Tracce y la regeneración de Taranto desde abajo, más allá de la ex Ilva
Hay una ciudad que intenta regenerarse desde abajo. Lo hace gracias a visionarios y profesionales de alto nivel, a ciudadanos activos –y reactivos– y a universidades valientes, capaces de mirar lejos y de invertir en personas y energías en una visión compartida. Así es como la ciudadanía activa se convierte en el verdadero motor de un cambio que ni la política ni la clase dirigente de un país viejo, desgastado y fatigado han logrado poner en marcha, demasiado ocupadas persiguiendo los dictados de las finanzas en lugar de las demandas de las comunidades.
Ese país aparece viejo y cansado exactamente como la fábrica que lo representa de forma plástica: un armatoste remendado, convertido en el tormento de toda una comunidad –la tarantina– que desde hace años pide un giro ecológico capaz de mantener juntos salud y trabajo.
Trabajo… Porque, según la perspectíva de quienes observan los acontecimientos jónicos desde lejos, en Taranto el derecho a la salud –primero e inalienable– debería conjugarse, por axioma, con un solo tipo de trabajo: el del “establecimiento” (la siderúrgica era conocida así en la ciudad de los dos mares, antes de convertirse en “el monstruo”), como si no pudieran existir otras formas de empleo más que aquellas que producen acero, junto con enfermedades y dolor, en un territorio ya exhausto.
A todo esto –como una cantinela empalagosa– el país viejo, desgastado y fatigado ha respondido sin liberarse nunca de sus telarañas mentales: “¡Sois la ciudad de los no!”
Y sin embargo, frente a esta narrativa falsa y simplificadora, la parte más viva y consciente de Taranto ya había respondido con una propuesta concreta: el Plan Taranto. Un plan que decía muchos “sí” y que constituía la base para el único acuerdo de programa aceptable: sí a un nuevo modelo de ciudad, sí al respeto del medio ambiente, sí a las descontaminaciones, sí a un trabajo que no mata, dentro y fuera de la fábrica.
A ocho años de distancia, ese plan ha sido repensado y actualizado a la luz del tiempo transcurrido y de aquello en que Taranto se ha convertido mientras tanto. Así nació Tracce, acrónimo de Taranto regenerada a través de cultura, comunidad y ecología.
Fuente: pressenza.com
