ENFRENTAR LA ORGANIZACIÓN SOCIAL DE NUESTRO PAÍS, Pedro Pierre
He aquí el resumen de un taller sobre ‘Fe y Política’ que me dieron en el año 1977 unos amigos militantes de la Acción Católica Obrera (ACO) de Venezuela. Este taller duró 5 noches y siguió acompañándome desde 50 años. Era para entender cómo funciona la sociedad afín de poder incidir en ella a partir de los valores del Reino. Le he puesto el título de “Taller del Árbol del Reino” o “Taller del Árbol de la Vida”. Me ha ayudado mucho en entender y llevar adelante el compromiso político de la fe y lo sigo presentando de vez en cuando.
A continuación, está un resumen de sus 5 temáticas y una conclusión esperanzadora. He aquí las 6 temáticas para entender y enfrentar la organización social de nuestro país. ¡Se las recomiendo!
- Revitalizar el contrato social
- La economía es nuestra responsabilidad
- La política es la organización del convivir
- La sabiduría habita en todos
- La espiritualidad es nuestra fuerza invencible
Conclusión: ‘¡Alzad la mirada!’
Les deseo una buena lectura y ánimo para mejorar la situación bastante caótica de nuestro país.
- REVITALIZAR EL CONTRATO SOCIAL
Todo grupo y toda sociedad necesitan de acuerdos mínimos para poder existir y vivir en armonía. Estos acuerdos contienen los deberes y los derechos que corresponden a las y los participantes. Por eso en una sociedad la vigencia de estos deberes y derechos conforman el “estado de derechos”. Desde 9 años estamos destruyendo este ‘estado de derecho’ tanto por los deberes que no cumplimos como por los derechos que se nos van quitando desde los gobiernos. Hemos entrado en una dictadura por las actitudes irrespetuosas de nuestros derechos por parte del presidente y porque la gran mayoría de los ecuatorianos nos hacemos cómplices de esta situación. El contrato social que nos organizaba está roto. Vamos a ir de mal en peor hasta que reaccionemos como país hasta revalidarlo. Se trata de revitalizarlo para el bien de nuestro país y de nuestras familias mediante la decisión de cumplirlo, defenderlo y emprender una nueva organización familiar y social. Mientras no lo hagamos, vamos a ir de mal en peor.
Para regresar a una convivencia civilizada debemos confirmar las bases de esta nueva organización social. He aquí un esquema que nos ayuda a entender cuáles son los criterios mínimos de toda organización social, que sea la familia, el barrio o la sociedad. Partiremos de una gráfica que llamamos “el Árbol de la vida”. Los cristianos lo llamamos “el Árbol del Reino”. Veamos.
El punto de partida, lo llamaremos “la Fuente” o Dios, es decir esta “Energía” que está al origen de todo y nos mantiene en existencia. Esta ‘Fuente’ está compuesta de 3 elementos básicos que sustentan y producen todo lo que existe. Los reconocemos con “vida, amor y comunidad” porque son los componentes del universo y de cada uno de nosotros los humanos y de todo lo que existe.
Esta dinámica se transforma en un proyecto de “armonía” que forma el cosmos del cual participamos todas y todos. Podemos llamarla “Ecología” global que debemos respetar, lo que va más allá de “no destruirla”. Se trata de cuidarla y fomentarla de muchas maneras. Todo esto es la “Espiritualidad” que habita el universo y está viva en todos nosotros y nosotras.
Esta dinámica se desarrolla en 3 dimensiones: la naturaleza, la humanidad y la sabiduría. La “Naturaleza” está conformada por el conjunto de los 4 elementos de nuestro planeta (tierra, aire, agua y fuego) de los cuales nacen primero los vegetales y los animales. Son los “Bienes” que necesitamos para vivir y convivir. Esto supone una organización en torno al repartir para la satisfacción de las necesidades que todos. Esto se llama nada menos que la “Economía” que se encarga del compartir equitativo. Cuando falla la ‘economía’ aparece la “acumulación” por parte de pequeños grupos, se destruye la convivencia armoniosa provocando desigualdades y violencias.
El segundo elemento básico de la armonía global es la “Humanidad”, o sea, el conjunto de los humanos que nos necesitamos los unos a los otros para sobrevivir y crecer. Aquí, el proyecto es “cohabitar”, es decir, controlar el poder bajo sus distintas expresiones para desterrar la “dominación”, opresión y represión… Esto es el arte de la “Política” en la que estamos todos implicados. Si nos quedamos indiferentes, colaboramos en la multiplicación de relaciones destructoras.
El tercero elemento básico de esta armonía global es la participación consciente a la ‘Energía’ que nos habita y que se transforma en “Sabiduría”, es decir en el arte de vivir, convivir y “expresarnos” individual, colectiva y creativamente. De ahí surgen ideas, proyectos e “ideologías” para organizar la política, la economía y la espiritualidad. Cuando falla la sabiduría, usamos nuestra capacidad de crear vida y amor para engañarnos, mentir y distorsionar la verdad.
Hemos descubrimos que tenemos 4 objetivos a dinamizar: espiritualidad, sabiduría, economía y política. La espiritualidad fomenta el respeto a un orden cósmico hecho de vida, amor y comunidad que se encarna en sabiduría. Esta se traduce en un convivir armonioso -la política- en nuestras relaciones humanas. La política orienta el compartir equitativo -la economía- de los bienes y servicios que resuelven nuestras necesidades. De esta manera ejercemos la sabiduría que todos abrigamos, porque todos hemos recibidos sus capacidades espirituales, políticas y económicas. El desorden viene de la destrucción de la vida, del amor y de la comunidad mediante la dominación sobre los demás, la acumulación de bienes, el rechazo a la verdad y el desconocimiento de la espiritualidad íntima de cada uno.
Todo esto es el sueño del cosmos -nuestro sueño-: el impulso de la energía primera, la dinámica de la fuente vital que todo lo mueve… si sabemos a abrirnos a todas nuestras capacidades y posibilidades. “Vida, amor y comunidad”: ese es el llamado que nos acompaña y fortalece siempre, porque eso somos cada una y cada uno de nosotros. La Biblia nos lo describe en sus primeras páginas y nos dice: “Pongo delante de ti la vida y la muerte… Te invito a elegir la vida” (Deuteronomio 30,15-20)
Animémonos los unos a los otros a hacer poco a poco realidad el mensaje de este “Árbol de la vida” para nuestro bien individual y nuestro convivir nacional que tanto lo necesitan. Eso es el contrato social que necesitamos urgentemente.
- LA ECONOMÍA ES NUESTRA PRÁCTICA Y RESPONSABILIDAD
Muchas veces pensamos que “la economía” es un asunto de especialistas, cuando la que mejor maneja la economía es nuestra mamá, para que la comida alcance a todos. Pues, en su esencia, la economía es la organización del compartir equitativo, tal como lo logran las amas de casa afín que la comida alcance para todos. También hacemos ‘economía’ todos los que nos toca responsabilizarnos de los bienes materiales que nos pertenecen, pertenecen a nuestra familia o son los bienes comunes a todos los ciudadanos de un país.
La ‘economía’ abarca la producción y extracción de bienes, su transformación, su comercio y su repartición… o acumulación. La economía no es primero el dinero. No hay dinero si no hay producción de bienes que comprar o vender. Y no hay bienes sino hay trabajadores que los producen. Las y los trabajadores son los primeros creadores de la economía. Así que la economía es nuestra práctica primera para poder vivir, comer, construir, producir bienes que luego son comercializados. Es el comercio que necesita y produce el dinero.
Los ricos lo entendieron muy bien porque fueron los que acapararon la tierra, las herramientas, las fábricas, las armas, la propiedad privada, la tecnología… y ahora la inteligencia artificial para controlar la producción y almacenamiento de bienes. Conformaron la clase de los acaparadores de la propiedad y del capital o del conjunto de bienes y propiedades. Así nacieron los no propietarios que pasaron a ser los trabajadores explotados, oprimidos, marginados y desposeídos de los frutos de su trabajo. Luego siguió la explotación de la naturaleza, el saqueo de las materias primas y la destrucción del medio ambiente. Esas son las primeras violencias de la economía concebida como acumulación a costa de los trabajadores.
Por eso el papa Francisco habló de manera particularmente dura en su Carta encíclica “La Alegría del Evangelio: “Hoy tenemos que decir ‘no’ a una economía de exclusión e inequidad. Esa economía mata… ¡No a una economía de la exclusión! (53-54). ¡No a la nueva idolatría del dinero! (55-56). ¡No a un dinero que gobierna en vez de servir! (57-58). ¡No a la inequidad que genera violencia! (59-60)… Hoy todo entra en el juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil”.
A sus inicios el Pueblo de Jesús hizo una experiencia positiva de la economía. Después de dejar la esclavitud de Egipto y emprender la travesía del desierto del Sinaí, experimentó la escasez de comida. Fue con el “maná’, pequeños granos o ‘pan del desierto’: “Que cada uno recoja solo cuanto necesite para comer él y la gente de su tienda… Ni los que recogieron mucho tenían más, ni los que recogieron poco tenían menos. Cada uno tenía lo necesario para su consumo” (Éxodo 16,14-21. Esta experiencia del compartir equitativo fue la ‘regla de oro’ de su organización económica… En la Biblia, el sabio Sirácides la explicita: “El pan que mendigan es la vida de los pobres; el que se lo quita es un asesino. Mata a su próximo el que le quita los medios para sobrevivir; retener el salario de un trabajador es lo mismo que derramar su sangre” (34,21-22). Y los primeros cristianos también practicaron esta regla de oro : “Se repartían todo cuanto tenían según la necesidad de cada uno. No había entre ellos ningún necesitado” (Hechos 2,44 y 4,34).
Las conclusiones son claras: Por una parte, sí se puede superar las desigualdades entre ricos y pobres y, por otra, tenemos la misión de sustituir el sistema neoliberal multiplica las riquezas a costa del empobrecimiento de millones de personas. ¿Quién es pobre y quién es ricos? Somos pobres cuando compartimos, no explotamos a los demás y actuamos colectivamente. Somos ricos cuando dejamos de compartir y acumulamos bienes y riquezas, quitando a otros lo que le corresponde por derecho (tierra, empleo, fábricas) o por trabajo (los frutos, el dinero). El gran problema actual es que este acaparamiento está organizado mediante el sistema capitalista neoliberal: Es el “pecado social” que nos divida, nos opone los unos a los otros y nos destruye. Es más que necesaria la sustitución de este perverso sistema neoliberal. Esta comienza cuando, desde la familia, organizamos el repartir y compartir equitativo entre todos sus miembros. Luego sentiremos la necesidad de tener en común la tierra, el trabajo, las herramientas y los frutos del trabajo. En ese sentido nuestros hermanos indígenas tienen mucho que enseñarnos. Así nos estaremos preparando para diseñar y construir un país donde tengamos en común ‘pan, techo y empleo’, lo suficiente para vivir con dignidad.
El presidente de la Academia Internacional de Líderes Católicos, Mario J. Paredes, acaba de declarar: “Urge una nueva generación de laicos. Una generación que no renuncie a transformar la realidad, armada de la verdad evangélica y de la fuerza de la Doctrina Social de la Iglesia. Acojamos este cambio de época con la audacia de quien sabe que cada crisis es un umbral. Caminando juntos, en un genuino espíritu de sinodalidad, los laicos de hoy estamos llamados a ser los artífices de una nueva primavera para nuestros pueblos. Seamos audaces y valientes en el seguimiento de Cristo y de su doctrina para transformar el mundo”.
Que una economía equitativa sea nuestra práctica y responsabilidad. Dejémonos guiar por las orientaciones del mismo papa Francisco: Nos invita a dar “prioridad a la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos”. Propone atacar “las causas estructurales de la inequidad”, renunciar “a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera”. Reivindica la organización popular, la lucha social, la militancia comprometida, el ejercicio de la política orientada hacia la justicia social. Retoma la opción por los pobres e invita a asumir sus causas. Propone cuidar las semillas esparcidas de la solidaridad, recogerlas para que se multipliquen al ponerla al servicio de nuestros pueblos.
Para lograrlo, el pastor Felipe Adolf nos advierte: “Si quieres ir rápido, ve solo; si quieres ir lejos, vayamos juntos”. Tengamos la audacia de seguir a Cristo y a cuantos más para cambiar el mundo.
- LA POLÍTICA ES LA ORGANIZACIÓN DEL CONVIVIR
La política consiste en la organización armoniosa del convivir nacional en la que todas y todos, por el mero hecho de existir estamos implicados en ella. Es el arte o la capacidad de vivir bien juntos, comenzando por la familia, el barrio o el pueblo, la ciudad y el país. Preguntémonos cómo organizamos o desorganizamos nuestro convivir cotidiano, porque de él depende la organización y desorganización social local y mundial.
Ya monseñor Pedro Casaldáliga del Brasil lo había dicho: “Si yo no me implico en política, no me implico en justicia ni en amor fraternal”. Y el papa Francisco retomó la frase pronunciada hace 100 años, en 1927 exactamente, por el papa Pío 11°: “La política es la forma más elevada de la caridad”. Si no participamos dejamos que otros decidan por nosotros y muchas veces contra nosotros.
Revisemos la organización política de nuestro país para aportar consciente y activamente nuestra parte afín que ésta responda a nuestras necesidades y a nuestros derechos. Tanto nos hemos desinteresado de la política que nos encontramos en un país muy violento, corrupto y desigual al extremo.
Es cierto que el Estado nacional y sus autoridades tienen una gran responsabilidad en la política porque son los encargados de cuidar de nosotros y de nuestros derechos. Pero recordemos que los derechos son la otra cara de los deberes. Si no cumplimos con nuestros deberes de los unos con los otros, perdemos nuestros derechos. Por eso en el mundo indígena sus leyes mayores son 3 deberes: “No mentir, no robar y no ser ocioso”. En el Pueblo de Jesús de Nazaret habían resumido en ‘los 10 mandamientos’ su ‘Constitución’ o conjunto de leyes: Eran sus principales deberes religiosos y sociales”. Si nuestro país anda mal, es porque nosotros no andamos bien.
Revisemos brevemente cómo funciona nuestro país para poder incidir más eficazmente en su organización y su promoción de nuestros derechos. El Estado es el núcleo nacional de nuestra organización o desorganización. Se compone de 5 entidades con poderes independientes que velan por la democracia, es decir la participación de todos en la organización de todos. Estos 5 poderes son el legislativo, el ejecutivo, el judicial, el ciudadano y el electoral. El legislativo es el primero poder, su función es doble: aprobar leyes que nos regulan al nivel nacional y fiscalizar los demás poderes del Estado; actualmente la Asamblea legislativa tiene 151 asambleístas. El poder ejecutivo tiene la función de confirmar las leyes votadas en la Asamblea Nacional para que puedan ejecutarse; el poder ejecutivo tiene varios ministerios para las distintas áreas de promoción de los bienes comunes; del poder ejecutivo dependen la policía y el ejército. El poder judicial con las Cortes constitucional y judicial, los jueces y abogados está encargado de explicar y hacer cumplir las leyes. El poder ciudadano está en manos del Consejo Nacional de Transparencia y Control Social para defender a los ciudadanos y combatir la corrupción. Finalmente está el poder electoral encargado de organizar y llevar a cabo las elecciones al nivel nacional.
Toda esta organización está al servicio del bien común o, mejor dicho, de los bienes comunes a todos y que nos permiten vivir con dignidad. Nuestras autoridades necesitan de nuestra participación para cumplir con sus responsabilidades: Hacen lo que les exigimos hacer y lo que les permitimos hacer mal o no hacer. Por eso debemos comunicarles nuestra realidad, participar en la elección de nuestras necesidades prioritarias, incidir en la realización de los proyectos en marcha y colaborar con el control y la fiscalización de las obras realizadas.
Si la desorganización es grande en nuestro país es porque somos demasiado indiferentes a lo que sucede y porque no participamos de la gestión y del desarrollo de nuestro barrio, nuestra ciudad y nuestro país. La misma gente se está castigando por la falta de organización y de participación. Eso pasa porque desconocemos nuestros derechos inscritos en la Constitución, porque dejamos que nuestras autoridades y legisladores decidan lo que a ellos les conviene, porque creemos ciegamente lo que nos dicen los grandes medios de comunicación, porque somos corruptos y deshonestos los unos con los otros…
Cuando el Pueblo de Moisés llegó en Canaán, llamado luego Palestina, los Jueces o Líderes de aquella época (unos 11 siglos antes de Jesús) se habían dado unos 7 criterios principales para su organización social: 1. Si Dios nuestro creador es uno solo, todos somos iguales y con iguales derechos; 2. la tierra es de Dios para todos, por eso se reparte equitativamente entre todos y no se vende ni se compra; 3. la organización es descentralizada con clanes compuestos de varias familias, con tribus conformadas por varios clanes que toman decisiones y organizan su defensa solidaria; 4. los 10 mandamientos no cambian con el paso de nuevos dirigentes; 5. la educación abarca la lectura, escritura, cultura y convivir; 6. para defenderse de ladrones e invasores, la defensa es local, temporal y colectiva, entre todos los varones; 7. los sacerdotes, sin propiedades pero con el diezmo, recuerdan y celebran las maravillas de Dios del pasado y del presente. Para la elección de sus autoridades en Asamblea generales, recordaban la experiencia del desierto: “Elige entre los hombres del pueblo algunos que sean valiosos y que teman a Dios, hombres íntegros y que no se dejen sobornar, y los pondrás al frente del pueblo como jefes de mil, de cien, de cincuenta o de diez” (Éxodo 18,21).
También san Pablo y Jesús nos advierten: “El origen de todos los males es la codicia del dinero”. (1 Timoteo 6,10). – “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia; lo demás vendrá por añadidura” (Mateo 6,33) – “Donde está tu tesoro, ahí está tu corazón. Así que no te dediques a amontonar dinero’ (Lucas 12,33). Nos dice el papa León 14: “Desenmascaremos las relaciones injustas de poder, que son la raíz de la pobreza y las desigualdades, de la guerra y de los desastres medioambientales».
Concluyamos recordando el dicho: “Un Pueblo desorganizado será castigado”. Organicémonos para construir el país que nos merecemos… Eso es buena política.
