La fuga de talentos se dirige a China
Y China les da la bienvenida
Por Jerry Grey
Hay tres hechos sorprendentes que he descubierto recientemente.
Están llegando informes, de todas partes, sobre científicos y grandes emprendedores que regresan a China. Incluso estamos viendo casos de científicos estadounidenses, como Charles Lieber, que se trasladan a China después de haber sido condenados en Estados Unidos por recibir pagos procedentes de China; algo que las universidades de todo el mundo llevan haciendo décadas, por no decir siglos: captar financiación, construir laboratorios o desarrollar investigación puntera. En Estados Unidos, gran parte de esa investigación se orienta principalmente a mejorar sus posibilidades de ganar guerras, así que asumen que todos los países funcionan igual que ellos. Debido a ello, ahora ya no solo cancelan los pagos chinos a las universidades, sino que también procesan judicialmente a quienes los aceptan.
Estés donde estés, bienvenido a otra de mis reflexiones sobre China, y esta vez trata sobre el creciente número de chinos que están regresando.
Ya en diciembre observé un informe de la Oficina de Información del Consejo de Estado que señalaba que los estudiantes chinos estaban volviendo a China en cifras nunca vistas: el incremento era del 19 %. Claro, un 19 % por sí solo no dice demasiado, pero las cifras reales son impresionantes. Cerca de medio millón de jóvenes chinos regresaron de sus estudios en el extranjero para vivir, trabajar y contribuir a su país. Fueron 495.000 estudiantes retornados y, en 2025, esa cifra superó en 79.400 personas a la de 2024.
Hace apenas unos días se publicaron los datos de 2025 y son aún más significativos: según el Global Times, citando información del Ministerio de Educación, 535.600 graduados formados en el extranjero regresaron a China en 2025, mientras que el número de estudiantes chinos que salieron al exterior ese mismo año superó los 570.000.
Como fui profesor de estudiantes internacionales durante muchos años, he visto literalmente a miles de jóvenes marcharse al extranjero y acabar en lugares como Canadá, Estados Unidos, Reino Unido o Australia. Algunos fueron a Nueva Zelanda y bastantes a Europa, porque muchas universidades europeas son gratuitas y además imparten clases en inglés. Muchos se quedaron fuera; era algo bastante común. Algunos se casaron, otros encontraron buenos trabajos y algunos hicieron prácticas durante uno o dos años antes de volver. Sin embargo, la inmensa mayoría siempre ha regresado a casa. El número de quienes se quedaron nunca ha sido realmente significativo; simplemente lo parece porque estamos hablando de cantidades enormes.
Desde el inicio de «las políticas de Reforma y Apertura», impulsadas por China a finales de los años setenta, según la Oficina de Información del Consejo de Estado, el 87 % ha regresado al país. Las cifras son significativas. Hasta 2024, un total de 8,88 millones de chinos fueron al extranjero a estudiar. De ellos, 7,43 millones completaron sus estudios y 6,44 millones decidieron volver a China. Eso deja menos de un millón de estudiantes que, en unos cuarenta años, decidieran permanecer viviendo fuera.
Más recientemente, y según la misma fuente, desde 2012 han regresado a China 5,63 millones de estudiantes, lo que representa el 87 % de todos los retornados desde finales de los años setenta. Quizá no todo el mundo relacione una cosa con la otra, pero Xi Jinping llegó a la presidencia justo en 2013, y yo veo este enorme aumento como una muestra del resurgir de la confianza nacional.
En la actualidad estamos viendo, además, cómo muchas de las personas que se habían alargado su estancia fuera, están regresando finalmente a casa. El Ministerio de Educación no publica cifras sobre ello, pero según la Universidad de Stanford, entre 2010 y 2021, casi el 67% de los investigadores chinos abandonaron sus puestos en Estados Unidos y regresaron a China. Stanford señala que la razón principal es la mejora de la financiación para la investigación, aunque también menciona el clima de desconfianza creado por las políticas estadounidenses hacia investigadores y colaboraciones vinculadas con China.
Estamos hablando de personas extremadamente cualificadas, competentes y preparadas para contribuir al desarrollo de China. Si fuera preciso una prueba, tenemos el dato de que China alberga actualmente a los 1.405 investigadores más citados del mundo, casi el triple que en 2018. Eso es lo que hace que toda esta información sea tan relevante.
Así que el talento joven busca educación en el extranjero, pero regresa a casa para poner ese conocimiento al servicio de su país; y científicos e investigadores chinos altamente cualificados están volviendo a China, sobre todo desde Estados Unidos, aunque también desde otros países. Esto es MUY buena noticia para China, pero muy mala para los lugares que están dejando atrás… o quizá debería decir: para los lugares de los que están siendo empujados a marcharse.
El otro hecho sorprendente que descubrí recientemente es que ahora hay muchísimos más estudiantes extranjeros en China de lo que imaginaba, muchos de ellos becados.
La semana pasada estuve en Shenzhen, en un campus compartido por tres universidades distintas: el Instituto Tecnológico de Harbin, la Universidad de Pekín y la Universidad de Tsinghua. Se dio el caso que pasé allí el día, comí en la cafetería universitaria, y es que pude ver la increíble cantidad de estudiantes extranjeros presentes. Hablé con uno de ellos, un ruso, que me contó que se había trasladado desde Xi’an hacía tres años, después de pasar allí un año estudiando, precisamente porque en este campus todo el curso se impartía íntegramente en inglés. También destacó que las tasas universitarias —aun sin tener beca— eran mucho más bajas que en su país o en Europa.
Según las cifras publicadas por el Ministerio de Educación, China matriculó a 380.000 estudiantes internacionales procedentes de 191 países y regiones durante el curso académico 2024-2025. En estos datos y hechos, aparece otra tendencia muy interesante, y es que la mayoría de estos estudiantes proceden de países asiáticos o africanos. En 2019 había unos 11.000 estudiantes estadounidenses en China. Sin embargo, un informe de marzo de 2026, elaborado por la organización sin ánimo de lucro US-China Education Trust, se estima que actualmente menos de 2.000 estudiantes estadounidenses estudian en China cada año.
De nuevo, esta es una tendencia decepcionante y significa que habrá cada vez menos estadounidenses con conocimientos o experiencias reales sobre China. Pero, más importante aún, habrá muy pocos estudiantes formándose en el único país que ahora mismo sobresale en prácticamente todos los campos de investigación. Solo puedo describir esto como una política tremendamente miope por parte de Estados Unidos. El precio que pagarán en oportunidades perdidas y conocimiento desperdiciado quizá tarde una generación en hacerse evidente, pero sin duda perjudicará su progreso.
¿Cuál sería la conclusión de todo lo dicho? Pues que el sistema educativo chino sale beneficiado, la sociedad china también, y todos los países del mundo que envíen a sus jóvenes talentos a China participarán del progreso que China alcance. Los países que aplican políticas de exclusión, penalización y castigo contra China se están pegándose un tiro en el pie… un tiro académico, claro.
Fuente: pressenza.com
