marzo 26, 2026
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Cómo Estados Unidos se convirtió en un «asesino en serie» internacional

Durante décadas, Estados Unidos pasó como política de Estado de los planes de asesinato encubiertos (de los servicios secretos), a adoptar abiertamente el asesinato o los «ataques selectivos». Ahora, en su guerra con Irán, esa evolución está alcanzando su fase más peligrosa.

Por Medea Benjamin y Nicolas J. S. Davies

El 17 y 18 de marzo, Estados Unidos e Israel asesinaron a tres altos cargos del Gobierno iraní en ataques aéreos selectivos: Alí Lariyani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán; el general de brigada Gholamreza Soleimani, comandante de las fuerzas de seguridad interna Basij de Irán; y Esmaeil Khatib, ministro de Inteligencia iraní.

El misil que mató a Alí Lariyani también demolió un edificio de apartamentos, matando a más de un centenar de personas. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, anunció que las fuerzas israelíes estaban ahora autorizadas a asesinar a cualquier alto cargo iraní siempre que pudieran, y así lo han seguido haciendo, elevando a al menos setenta el número de funcionarios iraníes asesinados en el último año.

El asesinato de Alí Lariyani es un golpe a las ya de por sí escasas posibilidades de una paz negociada entre Irán, Estados Unidos e Israel. Alí Lariyani era un alto cargo experimentado y pragmático, que había desempeñado un papel destacado en las negociaciones con Estados Unidos y otras potencias mundiales desde 2005.

Lariyani se licenció en matemáticas e informática, asistió al venerado seminario de Qom y luchó en la guerra entre Irán e Irak, ascendiendo al rango de general de brigada en el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán. Tras la guerra, dirigió el Servicio Estatal de Radiodifusión iraní. Antes de entrar en la política y el gobierno en 2005, se doctoró en Filosofía Occidental en la Universidad de Teherán y escribió tres libros sobre la filosofía de Immanuel Kant. En 2024, Lariyani escribió un libro sobre filosofía política titulado Razón y tranquilidad en el gobierno.

Si Estados Unidos hubiera querido garantía de paz y restaurar relaciones con Irán, Alí Lariyani habría sido un posible interlocutor para la negociación. La decisión de asesinar a Lariyani a las dos semanas de empezar esta guerra sugiere que los líderes estadounidenses no estaban nada interesados en negociar.

Otra posibilidad es aún más escalofriante. Los líderes israelíes pueden haber considerado a Lariyani un obstáculo para sus planes bélicos: al ser un negociador moderado, representaba una vía hacia la paz, y por eso lo eliminaron deliberadamente para garantizar continuar su escalada bélica.

A ese asesinato le siguió un ataque israelí sin precedentes contra el yacimiento de gas de Pars del Sur, el más grande del mundo y un recurso compartido con Qatar. Irán respondió con ataques con misiles contra infraestructuras energéticas en todo Israel y el Golfo. En Qatar, los daños en la terminal de GNL de Ras Laffan, uno de los centros neurálgicos del gas más críticos del mundo, podrían tardar años en volver a su funcionalidad plena y costar miles de millones de dólares en repararse.

Mientras los mercados energéticos mundiales se tambaleaban, funcionarios estadounidenses confirmaron, a The Wall Street Journal, que el ataque a Pars del Sur había sido coordinado con Washington, contradiciendo las negativas del presidente Trump.

El patrón es inconfundible. Como expresó un analista, Israel parece estar escalando deliberadamente por medio de la eliminación selectiva de los moderados dentro de Irán, al tiempo que ataca infraestructuras críticas, para provocar una guerra regional más amplia que no deje espacio para la desescalada.

Los analistas debaten hasta qué punto Israel está impulsando esta escalada y hasta qué punto los funcionarios estadounidenses están plenamente alineados con ello. Pero una potencia imperial no puede externalizar la responsabilidad. Como rezaba el famoso letrero del escritorio de Harry Truman: “El responsabilidad es ineludible” (The buck stops here).

En su alianza con Israel, Estados Unidos ha normalizado el asesinato sistemático de líderes extranjeros, desde Palestina y Líbano, hasta SiriaYemen; y ahora en Irán. Esto no es nuevo. En 2020, el presidente Trump ordenó el ataque con drones que asesinó al general iraní Qasem Soleimani y al líder iraquí Abu Mahdi al-Muhandis, el número dos de las Fuerzas de Movilización Popular (PMF) de Irak; pese a que se habían unido a las fuerzas estadounidenses para luchar contra el Estado Islámico.

Sin embargo, el asesinato está explícitamente prohibido por la ley estadounidense. La Orden Ejecutiva 12333 establece claramente: «Ninguna persona empleada por el gobierno de los Estados Unidos o que actúe en su nombre participará en, o conspirará para participar en, asesinatos».

Esta prohibición surgió de la investigación del Comité Church sobre los planes de asesinato de Estados Unidos contra Fidel Castro en Cuba, Patrice Lumumba en el Congo, Rafael Trujillo en la República Dominicana, Ngo Dinh Diem en Vietnam del Sur y el general René Schneider en Chile.

También refleja el Derecho Internacional de consolidados en el tiempo, incluidos los Convenios de La Haya y Ginebra.

Después del 11 de septiembre, sin embargo, Estados Unidos ignoró o eludió sistemáticamente muchas de las restricciones del propio Derecho estadounidense e Internacional. Mientras las invasiones y ocupaciones estadounidenses de Afganistán e Irak provocaban una resistencia armada generalizada, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, comenzó a defender lo que llamó «cacerías humanas» (manhunts), para desplegar fuerzas de operaciones especiales estadounidenses para cazar a presuntos líderes de la resistencia y matarlos. Cosa que ya hacían las unidades encubiertas israelíes en la Palestina ocupada.

El general Charles Holland, jefe del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos, se negó a autorizar tales operaciones, pero su retiro en octubre de 2003 permitió a Rumsfeld nombrar a funcionarios más afines a sus ideas, para puestos de alta responsabilidad, y traer a los israelíes para entrenar a escuadrones de la muerte estadounidenses en Israel y Carolina del Norte.

Como reza el dicho «Muerto no habla», casi no ha habido rendición de cuentas por los asesinatos resultantes, que mataron sistemáticamente a miles de civiles en Irak y Afganistán. Dos altos comandantes estadounidenses comentaron al Washington Post que solo alrededor del 50% de las redadas para «matar o capturar», del Comando Conjunto de Operaciones Especiales, tenían como objetivo a las personas o casas «correctas» o deseadas, mientras que los soldados involucrados en estas redadas afirmaron que esa evaluación exageraba enormemente su tasa de éxito.

La guerra con drones aceleró la tendencia. Bajo el presidente Obama, los ataques se multiplicaron por diez, convirtiendo el asesinato selectivo en un pilar central de la política estadounidense. En 2011, las redadas nocturnas en Afganistán sumaban por centenares cada mes, deshumanizando al pueblo afgano y asegurando finalmente la derrota de la ocupación estadounidense y el retorno de los talibanes.

Ahora, las fuerzas estadounidenses e israelíes están utilizando ataques aéreos o bien con drones, para asesinar a líderes iraníes y matar civiles en Palestina, Líbano e Irán. El lenguaje de la contención ha desaparecido. Se ha reemplazado por la celebración abierta de la «letalidad» y las amenazas de nuevos crímenes de guerra.

Lo que antes era encubierto, controvertido y limitado, ahora en cambio abierto, normalizado y defendido abiertamente.

El efecto acumulativo es contundente: Estados Unidos ha convertido el asesinato y la ejecución extrajudicial en instrumentos rutinarios de su política. Hace de la violación de la Carta de la ONU, los Convenios de La Haya y Ginebra y sus propias leyes una práctica sistemática, mientras por otra parte proclama defender el orden jurídico internacional que en realidad esta socavando.

Mientras tanto, está surgiendo un mundo multipolar, impulsado en gran medida por las naciones del Sur Global. Pero la transición hacia un mundo pacífico y sostenible está lejos de ser segura. El mayor obstáculo en su camino es la continua dependencia de Estados Unidos del uso ilegal de la amenaza, la fuerza militar y la coerción económica, para tratar de mantener su propio dominio.

Irán ejerció la moderación durante décadas frente a acusaciones falsas sobre armas nucleares, sanciones económicas de «máxima presión», crecientes amenazas y ataques por parte de Estados Unidos e Israel. Construyó silenciosamente sus defensas y estrategias militares para el día en que las necesitara, y ese día ha llegado.

El fracaso de la Comunidad Internacional para detener las sucesivas guerras de agresión de Estados Unidos supone una amenaza existencial para la Carta de la ONU y, en general, el orden construido con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial. Como advirtió el presidente colombiano Gustavo Petro en la Cumbre de la CELAC el 21 de marzo: «Cuanto más graves se vuelven los problemas de la Humanidad, menos herramientas tenemos para la acción colectiva. Y ese camino solo conduce a la barbarie».

Estados Unidos se enfrenta ahora a una disyuntiva: continuar por este camino de violencia ilegal, o pasar página de la vida de crimen internacional de nuestra nación y finalmente, de verdad, abrazar la diplomacia y la coexistencia pacífica con nuestros vecinos, como exige la Carta de la ONU.

Para los estadounidenses, y para el mundo, esa elección se está convirtiendo en una cuestión de supervivencia.


Medea Benjamin y Nicolas J. S. Davies son los autores de War In Ukraine: Making Sense of a Senseless Conflict, ahora en una segunda edición revisada y actualizada.

Medea Benjamin es cofundadora de CODEPINK for Peace y autora de varios libros, entre ellos Inside Iran: The Real History and Politics of the Islamic Republic of Iran.

Nicolas J. S. Davies es un periodista independiente, investigador de CODEPINK y autor de Blood on Our Hands: The American Invasion and Destruction of Iraq.

Fuente: pressenza.com