Inteligencia Artificial
Una herramienta al servicio de las personas y las comunidades
Estamos asistiendo a una de las transformaciones tecnológicas más rápidas de la historia. La inteligencia artificial ha entrado en nuestras vidas casi sin pedir permiso. La utilizamos cuando buscamos información, cuando un teléfono reconoce nuestra voz, cuando un programa traduce un texto, cuando un médico analiza determinadas imágenes o cuando una aplicación nos recomienda el camino más rápido para llegar a nuestro destino.
Pero quizá estamos formulando mal la pregunta. No deberíamos preguntarnos solamente qué será capaz de hacer la inteligencia artificial dentro de diez o veinte años. La verdadera pregunta debería ser otra: ¿al servicio de quién queremos ponerla?.Porque ninguna tecnología es verdaderamente beneficiosa para la humanidad si sus ventajas quedan reservadas a una pequeña parte de ella.
Una inteligencia artificial con principios
Hablar de un uso ético de la inteligencia artificial significa colocar a las personas, sus derechos y su dignidad por encima de los intereses económicos o tecnológicos. Una IA responsable debe respetar la privacidad, evitar discriminaciones, ser transparente en aquellas decisiones que afectan a nuestras vidas y permanecer bajo supervisión humana.
No podemos permitir que un algoritmo decida cuestiones fundamentales sobre una persona sin que exista alguien que responda de esa decisión. Tampoco podemos aceptar sistemas que reproduzcan prejuicios sociales, invadan nuestra intimidad o conviertan nuestra vida cotidiana en una fuente permanente de datos comerciales.
Pero la ética de la inteligencia artificial tiene además otra dimensión que considero fundamental: quién puede beneficiarse de ella.
Si la IA solamente mejora la vida de quienes poseen dinero, conocimientos tecnológicos y acceso a buenas comunicaciones, habremos creado una herramienta extraordinaria que, paradójicamente, aumentará las desigualdades existentes.
Fuente: pressenza.com
