Trump detiene políticas ambientales: El peligro de la ignorancia brutal en el poder
La Casa Blanca anuncia la revocación del hallazgo científico que durante más de quince años sustentó la regulación climática en Estados Unidos. La decisión desmantela el andamiaje legal de la política federal contra el calentamiento global y reabre un debate que parecía jurídicamente cerrado desde 2009.
La administración de Donald Trump ha confirmado que revocará el llamado “endangerment finding”, la determinación adoptada en 2009 por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) que estableció que los gases de efecto invernadero ponen en peligro la salud pública y el bienestar humano. Esa conclusión científica permitió regular las emisiones de dióxido de carbono y otros gases bajo la Ley de Aire Limpio, convirtiéndose en la piedra angular de la política climática federal estadounidense.
La medida no es un ajuste técnico ni una corrección administrativa. Es un movimiento estructural que elimina la base legal que ha permitido durante más de una década imponer límites de emisiones a vehículos, centrales eléctricas y grandes instalaciones industriales. Su alcance es sistémico: al desaparecer el fundamento jurídico, desaparece la obligación regulatoria.
El origen del andamiaje
En 2007, la Corte Suprema de Estados Unidos, en el caso Massachusetts v. EPA, determinó que los gases de efecto invernadero pueden considerarse contaminantes bajo la Ley de Aire Limpio si representan un peligro para la salud pública. Dos años más tarde, la EPA concluyó que ese peligro existía. El llamado endangerment finding no fue un acto ideológico, sino el resultado de una revisión exhaustiva de literatura científica, informes de academias nacionales y evidencia acumulada sobre el calentamiento global antropogénico.
Desde entonces, toda regulación climática federal ha descansado sobre esa premisa: si los gases de efecto invernadero amenazan la salud y el bienestar, el Estado tiene autoridad para regularlos.
La revocación anunciada por la actual administración rompe esa lógica. No introduce una nueva evidencia científica que desmienta el consenso climático. Lo que hace es desplazar la autoridad regulatoria al cuestionar el propio diagnóstico institucional del riesgo.
Implicaciones científicas: la erosión institucional
El consenso científico internacional sobre el cambio climático no depende de un decreto estadounidense. Sin embargo, el reconocimiento formal del riesgo por parte de la principal autoridad ambiental del país más poderoso del mundo tenía un peso político y epistemológico considerable.
Revocar ese reconocimiento envía una señal institucional: el Estado federal deja de asumir oficialmente que las emisiones de gases de efecto invernadero constituyen una amenaza a la salud pública. En términos prácticos, esto no altera la física atmosférica, pero sí debilita el vínculo entre ciencia y política pública.
Cuando el aparato regulatorio se desentiende del consenso científico, no solo cambia la norma: se altera la arquitectura de producción y uso del conocimiento. Se reduce la capacidad institucional para monitorear emisiones, planificar mitigaciones y sostener evaluaciones nacionales del clima con respaldo normativo fuerte. La ciencia deja de ser el fundamento de la acción estatal y pasa a ser un insumo prescindible.
Sector automotriz: la desaceleración inducida
El sector automotor fue uno de los principales motores de la regulación climática federal. Los estándares de eficiencia y límites de emisiones obligaron a los fabricantes a invertir en electrificación, baterías y tecnologías híbridas.
Sin el endangerment finding, la EPA pierde la base legal para exigir límites de CO₂. La consecuencia inmediata es una reducción de la presión regulatoria federal sobre fabricantes. Esto puede traducirse en una desaceleración del ritmo de electrificación, mayor producción de motores de combustión interna y menor obligación de eficiencia.
No obstante, el mercado no es homogéneo. Estados como California mantienen sus propias normas, y muchos fabricantes operan globalmente bajo estándares europeos o asiáticos más estrictos. El resultado probable no es una vuelta masiva al pasado, sino una fragmentación regulatoria interna y una mayor incertidumbre estratégica.
La señal política, sin embargo, es clara: el gobierno federal deja de impulsar estructuralmente la transición energética en el transporte.
Carbón y generación eléctrica: el alivio normativo
En el sector eléctrico, el impacto es igualmente significativo. Las centrales a carbón han sido objeto de regulaciones orientadas a reducir emisiones de dióxido de carbono o a incentivar tecnologías de captura.
Al eliminar la base regulatoria climática, se reduce la capacidad federal para imponer límites de CO₂ a plantas termoeléctricas. Esto podría prolongar la vida útil de centrales existentes y disminuir la presión para adoptar tecnologías más limpias.
Sin embargo, el carbón enfrenta una realidad económica adversa. El gas natural, la energía solar y la eólica han reducido costos de forma sustancial. Aunque la desregulación elimina obstáculos legales, no modifica automáticamente las fuerzas de mercado. El resultado puede ser una supervivencia regulatoria del carbón, pero no necesariamente su resurgimiento económico pleno.
Salud pública y externalidades
El aumento o la prolongación de emisiones tiene implicaciones concretas. Más dióxido de carbono implica mayor contribución al calentamiento global. Pero en el caso del carbón, también implica mayores emisiones de contaminantes asociados como partículas finas, dióxido de azufre y mercurio.
Fuente: pressenza.com
