Ucrania: ¡alto el fuego!
No siento ninguna simpatía por el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, al contrario… pero, como dice el viejo refrán: —«hasta un reloj parado acierta dos veces al día», —así que, que nadie se ofenda, si digo y con toda honestidad; que estoy de acuerdo con lo que escribe en su carta a Putin. Porque considero que su propuesta de paz es seria y motivada y creo que desperdiciar esta oportunidad, significaría condenar a muerte a decenas de miles de jóvenes ucranianos y rusos más. Para luego llegar, en el mejor de los casos dentro de unos meses, o dentro de unos años de guerra, a las mismas conclusiones que se proponen hoy.
Entendámonos. Considero al presidente Zelenski uno de los “señores de la guerra”, lo mismo que Putin, claro, pero también Biden, Ursula von der Leyen, Boris Johnson, Jens Stoltenberg, Mark Rutte, Olaf Scholz, Friedrich Merz, Emmanuel Macron, Mario Draghi, Giorgia Meloni y toda esa compañía.
La guerra en Ucrania, por cierto, no empezó en 2022 sino en 2014, como una guerra civil por el control del Donbás. Una guerra donde Occidente apoyaba a Ucrania y a sus gobiernos, mientras que la Federación Rusa respaldaba a las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk (que ahora, por cierto, están anexionadas de pleno derecho a la Federación Rusa, junto con Crimea, o sea, cerca del 20% del territorio ucraniano).
El conflicto actual, que los ucranianos llaman —«guerra a gran escala»; y que Putin se empeña en llamar —«operación militar especial de desnazificación»; empezó realmente el 24 de febrero de 2022 y es la continuación de la guerra en el Donbás, un tumor maligno que en Europa nadie supo ni quiso extirpar de verdad.
¿Y por qué creo que la carta que el presidente Zelenski le ha enviado a su colega Putin, y que contiene una propuesta de paz, hay que tomársela en serio?
Zelenski fue elegido en segunda vuelta contra el oligarca y expresidente Petró Poroshenko, que apoyaba y había practicado políticas ultranacionalistas, promoviendo el ucraniano como única lengua del Estado. En consecuencia, un problema, al prohibir el ruso que era/es la lengua materna de al menos el 30% de la población. Además, Poroshenko había querido rehabilitar, cuando no directamente proclamar como héroes de la patria, a todos los combatientes que se habían opuesto al Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. Aquello glorificaba así y a menudo y con gusto, la lucha del lado de los nazis alemanes y cometiendo atrocidades contra judíos, gitanos y polacos que vivían en los territorios bajo su control.
Zelenski, durante la campaña electoral, en cambio, decía defender el pleno respeto a la lengua y cultura rusas, declarando que él mismo era de lengua materna rusa y dando mítines en ruso en las regiones orientales. Prometió trabajar por la paz con Rusia, respetando los acuerdos de Minsk, y luchar contra la corrupción.
Quienes le votaron lo hicieron por esas razones; que luego él haya sido fiel a esos compromisos adquiridos con el pueblo ya es otro cantar.
El presidente Zelenski sabe que su popularidad se ha hundido por tres razones de fondo: las investigaciones anticorrupción que han llegado a rozarle a él mismo; la discriminación contra los rusos de Ucrania, que han sufrido duramente esa rusofobia que no ha dejado de demonizar su historia y su cultura (piensen, por ejemplo, en la retirada de la estatua de la zarina Catalina la Grande de una plaza de Odesa, una ciudad que debe su existencia a ella); y la guerra en sí misma; que él ha querido alargar, rechazando las propuestas iniciales de paz rusas, esperando que con la ayuda de la OTAN, Ucrania obtuviera la victoria militar y por tanto la reconquista de los territorios perdidos en 2014.
Un amplio movimiento de base espontáneo, formado sobre todo por jóvenes que se autoconvocaron a través de las redes sociales, salió a la calle en julio de 2025 —algo muy raro en un país en guerra, …, para protestar contra la Ley que quería poner bajo control del gobierno los dos principales organismos anticorrupción. Un movimiento que se posicionó contra el Parlamento, el Gobierno y el presidente, que entonces se vieron obligados a derogar la dichosa ley a toda prisa.
Además, la gente corriente está harta de la guerra y quiere el alto el fuego y negociaciones para una paz justa.
También en este segundo caso la protesta crece, con grandes movilizaciones contra otra Ley, aprobada por el Parlamento, para declarar “por muertos en guerra” a más de 90.000 desaparecidos. Sin más…
Los manifestantes con los que hablé cerca de Maidán Nezalezhnosti (la Plaza de la Independencia de Kiev) son los familiares de los soldados (es decir, de “los desaparecidos”). Sería más justo decir las manifestantes, porque en un 90% son mujeres: madres, esposas, hermanas y novias reunidas desde abajo contra la ley que, sin pruebas en la mano, quiere destruir su esperanza de poder abrazar algún día vivos a sus seres queridos.
Estas mujeres valientes piden un alto el fuego permanente, el intercambio de prisioneros o de cadáveres. Quieren, en definitiva, la verdad sobre lo que les ha pasado a los suyos, los quieren de vuelta vivos, pero si realmente han muerto exigen un cuerpo para darle digna sepultura.
También en este caso se trata de un movimiento que va tomando cada vez más un cariz político de crítica hacia el presidente, el Gobierno y el Parlamento.
Zelenski se mueve ahora en dos direcciones opuestas. Por un lado, sigue halagando a las fuerzas más extremistas, neofascistas y neonazis, rehabilitando a sus héroes, empezando por el nacionalista supremacista Stepán Bandera. Mientras que por otro, se ve obligado a hacer propuestas de paz creíbles, sabiendo que sale ganando tanto si las aceptan —lo que le permitiría tener un papel en el proceso de paz—, como si Moscú las rechaza, porque así justifica ante la población la guerra, vista como la única alternativa a la capitulación.
Zelenski tiene razón cuando pide un alto el fuego inmediato, que se prolongue durante todo el tiempo necesario para las negociaciones de paz; al mismo tiempo, me parece exagerada la exigencia tajante de Moscú de asumir el control de todo el Donbás, o sea de esos territorios que los ucranianos han defendido con uñas y dientes hasta hoy, como condición previa a cualquier negociación.
No se me enfaden, lectores, pero en este momento es Putin quien frena una posibilidad realista de paz. Es decir, congelar la guerra sobre la línea actual del frente. Por otro lado, hay varias potencias europeas —Alemania, Reino Unido, junto con Polonia y los países bálticos— que siguen echando gasolina al fuego.
Mientras tanto, el movimiento contra la guerra en Europa y en el mundo, que ha dado lugar a manifestaciones enormes contra el genocidio en Palestina, pero se ha movilizado (en verdad mucho menos) contra la agresión de Estados Unidos a Venezuela; contra la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán y el Líbano; y, al mismo tiempo, en apoyo de las Flotillas del Mar, la Freedom y la Sumud; así como de la Caravana de Ayuda por Tierra, bloqueada por los libios, y ahora en defensa de Cuba independiente y socialista… Pues ese movimiento, en el tema de Ucrania, duerme un sueño profundo, a pesar de que nosotros, los europeos y los italianos, alimentamos esta guerra proporcionando ayuda militar cara … y muy cara.
Hay gente que, para movilizarse contra una guerra, necesita saber quiénes son los buenos y quiénes los malos; pero, a menudo, en una guerra no hay tal bando bueno; basta pensar en la Primera Guerra Mundial, por ejemplo.
Así que es hora de salir a la calle también contra la guerra en Ucrania, contra quienes la provocaron, contra quienes violaron el Derecho Internacional con una agresión, contra quienes la alimentaron y contra quienes, una y otra vez, han saboteado las negociaciones de paz.
El movimiento por la paz es el único sujeto que puede imponer, a través de sus gobiernos, a las partes en conflicto un alto el fuego inmediato. Mejor dicho, deberíamos decir o gritar —»paremos nosotros mismos el fuego», porque nuestro Gobierno y la Unión Europea en su conjunto, con unas pocas y valientes excepciones, alimentan este foco de guerra, esta horrible e inútil carnicería (que, eso en verdad, además de una fuente de beneficios incalculables para una pequeña minoría de oligarcas, capitalistas y políticos corruptos). Juegan con el fuego y hacen que esta guerra sea cada día más peligrosa para todos.
FUENTE: pressenza.com
