agosto 21, 2026
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Los ricos ahora vienen por el cobre de los chilenos y chilenas

La locura de la acumulación no tiene límites en la élite. Ya no les basta con el dinero que le quitan mes a mes a todas las trabajadoras y trabajadores del país desde sus fondos de pensión. Tampoco les ha sido suficiente la rebaja de impuestos del 27% al 23%. Ahora han empezado a generar las condiciones para arrebatarle a Chile los beneficios de la minería del cobre y del litio, a través de su privatización, vulnerando el acuerdo político transversal que en la década de los 70 nacionalizó estos yacimientos para que fueran el “sueldo de Chile”.

Obviamente, tampoco jamás cumplirán con su promesa de campaña de no rebajar las prestaciones sociales a la población, en el contexto actual de desmedro de ingresos al Estado.

La gran mayoría de la ciudadanía no advierte cómo han venido privatizando la minería, al punto de que hoy el 75% está en manos de corporaciones privadas. Así, la nacionalización queda como un triste recuerdo de una iniciativa que permitiría a Chile construir un proyecto de país beneficioso para las trabajadoras y trabajadores, y propiciar mejores condiciones para las nuevas generaciones.

La ideología en el poder político actual afirma explícitamente lo beneficioso de tener un país con los mayores niveles posibles de desigualdad: ricos mucho más ricos y pobres mucho más pobres. Esa es su fórmula de sociedad. Por eso resulta inentendible que hayan sido electos con los votos de trabajadoras y trabajadores, de la clase media profesional y de las personas emprendedoras de la pequeña industria nacional.

Promover estos niveles de desigualdad muestra una insensibilidad mayúscula de la élite con la vida cotidiana de las grandes mayorías del país.

Las soluciones a esta monstruosidad no vendrán de los partidos políticos que hoy funcionan en la pseudodemocracia en la que estamos inmersos. A la clase política le son ajenos los problemas de la ciudadanía, y su trabajo va en la dirección de sostenerse en cargos que les proveen sueldos 12 veces más grandes que la mediana de las trabajadoras y trabajadores del país.

Chile ha venido creciendo en riqueza por décadas, así lo señalan y confirman indicadores como el PIB y el ingreso per cápita. Pero tal crecimiento no implica en nada la mejora de la crisis laboral que se arrastra por la misma cantidad de años. Y es totalmente falso, así lo indican las cifras, que la población chilena no esté calificada —cuestión que supuestamente no le permitiría acceder a sueldos dignos ni, en su jubilación, a una pensión digna para sus últimos años—. El porcentaje actual de profesionales con carreras completas en universidades y centros de formación que no encuentran trabajo en su especialidad y que tienen que laborar como subempleados, en ocupaciones de subsistencia, mata el relato de la movilidad social a través de la educación y cierra el futuro para las nuevas generaciones, que no ven —porque no existen en esta sociedad— caminos concretos para construirse una vida digna.

Esta dirección política de desmantelamiento del Estado-nación y de entrega de la soberanía nacional sólo es posible si la ciudadanía se mantiene en el individualismo, el consumismo y el miedo. Hoy es imprescindible develar las cifras concretas que muestran esta realidad impresentable y, desde ellas, tomar conciencia personal y colectiva, construir y fortalecer la organización social, promoviendo un estado de movilización permanente, en base a la metodología de la no violencia activa, revirtiendo el temor en valentía.

Redacción colaborativa:
M. Angélica Alvear Montecinos, Guillermo Garcés Parada
Comisión de Opinión Pública
Partido Humanista

fuente: pressenza.com