Taula per Mèxic presenta el libro «Seguir contándolo», una década de acogida a periodistas amenazados
La asociación Taula per Mèxic impulsa el programa Barcelona Protege a Periodistas de México, una iniciativa de acogida temporal dirigida a profesionales de la información amenazados por la violencia en su país. Tras diez años de trabajo, la entidad presenta el libro Seguir contándolo, en el Ateneu popular Flor de Maig de Barcelona. Una publicación que documenta la experiencia y los aprendizajes de este proyecto de protección.
El programa ofrece estancias de tres meses a periodistas en situación de riesgo con el objetivo de proporcionarles un espacio de respiro y seguridad, al tiempo que contribuye a visibilizar la situación de la prensa mexicana, que ejerce su labor en uno de los contextos más peligrosos del mundo para el periodismo. Desde su puesta en marcha en 2016, la iniciativa ha acogido a 36 periodistas. El libro ha sido escrito por Majo Siscar Banyuls y Sandra Vicente Barreira.
Arturo Landeros, coordinador del programa, conversa con las autoras del libro y con las periodistas mexicanas Edith Herrera y Lucía Lagunes, quienes actualmente participan en el programa de acogida y residen temporalmente en Barcelona.
Arturo: En un contexto en el que cada vez más personas informan a través de las redes sociales, ¿qué papel sigue desempeñando el periodismo profesional?
Majo: Los periodistas garantizan el derecho de la ciudadanía a estar informada. Hoy, más que nunca, necesitamos historias rigurosas y bien contadas. La información es una herramienta de enorme poder, y a quienes ostentan el poder les interesa que la historia que llegue a la gente sea la suya. Por eso es imprescindible un periodismo independiente y comprometido con la ciudadanía, con una vocación de servicio público.
Edith: nos saluda en tu’un savi, una de las lenguas originarias de la Montaña de Guerrero, la región del sur de México de la que procede. Explica que comenzó a hacer periodismo para narrar la realidad de las comunidades rurales e indígenas, históricamente invisibilizadas en los grandes medios de comunicación.
En la Montaña de Guerrero, una de las regiones con mayores índices de pobreza y exclusión del país, las comunidades enfrentan problemas como la falta de servicios básicos, la discriminación, la violencia y los desplazamientos forzados provocados por conflictos territoriales y la presencia de grupos armados. Para Edith, contar estas historias es una forma de romper el silencio que durante décadas ha rodeado a estos territorios.
Sin embargo, su trabajo no se limita a documentar el sufrimiento. También busca visibilizar las redes de apoyo, la organización comunitaria y las iniciativas que surgen desde la propia población para afrontar las dificultades. «El sistema nos oprime», señala, «pero también hay personas que están tejiendo otras formas de vida basadas en la solidaridad y la esperanza». Esa capacidad de resistencia y construcción colectiva es lo que la impulsa a seguir ejerciendo el periodismo.
Lucia: los periodistas tenemos que seguir existiendo porque el periodismo contribuye a contar no solo las historias sino también el porqué y el para que. Contribuye a que las sociedades tengan más información para tomar decisiones.
Arturo: ¿Por qué el periodismo en México está amenazado?
Lucia: Desde hace más de dos décadas, México figura entre los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. Quienes investigan y hacen públicos asuntos que afectan a intereses políticos, económicos o criminales suelen enfrentarse a amenazas, agresiones, campañas de hostigamiento e incluso asesinatos.
En este contexto, decenas de periodistas han sido asesinados, desplazados o forzados al exilio, entre ellos al menos 22 mujeres periodistas. Cuando informan sobre corrupción, violencia, derechos humanos o crimen organizado, los profesionales de la prensa se convierten en una amenaza para quienes buscan mantener el control y la impunidad.
Cuanta menos información tenga la sociedad, más fácil resulta conservar el poder. La presión constante, el miedo y la incertidumbre generan un enorme desgaste personal y profesional. Por ello, programas de acogida como el de Barcelona ofrecen no solo un espacio de seguridad temporal, sino también una oportunidad para recuperarse, fortalecer redes de apoyo y reunir las condiciones necesarias para seguir ejerciendo el periodismo.
Edith: En la actualidad, México vive múltiples crisis simultáneas: violencia armada, represión de comunidades campesinas, desapariciones forzadas y reclutamiento de jóvenes por parte de grupos criminales. Se trata de un fenómeno que se ha extendido por gran parte del país, cuando antes se concentraba principalmente en las zonas fronterizas del norte y del sur.
Hoy, la violencia ya no es un hecho aislado, sino una dinámica presente en numerosos territorios, donde informar sobre que están desapareciendo personas y que los grupos criminales están tomando el poder del país además de los medios de comunicación puede implicar riesgos directos para quienes ejercen el periodismo. En este contexto, las narrativas en los medios oficiales tienden a minimizar o negar la magnitud de la crisis.
Reconstruir el tejido social y reparar estas estructuras de violencia requerirá un proceso largo y complejo. Al mismo tiempo, las desigualdades económicas persisten y, en muchos casos, se han profundizado, cuestionando el derecho a una mejora sostenida en la distribución de la riqueza.
Arturo: ¿por qué un programa de acogida en Barcelona para periodistas amenazados en México?
Sandra: Por la situación que ha explicado Edith. Desde el norte global hay una responsabilidad histórica, tenemos una serie de derechos garantizados y es de justicia que intentemos subsanar desigualdades sociales en los territorios más desfavorecidos.
Majo: Porque México es uno de los lugares donde se matan periodistas y por los vínculos históricos y los vínculos actuales.
Arturo: En el contexto actual, ¿qué papel tiene el periodismo?
Lucia: La gran mayoría de periodistas desaparecidos o amenazados estaban acompañando a familiares de personas desaparecidas. A los poderes político, económico y criminal, no les gusta que se visibilicen estas realidades, especialmente cuando se difumina la línea entre el ejercicio periodístico y el activismo.
El periodismo cumple una función social fundamental, pero en contextos de violencia esta labor se vuelve especialmente compleja. La implicación de las periodistas en las causas que cubren ha sido, de hecho, un tema de debate dentro del propio gremio en México, donde se discute hasta qué punto el ejercicio del periodismo puede convivir con el compromiso con las víctimas y el activismo.
Edith: Las primeras veces que hubo una catástrofe natural en mi comunidad, empecé a denunciar la negligencia del Estado, y así empezó mi trabajo como periodista, con 15 años. Esta labor consiste es para dar voz a la gente que no es escuchada. Cuando el sistema genera y justifica el racismo, la desigualdad, la violencia o los feminicidios, siente la responsabilidad de contar esas historias. No puede ser neutral ante esas realidades.
En muchos casos, hacemos activismo y acompañamiento porque no tenemos otra opción: no vamos a ceder el micrófono a quienes ya tienen todos los medios para hablar.
Sandra: la única opción que nos queda es ganar la batalla de la narrativa, crear redes sociales, grupos solidarios, solo nos queda resistir, no dejarnos vencer.
Arturo: ¿Qué os ha parecido el programa?
Edith: Me siento muy contenta de estar aquí. Ha sido un respiro que me ha permitido imaginar nuevas formas de volver. También ha sido una oportunidad para tejer relaciones aquí. Me llevo muchas herramientas y aprendizajes para seguir contando estas historias de esperanza. ¡Que sea para todas y todos!
Lucia: El programa da el espacio necesario para volver a respirar y pensar, es una forma de resistir para regresar a México a seguir haciendo periodismo. ¡Coloca en el centro algo muy importante, las personas!
Fuente: pressenza.com
