Sin embargo Washington despliega poder naval a pocos kilómetros de Caracas y lo anuncia como si fuera una cruzada sanitaria.
El operativo no es menor. Involucra naves de alto tonelaje, helicópteros, aviones de reconocimiento y miles de efectivos. Una maquinaria militar que en otras partes del mundo se asocia con guerras abiertas, no con el decomiso de cargamentos ilegales. El mensaje es directo. La justificación es débil.
El detalle curioso es que Washington nunca desplegó tal fuerza frente a Centroamérica pese a que Honduras, Guatemala o El Salvador son rutas claves del narcotráfico. Tampoco frente a México, principal corredor de la droga hacia Estados Unidos. Allá el problema se enfrenta con retenes en las carreteras. Aquí se hace con buques de guerra.
Las cifras tampoco cierran. Los informes de la DEA reconocen que más del 80 por ciento de la cocaína que entra a Estados Unidos lo hace desde Colombia y pasa por México. Venezuela no aparece como el gran epicentro. Sin embargo el despliegue está frente a sus costas. Matemáticas políticas que no cuadran, salvo que el objetivo no sea la droga sino el gobierno que administra Miraflores.
Fuente: pressenza.com