SOCIALISMO: ¡ORGULLOSAMENTE SOCIALISTA!, Pedro Pierre
Con relación a Venezuela, el papa León 14 ha sido muy claro, por una parte, en su condena a la intervención militar norteamericana y, por otra, con relación al respeto a la forma de gobierno elegido por el pueblo venezolano: «Que nadie se vea tentado a imponerse a los demás mediante la mentalidad de la fuerza, ya sea verbal, física o militar… Renuevo mi llamamiento para que se respete la voluntad del pueblo venezolano y se trabaje por la protección de los derechos humanos y civiles de todos y por la construcción de un futuro de estabilidad y concordia”.
El pueblo venezolano ha decidido democráticamente organizarse mediante la ideología socialista. Esta opción no es del gusto de los gobiernos que ha elegido la ideología capitalista neoliberal, de Estados Unidos, América Latina y la Unión Europea, particularmente. Sus medios de comunicación califican al presidente Nicolás Maduro de dictador, contra la declaración de representantes de la ONU (Organización de las Naciones Unidos) y de la Unión Europea que reconocía la legalidad de su elección nacional de enero de 2025.
Habría que preguntarse ‘quiénes, actualmente, están en mejores condiciones de vida: los ecuatorianos o los venezolanos’… En los últimos años el crecimiento de Venezuela ha sido superior a 8%, mientras que en Ecuador ni llegamos al 1% con condiciones desastrosas de violencia -¡campeones latinoamericanos en asesinatos!-, desempleo, educación, salud, carreteras, emigración, exportación de drogas… Y nos preguntamos si habremos llegado al tope de desgracias del actual modelo neoliberal o todavía ‘no hemos tocado fondo.
El sistema capitalista neoliberal está al origen de estos males. Cambiará cuando lo iremos sustituyendo por el socialismo humanista que nos merecemos a partir de nuestra historia y realidad latinoamericanas. Primero empecemos a entender lo que es el socialismo y lo que nos puede aportar… porque la cuestión no es que algunos van a resolver nuestros problemas tal como lo hemos ido haciendo hasta aquí, sino tiene que ser un empoderamiento nacional de lo que queremos alcanzar para vivir digna, justa y fraternalmente. Los parches ya no sirven; se trata de levantar una gran minga nacional que nos cambie y cambie el país a partir de las cosmovisiones indígena y negra, a partir de las experiencias progresistas que hemos tenido, a partir del protagonismo de las mujeres y la pujanza de los jóvenes. Los cristianos aportaremos nuestra parte como siempre lo hemos hecho en los cambios revolucionarios de América Latina.
Comencemos con lo que escribieron los obispos nicaragüenses después del triunfo de la guerrilla sandinista en 1979 cuando empezaban a organizar el país a partir del socialismo. Exactamente 4 meses después, en noviembre del mismo año, escribieron lo siguiente para apoyar y orientar a los cristianos en el proyecto socialista en marcha.
“Creemos que esta palabra puede ser un servicio al pueblo de Dios, animándolo en su compromiso y ayudándolo a discernir lo que es obra del Espíritu Santo en el proceso revolucionario…
Si socialismo significa, como debe significar, preeminencia de los intereses de la mayoría de los nicaragüenses y un modelo de economía planificada nacionalmente, solidaria y progresivamente participativa, nada tenemos que objetar.
Un proyecto social que garantice el destino común de los bienes y recursos del país y permita que, sobre esta base de satisfacción de las necesidades fundamentales de todos, vaya progresando la calidad humana de la vida, nos parece justo.
Si socialismo implica una creciente disminución de las injusticias y de las tradicionales desigualdades entre las ciudades y el campo, entre la remuneración del trabajo intelectual y del manual;
si significa participación del trabajador en los productos de su trabajo, superando la alienación económica, nada hay en el cristianismo que implique contradicción con este proceso.
Si socialismo supone poder ejercido desde la perspectiva de las grandes mayorías y compartido crecientemente por el pueblo organizado, de modo que vaya hacia una verdadera transferencia del poder hacia las clases populares, de nuevo no encontrará en la fe sino motivación y apoyo.
Si el socialismo lleva a procesos culturales que despierten la dignidad de nuestras masas y les comunique el coraje para asumir responsabilidades y exigir sus derechos, se trata de una humanización convergente con la dignidad humana que proclama nuestra fe…”
Después de perderle un poco el miedo al socialismo, démosle color latinoamericano y ecuatoriano. Desde 1994 los Indígenas, a través de su brazo político Pachakutik, tienen su plan de gobierno basado en el Bien Vivir y Convivir que inspiró la Constitución del 2008 aprobado por 64% de los ecuatorianos. Los Negros, por sus raíces africanas, pueden aportarnos mucho con su sabiduría del “Ubuntú”. Esta sabiduría se resume en la frase siguiente: “Soy yo cuando eres tú y cuando somos nosotros”, es decir, ‘solamente podemos ser plenamente humanos si nos ayudamos a serlo juntos’. El individualismo y la competencia feroz, tan característicos del capitalismo neoliberal, nos destruyen silenciosamente desde el interior de nosotros mismos y destruyen irremediablemente nuestras relaciones. Somos todos una misma sangre: mestizos, indígenas y negros, y todos tenemos el mismo destino a construir mancomunadamente: ‘¡O nos salvamos juntos o nos perdemos todos!” Sólo juntos podemos salir adelante como personas y como país.
El socialismo será la base que recoge toda esta historia, riqueza, sabiduría y realidad nuestra. Las mujeres ya están en esta dinámica. Los jóvenes sueñan, a pesar de la presión de sus celulares, en una ‘Generación Z’ que priorice la fraternidad y la justicia. Los cristianos, unidos en Comunidades vivas, trabajamos por hacer realidad los valores del Reino: Construir desde los pobres organizados la libertad colectiva y la equidad común integrando la dimensión trascendental del cosmos y del ser humano.
Este año 2026 será nuevo y mejor si así lo decidimos. Es ese el desafío que se nos presenta: O seguimos hundiéndonos o nos unimos para emprender un camino de superación y dignidad que tenga el color de nuestra piel, una piel multicolor y multicultural. El futuro es nuestro si lo hacemos con nuestras manos unidas y nuestros corazones juntados: humanista, socialista, cristiano, mestizo, indígena y negro, multicolor y multiculturalmente nuestro.
