Glifosato for ever: cuando la Comisión Europea se rinde ante Bayer-Monsanto
La lucha por un futuro libre de pesticidas tóxicos ha entrado en una nueva y preocupante fase. Mientras la ciencia acumula pruebas sobre los devastadores efectos del glifosato en la salud y los ecosistemas, la Comisión Europea parece decidida a perpetuar su uso.
Su última maniobra (de la UE) es una propuesta que, según organizaciones como la “Pesticide Action Network Europe” (PAN), permitiría autorizaciones ilimitadas para decenas de pesticidas sintéticos, incluyendo el glifosato, a partir del 1 de enero de 2027 (véase La Red de Acción contra los Plaguicidas alerta sobre 49 plaguicidas que podrían obtener una aprobación ilimitada en la propuesta «ómnibus» de la UE.). El sueño de Bayer-Monsanto, para quien este herbicida es su principal fuente de ingresos, está a punto de hacerse realidad.
La estrategia de la Comisión: autorización eterna y bloqueo judicial
La propuesta «ómnibus» de la Comisión no es un hecho aislado. Representa un asalto frontal a las normativas de seguridad, primando el ahorro económico para la industria sobre la protección de las personas. Se estima que la eliminación de las revisiones periódicas supondría un ahorro de más de 16,8 millones de euros para los fabricantes, con 605.500 euros solo para el glifosato. Como advierte la toxicóloga Pauline Cervan: —«Con autorizaciones ilimitadas y ya no sujetas al procedimiento de renovación, será aún más difícil que la ciencia sea escuchada».
Este peligroso giro se produce después de años de tira y afloja. En noviembre de 2023, la Comisión renovó la autorización del glifosato por otros 10 años, hasta diciembre de 2033, a pesar de la falta de acuerdo entre los Estados miembros (véase “Los Estados miembros no alcanzaron un dictamen, la Comisión afirma que procederá con la aprobación”). Conscientes de que el proceso judicial es lento, las organizaciones ecologistas han denunciado que «los nuevos planes de la Comisión, dictados por el ariete del lobby agroindustrial, avanzan muy rápido», un aviso que hace más necesario que nunca una reacción ciudadana inmediata.
Mientras la Comisión le allana el camino en Europa, Bayer-Monsanto libra una batalla legal y financiera en Estados Unidos. El gigante alemán acumula tres años consecutivos de pérdidas, lastrado por las más de 100.000 demandas que relacionan su herbicida Roundup con el cáncer.
El brazo de hierro de Bayer-Monsanto se manifiesta con dos caras: en EE.UU., donde libra una batalla legal y financiera por las demandas del Roundup; y en Europa, donde la Comisión le allana el camino. Las cifras son escalofriantes: el gigante alemán acumula tres años consecutivos de pérdidas, lastrado por las más de 100.000 demandas que relacionan su herbicida con el cáncer.
Solo en 2025, Bayer registró unas pérdidas netas de 3.620 millones de euros, un 41,8 % más que el año anterior (véase “Bayer pierde 3.620 millones de euros en 2025, un 41,8 % más, por disputas legales en EEUU”). Para tratar de contener la sangría, la empresa ha llegado a un principio de acuerdo para pagar hasta 7.250 millones de dólares a los afectados (véase «Bayer acordó pagar USD 7.250 millones para cerrar miles de demandas por el herbicida Roundup en Estados Unidos»).
En un movimiento sin precedentes, Bayer disparó su gasto en lobbying federal en el primer trimestre de 2026 (véase “La actividad de lobby de Bayer repunta mientras la batalla legal por Roundup llega al Tribunal Supremo.”, y “La Comisión propone autorizaciones ilimitadas a los plaguicidas”), justo antes de que el Tribunal Supremo de EE. UU. escuchara un caso clave que podría eximirle de las demandas estatales por no advertir sobre los riesgos del glifosato. Su objetivo es claro: que la ley federal de etiquetado de pesticidas prevalezca sobre las demandas estatales que buscan proteger a los ciudadanos. Paralelamente, la directiva de la compañía confía en cerrar este «capítulo judicial» en 2026 con un fondo de hasta 7.250 millones de dólares, una confianza que contrasta con la alarma social que genera su producto.
Sin embargo, mientras su balance se desploma al otro lado del Atlántico, en Europa su lobby ha conseguido lo que parecía imposible: que la Comisión impulse una regulación a su medida para perpetuar el negocio. El pulso al sentido común, por ahora, lo está ganando la industria.
A pesar de haber desembolsado más de 10.000 millones de dólares en acuerdos, su estrategia en la UE es doble: presionar a los tribunales y reforzar su lobby para cambiar las reglas del juego (véase “Los litigios sobre su herbicida con glisofato agravan las pérdidas de Bayer”).
Ciencia/Salud vs. Intereses económicos: el creciente caso contra el glifosato
Mientras Bayer insiste en la seguridad de su herbicida, la evidencia científica en su contra es cada vez más abrumadora y difícil de refutar. Ya no se habla solo del linfoma no Hodgkin; hoy, estudios independientes asocian el glifosato a más de veinte patologías crónicas, incluyendo leucemias, cáncer de hígado, tiroides, diabetes tipo 2, e incluso infertilidad. La controversia ha escalado hasta el punto de que una revista científica se ha visto forzada a retractarse de un estudio del año 2000 que respaldaba la seguridad del herbicida, tras demostrarse que estaba influenciado por la propia Monsanto.
Uno de los últimos aldabonazos lo dio el Instituto Ramazzini en junio de 2025. Su estudio, revisado por pares, confirmó los efectos cancerígenos de la exposición al glifosato desde la etapa prenatal, mostrando un 40% de muertes por leucemia en ratas expuestas a niveles considerados «seguros» por la UE. Estos hallazgos han reabierto el debate sobre la fiabilidad del sistema de evaluación de pesticidas europeo, que la Comisión parece dispuesta a ignorar para satisfacer los intereses de la agroindustria (véase “Glifosato: Un estudio reabre el debate sobre su prohibición.”.
FUENTE: pressenza.com
