Sáhara Occidental: la no condena de un crimen
Nada nuevo sorprende cuando volvemos al Sahara Occidental. Aviones marroquíes no tripulados cometiendo sus crímenes en territorio saharaui bajo el silencio de las Naciones Unidas y la complicidad de los aliados de Marruecos. La caída del miembro del Secretariado Nacional del Frente Polisario Lehbib Mohamed Abdelaziz junto con sus compañeros Gali Luchaa y Salec Lehsen, nos recuerda el largo historial de crímenes de la ocupación militar marroquí. Una historia sangrienta que dura medio siglo.
Parece que el mundo de hoy vive un giro sin precedentes. La ausencia de una condena firme de los crímenes de Gaza, el nuevo modelo de guerra preventiva y el fin de las Naciones Unidas como organismo garante del orden internacional están llevando a muchos países a una nueva situación, en la que los saharauis ven sus derechos y victorias en los tribunales internacionales, su estatus de Territorio no Autónomo y su derecho a la autodeterminación, despreciados por los intereses de las potencias coloniales que quieren imponer un nuevo realismo político basado en la fuerza.
Cuando una injusticia es tolerada, el pueblo agredido es silenciado y los que se jactan de los derechos humanos no reconocen la humanidad de la víctima, niegan la agresión. ¿Qué queda entonces de los cimientos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la voz y el llanto de los saharauis, de las décadas de exilio y sufrimiento?
Mis abuelos al igual que los abuelos de muchos saharauis, yacen hoy en un enorme cementerio en un campo de refugiados. Los niños nacen escuchando las historias del mar y los oasis, de las estrellas que brillan sobre las montañas y los valles del Sáhara. En este relato es donde el éxodo se prolonga en la memoria de muchas generaciones. Algunos insisten en deshumanizar al pueblo agredido, dar razones políticas a una ocupación militar que ha negado el derecho a la vida, a la libertad de movimiento, a la palabra y al voto.
Cada vez que escucho a alguien del actual Gobierno de España hablar del Sáhara e ignorar la historia de su pueblo, su larga resistencia, la legitimidad de sus derechos, cuestionar su soberanía e identidad, algo nace en mí, me interpela y me lleva hacia la memoria de mis antepasados, su modo de vida y sus huellas sobre cada duna, en cada montaña.
Los saharauis somos duros como la raíz de una acacia, como el viento cuando arrastra la arena. La paciencia y el tiempo nos han enseñado a vivir en medio de la dificultad, resistir en la adversidad, convertir cada revés en una lección de vida.
La dignidad no se negocia, la memoria de un pueblo es imborrable. No podrán imponernos a la fuerza una solución bajo las bombas de los drones marroquíes. Hoy han caído Lehbib, Gali y Salec. Mañana otros buscaran el camino en la raíz de una acacia, en la lágrima de un niño, en las huellas del espejismo que hace flotar a la tierra.
La injusticia no se puede borrar, tampoco se puede negar el deseo de libertad. Ningún gobernante desde un despacho podrá callar con su silencio la determinación de miles de saharauis.
En la memoria de cada refugiado, de cada exiliado, de cada mujer y hombre, estará siempre la historia del Sáhara y los saharauis. Una historia que nace de las cenizas del sufrimiento y el exilio.
Cada tumba en el destierro nos enseña el camino, nos indica el horizonte hacia los acantilados blancos, hacia el susurro del mar.
Allí en ese lugar es donde el Sáhara termina en el mar, un Sáhara que guarda la memoria de cada ola que busca el silencio de la arena.
FUENTE: pressenza.com
