abril 20, 2026
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Descola: «La antropología puede ser revolucionaria»

El antropólogo francés Philippe Descola sostiene que la crisis ecológica global está vinculada a la forma en que Occidente separó naturaleza y cultura.

“Estudiar otras cosmovisiones —como las de pueblos amazónicos— abre pistas para repensar nuestra relación con el mundo” manifiesta en una reciente entrevista publicada en la revista Pour la Science.

Descola, una de las figuras más influyentes de la antropología contemporánea, sostiene que la disciplina antropológica puede tener un papel decisivo frente a la crisis ecológica actual.

Tras más de cinco décadas de investigación —incluido su trabajo de campo con el pueblo Achuar en la Amazonía ecuatoriana— propone reconsiderar las formas en que las sociedades entienden su relación con los seres humanos y no humanos.

Profesor emérito del Collège de France y autor del influyente libro Más allá de naturaleza y cultura, afirma que la visión dominante en Occidente —que separa radicalmente naturaleza y cultura— es relativamente reciente en la historia humana.

Dicha forma de ver al mundo ha contribuido al desarrollo del capitalismo industrial y a la explotación intensiva del planeta, sostiene Descola.

Cuatro formas de “hacer mundo”

El antropólogo explica que las distintas sociedades organizan su relación con el entorno según cuatro grandes ontologías o formas de comprender el mundo. Estas son:

Animismo: humanos y no humanos comparten una interioridad o espíritu, aunque tengan cuerpos distintos. Es común en muchas sociedades amazónicas.

Totemismo: humanos y otras especies están ligados por una identidad compartida dentro de un mismo grupo.

Naturalismo: propio de la modernidad occidental, separa naturaleza y cultura; todos los seres comparten una misma materia física, pero solo los humanos poseen cultura o interioridad.

Analogismo: el mundo se concibe como una multiplicidad de elementos diferentes conectados mediante correspondencias y analogías.

Según Descola, el naturalismo, dominante en Europa desde la Ilustración, permitió el desarrollo de la ciencia moderna, pero también estableció una relación instrumental con la naturaleza que favoreció su explotación económica.

Aprender de otras cosmologías

El antropólogo considera que estudiar las cosmovisiones de pueblos indígenas permite imaginar formas menos destructivas de relación con el entorno.

En muchas culturas amazónicas, por ejemplo, los animales, plantas o ríos son considerados sujetos con los que se establecen relaciones sociales, lo que limita su explotación indiscriminada.

Su experiencia entre los achuar a finales de los años setenta fue decisiva para llegar a esta conclusión. Allí observó cómo la vida cotidiana —desde la caza hasta la agricultura— se organiza a partir de relaciones simbólicas y sociales con el mundo no humano.

La antropología como herramienta crítica

Para Descola, la antropología tiene una dimensión potencialmente “revolucionaria”, porque demuestra que las formas de organizar el mundo no son universales ni inevitables.

revelar que existen múltiples maneras de entender la relación entre humanos y naturaleza, la disciplina abre la posibilidad de transformarlas.

Esta reflexión es el punto de partida de su reciente libro Politiques du faire-monde(“Políticas de hacer mundo”), donde explora cómo las sociedades crean y organizan sus mundos y qué condiciones permitirían transformarlos.

Repensar el mundo que habitamos

El antropólogo también ha llevado estas ideas al terreno cultural y artístico. Junto con la cineasta Eliza Levy prepara un proyecto teatral y cinematográfico que plantea una pregunta central: “¿Con quién hacemos mundo?”

La interrogante resume su propuesta: para enfrentar la crisis ambiental global no basta con soluciones técnicas o económicas. También es necesario replantear las bases culturales y filosóficas de nuestra relación con los demás seres del planeta.

Fuente: pressenza.com