noviembre 4, 2026
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Las mujeres vuelven a la calle: el cuerpo de la resistencia frente al gobierno de Kast

Hay gobiernos que gobiernan con decretos y otros que pretenden gobernar también sobre la memoria, los cuerpos y los derechos conquistados. El gobierno de José Antonio Kast parece empeñado en demostrar que el retroceso puede vestirse de legalidad, que la impunidad puede esconderse detrás de un procedimiento administrativo y que la memoria de un país puede archivarse junto con sus vergüenzas.

Pero las mujeres volvieron a salir a la calle.

Este martes 3 de noviembre, el movimiento feminista levantó nuevamente su voz contra las políticas del gobierno de Kast y exigió responsabilidades políticas al ministro de Justicia, Fernando Rabat. No fue una caminata de buenas intenciones ni una reunión de señoras indignadas. Fue una expresión de rabia colectiva, de memoria activa y de resistencia frente a decisiones que han encendido las alarmas de las organizaciones feministas y de derechos humanos.

El detonante es brutal: las rebajas de penas que beneficiaron a condenados por delitos sexuales contra menores de edad y a condenados por violaciones a los derechos humanos. Una situación que interpela directamente al Estado y que obliga a preguntarse qué clase de justicia se está construyendo cuando quienes deberían responder ante la sociedad reciben beneficios que provocan indignación y rechazo.

¿De qué seguridad habla este gobierno? ¿De qué protección de la infancia? ¿De qué respeto por las víctimas? No se puede levantar un discurso de orden público mientras se debilita, en los hechos, la confianza de quienes esperan justicia.

Las mujeres conocen demasiado bien esta historia. Han tenido que conquistar cada derecho a contrapelo de instituciones que durante décadas las mandaron a callar, a obedecer y a regresar a sus casas. Han enfrentado la violencia machista, la discriminación, los abusos y esa vieja arquitectura patriarcal que todavía pretende decidir qué pueden hacer con sus cuerpos y sus vidas.

Por eso, cuando vuelven a la calle, no están defendiendo solamente una consigna. Están defendiendo una historia de luchas.

Y allí aparece una imagen poderosa: las voces de Un violador en tu camino, aquella intervención de Las Tesis que recorrió el mundo, vuelven a resonar como una bofetada política y cultural contra la indiferencia. Porque el cuerpo de las mujeres no es territorio de conquista, ni la infancia una estadística, ni los derechos humanos una moneda de cambio.

Kast podrá administrar La Moneda, sus ministros podrán ocupar los despachos y sus asesores podrán redactar discursos sobre el orden y la autoridad. Pero hay algo que no podrán controlar: la memoria de quienes han aprendido a levantarse.

La calle vuelve a convertirse en escenario de disputa. Y el feminismo, lejos de desaparecer, demuestra que sigue siendo una de las fuerzas sociales capaces de incomodar al poder, de cuestionar sus privilegios y de recordarle que gobernar no significa tener permiso para retroceder en derechos.

La pregunta ya no es solamente qué hará el ministro Rabat. La pregunta es qué país quiere construir este gobierno y cuánto está dispuesto a sacrificar en nombre de su proyecto político.

Porque hay cosas que no admiten rebajas. La dignidad de las víctimas no se negocia. La memoria de los crímenes de la dictadura no prescribe en la conciencia de un pueblo. La protección de niñas y niños no puede convertirse en una declaración vacía.

Y si el poder cree que las mujeres regresarán silenciosamente a sus casas, convendría recordarle algo: las calles tienen memoria, las mujeres tienen historia y la resistencia no pide autorización para existir.

Que tiemble la indiferencia. Las mujeres han vuelto a hablar y esta vez el poder tendrá que escucharlas.

Fuente: pressenza.com