marzo 27, 2026
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A 30 años de la primera soja transgénica: un experimento masivo a cielo abierto

Provocó un punto de inflexión en el modelo productivo de Argentina y fue cabeza de playa para los transgénicos en el Cono Sur. En un trámite exprés, alineado con Estados Unidos y Monsanto, el gobierno de Carlos Menem aprobó la semilla de soja transgénica que en poco tiempo sería monocultivo y, casi, monocultura. Miles de familias desalojadas de sus territorios, millones de hectáreas arrasadas, epidemias de enfermedades vía agrotóxicos y, también, la persistencia de sembrar otro modelo. Tres décadas de modelo transgénico.

Miles de millones de dólares. Es el aspecto que destacan los impulsores del modelo de agronegocio, con la soja transgénica como estandarte. Del otro lado de la balanza: epidemias de enfermedades en territorios fumigados con agrotóxicos, concentración de tierras en pocas manos, desaparición de 83.000 pequeñas y medianas chacras, destierro de miles de familias rurales, ocho millones de hectáreas de bosque nativo arrasados, contaminación de agua, aire y tierra. Y, a pesar de todo, la decisión colectiva de organizarse, exigir justicia, sembrar vida y, en definitiva, construir territorios de dignidad.

Política de Estado

Fue el 25 de marzo de 1996 . En la calle Paseo Colón 982, en la Secretaría de Agricultura, el entonces secretario Felipe Solá firmó la autorización para la comercialización y siembra de la semilla de soja modificada genéticamente de Monsanto. Fue a libro cerrado, con «estudios» de la propia empresa estadounidense y en un trámite exprés: 81 días para una luz verde que iba a impactar en millones de hectáreas y vidas. Fue el primer transgénico aprobado en el Cono Sur (luego entraría ilegalmente a Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia).

Todos los gobiernos, desde Carlos Menem hasta la actualidad, fueron impulsores de ese mismo modelo (agronegocio), que tiene como estandarte a la soja y el uso de agrotóxicos. El más conocido de los venenos, pero no el único, el glifosato.

Las hectáreas con soja pasaron de seis millones en 1996 a las actuales 18 millones, con un pico de 21 millones de hectáreas en el 2015. El uso de agrotóxicos se disparó de forma geométrica: 500 millones de litros, un promedio de 12 litros por persona al año. Las exportaciones se multiplicaron, las camionetas 4X4 se reprodujeron por la Pampa Húmeda, los dólares para «sostener» la economía dependiente llegaban, la inversión en «ladrillos» de chacareros crecía, la monocultura transgénica se instalaba.

Los mayores ganadores:

  • Las grandes empresas de semillas y agrotóxicos. Bayer/Monsanto, Syngenta-ChemChina, Corteva (Dow/DuPont)y BASF.
  • Las corporaciones agroexportadoras: Cofco, Cargill, Bunge, Dreyfus, Viterra y AGD.
  • Sus aliados locales: las autodenominadas «entidades del agro» (Aapresid, Sociedad Rural, CRA, Coninagro, Federación Agraria), grandes medios de comunicación y periodistas adictosciencia hegemónica y extractiva, gobierno de turno (municipales, provinciales, nacionales).

Un punto de quiebre fue 2008, con la ya histórica Resolución 125. Como nunca antes, «el campo» se volvió tema de agenda nacional y discusión pública. De repente, habitantes de ciudades que solo tenían tierra en macetas salieron en defensa de empresarios millonarios con miles de hectáreas en las zonas más caras del país.

El agronegocio salió triunfador de una disputa donde el eje de la discusión fue quién se quedaba con una porción más de la torta, quién capturaba más «renta». Ninguno de los sectores en disputa puso en discusión lo central: el modelo agropecuario.

Fuente: pressenza.com