Kast y Zelenski: ¿qué hay detrás de la posible cooperación entre Chile y Ucrania?
Las declaraciones del embajador ucraniano Yurii Diudin abren interrogantes sobre el alcance de los vínculos que Kiev busca desarrollar con Chile. Más allá de la seguridad y la tecnología de drones, el diplomático plantea una relación que involucra también a universidades y empresas. ¿Cuáles son los compromisos que podría asumir nuestro país y con cuánta información cuenta la ciudadanía?
El 22 de septiembre de 2026, en el marco del 81.º período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, el presidente de Chile, José Antonio Kast, sostuvo su primera reunión presencial con su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski. El encuentro se produjo después de las celebraciones de Fiestas Patrias, cuando el país retomaba sus actividades habituales.
No era el primer contacto entre ambos mandatarios. El 21 de abril habían mantenido una conversación a distancia, en la que abordaron materias relacionadas con la seguridad, la tecnología de drones, el respaldo político a Ucrania y los esfuerzos para lograr el regreso de niños ucranianos trasladados a Rusia, según los antecedentes que emergieron de aquella comunicación.
Pero ¿qué se conversó realmente en la cita de Nueva York? ¿Qué alcances podría tener una eventual cooperación entre Chile y un país que continúa en guerra?
Las declaraciones posteriores de ambos mandatarios y, especialmente, las del embajador de Ucrania en Chile, Yurii Diudin, permiten abrir un debate que merece la mayor atención pública.
Zelenski agradece el apoyo de Chile y plantea profundizar la cooperación
Tras la reunión, el presidente ucraniano publicó un mensaje en el que agradeció a Kast el respaldo político de Chile en distintos espacios internacionales, incluida la Asamblea General de Naciones Unidas. También valoró la colaboración para lograr el regreso de niños ucranianos a su país y destacó los ámbitos en los que ambos países podrían profundizar sus relaciones.
En su declaración, Zelenski señaló:
«Es importante que exista un diálogo abierto entre nuestros países. Hoy conversamos sobre los ámbitos en los que podemos profundizarlo, especialmente en materia de seguridad y tecnologías de drones».
El mandatario ucraniano también agradeció la disposición de Chile para contribuir a ampliar la presencia de Ucrania en América Latina y anunció que los equipos de ambos países trabajarían en los asuntos abordados durante la reunión. Finalmente, invitó al presidente Kast a visitar Ucrania.
Las declaraciones no permiten afirmar que se haya firmado un acuerdo militar, pero sí dejan en evidencia el interés de Kiev por profundizar los vínculos con Chile en materias de seguridad y tecnología.
Es precisamente aquí donde surge una pregunta fundamental: ¿hasta dónde podría llegar esta cooperación y cuáles serían sus implicancias para nuestro país?
El embajador ucraniano: «Tenemos que estar preparados»
Días después del encuentro presidencial, el embajador Diudin, abordó en Radio Cooperativa las perspectivas de la relación bilateral. El diplomático destacó la importancia simbólica y política que tendría una eventual visita oficial de Kast a Ucrania, en medio del conflicto armado.
Sin embargo, hay otras declaraciones del embajador que merecen especial atención, porque permiten comprender que las expectativas de Kiev no se limitan a un acercamiento diplomático.
Diudin sostuvo que, pese a los 13 mil kilómetros que separan a ambos países, existen puntos en común y posibilidades de colaboración. En sus palabras:
«Tenemos que estar preparados, ya sea más tarde o más temprano y que cuando llegue ese día estemos preparados para desarrollar nuestros lazos mucho más allá de lo militar, porque hay muchas cosas tecnológicas que podemos intercambiar, las universidades, las empresas, o sea hay mucho más que podemos hacer».
La declaración abre un campo de interrogantes. ¿A qué se refiere el embajador cuando habla de estar preparados? ¿Qué tipo de tecnologías podrían intercambiar ambos países? ¿Qué papel tendrían las universidades y las empresas? ¿Se trata de colaboración científica, desarrollo tecnológico, formación, cooperación en seguridad u otras iniciativas?
No corresponde dar por hecho que estas posibilidades se traducirán en compromisos concretos. Sin embargo, tampoco sería razonable ignorar el alcance de las palabras del representante diplomático de un país que se encuentra en guerra.
La discusión no debería reducirse a la posibilidad de una visita presidencial. Lo que está en juego es la naturaleza de la relación que Chile podría construir con Ucrania y las condiciones bajo las cuales se desarrollaría.
¿Cuál es el lugar de Chile en este escenario internacional?
Chile tiene intereses propios que debe resguardar y una política exterior que debe responder a sus prioridades nacionales. La cooperación internacional puede ofrecer oportunidades, pero también exige evaluar sus costos, sus consecuencias y los compromisos que eventualmente podría implicar.
Desde esta perspectiva, cabe preguntarse si el Gobierno de José Antonio Kast ha definido con claridad los límites y objetivos de su relación con Ucrania, particularmente en materias de seguridad y tecnología.
La política exterior no puede convertirse en una sucesión de gestos diplomáticos sin que la ciudadanía conozca sus posibles consecuencias. El respaldo político expresado en foros internacionales, la cooperación humanitaria y los eventuales acuerdos tecnológicos son materias diferentes, que deben evaluarse por separado.
Chile también enfrenta importantes desafíos internos. Por eso, cualquier iniciativa de cooperación debe explicarse a la luz de los intereses del país, de sus necesidades y de las obligaciones que pudiera asumir el Estado.
No se trata de desconocer la importancia del derecho internacional ni de desentenderse de los conflictos que afectan a otras naciones. Se trata de exigir que las decisiones de política exterior se adopten con transparencia, responsabilidad y una evaluación clara de sus alcances.
Una carta al Ministerio de Defensa que sigue sin respuesta
En este contexto, existe un antecedente que merece ser conocido.
Durante julio de 2026 enviamos una carta al Ministerio de Defensa para solicitar información sobre la existencia de eventuales acuerdos, conversaciones o mecanismos de cooperación entre Chile y Ucrania en materias de defensa y tecnologías militares.
Hasta la fecha, no hemos recibido respuesta a esa solicitud.
La preocupación es legítima. Si los presidentes han abordado la cooperación en seguridad y tecnología de drones, y el embajador ucraniano ha manifestado su interés en desarrollar vínculos que vayan mucho más allá del ámbito militar, resulta necesario conocer qué conversaciones se han sostenido, qué iniciativas están en evaluación y qué posición mantiene el Gobierno chileno.
La existencia de conversaciones no significa que haya acuerdos militares vigentes ni que Chile haya asumido nuevos compromisos. Precisamente por eso, la información oficial resulta indispensable para distinguir los hechos de las expectativas diplomáticas.
La ciudadanía tiene derecho a conocer si existen negociaciones en curso, qué organismos públicos participan y cuáles son los objetivos que persigue el Estado chileno.
La transparencia no debería depender de que una iniciativa se encuentre en una etapa avanzada o de que se haya formalizado mediante la firma de un convenio. Cuando se trata de asuntos que pueden tener consecuencias para la seguridad y las relaciones internacionales del país, informar oportunamente es parte de la responsabilidad de las autoridades.
Los intereses de Chile deben estar en el centro del debate
Las declaraciones del embajador Yurii Diudin dejan planteada una cuestión que no debería pasar inadvertida: Ucrania busca profundizar sus relaciones con Chile en ámbitos que incluyen la seguridad, las tecnologías, las universidades y las empresas.
¿Cuál será la respuesta del Gobierno? ¿Qué condiciones establecerá para esa relación? ¿Qué beneficios concretos obtendría Chile y cuáles serían sus eventuales costos o riesgos?
Son preguntas que deben responderse con antecedentes verificables, no con especulaciones ni declaraciones generales.
Chile necesita una política exterior que resguarde sus intereses nacionales, mantenga abiertos los canales diplomáticos y evalúe cuidadosamente sus decisiones. En un escenario internacional marcado por conflictos y tensiones entre potencias, esa responsabilidad resulta todavía más importante.
Los chilenos tenemos derecho a saber qué se está conversando en nuestro nombre. Si existe una voluntad de profundizar la cooperación con Ucrania, el Gobierno debe explicar sus alcances, transparentar las negociaciones que correspondan y aclarar qué compromisos, si los hubiera, está dispuesto a asumir.
Porque una cosa es mantener relaciones diplomáticas y otra, muy distinta, es avanzar hacia compromisos de cooperación que podrían tener consecuencias estratégicas para el país.
La pregunta sigue abierta: ¿qué cooperación busca Ucrania con Chile y hasta dónde está dispuesto a llegar el Gobierno de José Antonio Kast?
Fuentes: Las declaraciones del embajador ucraniano Yurii Diudin abren interrogantes sobre el alcance de los vínculos que Kiev busca desarrollar con Chile. Más allá de la seguridad y la tecnología de drones, el diplomático plantea una relación que involucra también a universidades y empresas. ¿Cuáles son los compromisos que podría asumir nuestro país y con cuánta información cuenta la ciudadanía?
El 22 de septiembre de 2026, en el marco del 81.º período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, el presidente de Chile, José Antonio Kast, sostuvo su primera reunión presencial con su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski. El encuentro se produjo después de las celebraciones de Fiestas Patrias, cuando el país retomaba sus actividades habituales.
No era el primer contacto entre ambos mandatarios. El 21 de abril habían mantenido una conversación a distancia, en la que abordaron materias relacionadas con la seguridad, la tecnología de drones, el respaldo político a Ucrania y los esfuerzos para lograr el regreso de niños ucranianos trasladados a Rusia, según los antecedentes que emergieron de aquella comunicación.
Pero ¿qué se conversó realmente en la cita de Nueva York? ¿Qué alcances podría tener una eventual cooperación entre Chile y un país que continúa en guerra?
Las declaraciones posteriores de ambos mandatarios y, especialmente, las del embajador de Ucrania en Chile, Yurii Diudin, permiten abrir un debate que merece la mayor atención pública.
Zelenski agradece el apoyo de Chile y plantea profundizar la cooperación
Tras la reunión, el presidente ucraniano publicó un mensaje en el que agradeció a Kast el respaldo político de Chile en distintos espacios internacionales, incluida la Asamblea General de Naciones Unidas. También valoró la colaboración para lograr el regreso de niños ucranianos a su país y destacó los ámbitos en los que ambos países podrían profundizar sus relaciones.
En su declaración, Zelenski señaló:
«Es importante que exista un diálogo abierto entre nuestros países. Hoy conversamos sobre los ámbitos en los que podemos profundizarlo, especialmente en materia de seguridad y tecnologías de drones».
El mandatario ucraniano también agradeció la disposición de Chile para contribuir a ampliar la presencia de Ucrania en América Latina y anunció que los equipos de ambos países trabajarían en los asuntos abordados durante la reunión. Finalmente, invitó al presidente Kast a visitar Ucrania.
Las declaraciones no permiten afirmar que se haya firmado un acuerdo militar, pero sí dejan en evidencia el interés de Kiev por profundizar los vínculos con Chile en materias de seguridad y tecnología.
Es precisamente aquí donde surge una pregunta fundamental: ¿hasta dónde podría llegar esta cooperación y cuáles serían sus implicancias para nuestro país?
El embajador ucraniano: «Tenemos que estar preparados»
Días después del encuentro presidencial, el embajador Diudin, abordó en Radio Cooperativa las perspectivas de la relación bilateral. El diplomático destacó la importancia simbólica y política que tendría una eventual visita oficial de Kast a Ucrania, en medio del conflicto armado.
Sin embargo, hay otras declaraciones del embajador que merecen especial atención, porque permiten comprender que las expectativas de Kiev no se limitan a un acercamiento diplomático.
Diudin sostuvo que, pese a los 13 mil kilómetros que separan a ambos países, existen puntos en común y posibilidades de colaboración. En sus palabras:
«Tenemos que estar preparados, ya sea más tarde o más temprano y que cuando llegue ese día estemos preparados para desarrollar nuestros lazos mucho más allá de lo militar, porque hay muchas cosas tecnológicas que podemos intercambiar, las universidades, las empresas, o sea hay mucho más que podemos hacer».
La declaración abre un campo de interrogantes. ¿A qué se refiere el embajador cuando habla de estar preparados? ¿Qué tipo de tecnologías podrían intercambiar ambos países? ¿Qué papel tendrían las universidades y las empresas? ¿Se trata de colaboración científica, desarrollo tecnológico, formación, cooperación en seguridad u otras iniciativas?
No corresponde dar por hecho que estas posibilidades se traducirán en compromisos concretos. Sin embargo, tampoco sería razonable ignorar el alcance de las palabras del representante diplomático de un país que se encuentra en guerra.
La discusión no debería reducirse a la posibilidad de una visita presidencial. Lo que está en juego es la naturaleza de la relación que Chile podría construir con Ucrania y las condiciones bajo las cuales se desarrollaría.
¿Cuál es el lugar de Chile en este escenario internacional?
Chile tiene intereses propios que debe resguardar y una política exterior que debe responder a sus prioridades nacionales. La cooperación internacional puede ofrecer oportunidades, pero también exige evaluar sus costos, sus consecuencias y los compromisos que eventualmente podría implicar.
Desde esta perspectiva, cabe preguntarse si el Gobierno de José Antonio Kast ha definido con claridad los límites y objetivos de su relación con Ucrania, particularmente en materias de seguridad y tecnología.
La política exterior no puede convertirse en una sucesión de gestos diplomáticos sin que la ciudadanía conozca sus posibles consecuencias. El respaldo político expresado en foros internacionales, la cooperación humanitaria y los eventuales acuerdos tecnológicos son materias diferentes, que deben evaluarse por separado.
Chile también enfrenta importantes desafíos internos. Por eso, cualquier iniciativa de cooperación debe explicarse a la luz de los intereses del país, de sus necesidades y de las obligaciones que pudiera asumir el Estado.
No se trata de desconocer la importancia del derecho internacional ni de desentenderse de los conflictos que afectan a otras naciones. Se trata de exigir que las decisiones de política exterior se adopten con transparencia, responsabilidad y una evaluación clara de sus alcances.
Una carta al Ministerio de Defensa que sigue sin respuesta
En este contexto, existe un antecedente que merece ser conocido.
Durante julio de 2026 enviamos una carta al Ministerio de Defensa para solicitar información sobre la existencia de eventuales acuerdos, conversaciones o mecanismos de cooperación entre Chile y Ucrania en materias de defensa y tecnologías militares.
Hasta la fecha, no hemos recibido respuesta a esa solicitud.
La preocupación es legítima. Si los presidentes han abordado la cooperación en seguridad y tecnología de drones, y el embajador ucraniano ha manifestado su interés en desarrollar vínculos que vayan mucho más allá del ámbito militar, resulta necesario conocer qué conversaciones se han sostenido, qué iniciativas están en evaluación y qué posición mantiene el Gobierno chileno.
La existencia de conversaciones no significa que haya acuerdos militares vigentes ni que Chile haya asumido nuevos compromisos. Precisamente por eso, la información oficial resulta indispensable para distinguir los hechos de las expectativas diplomáticas.
La ciudadanía tiene derecho a conocer si existen negociaciones en curso, qué organismos públicos participan y cuáles son los objetivos que persigue el Estado chileno.
La transparencia no debería depender de que una iniciativa se encuentre en una etapa avanzada o de que se haya formalizado mediante la firma de un convenio. Cuando se trata de asuntos que pueden tener consecuencias para la seguridad y las relaciones internacionales del país, informar oportunamente es parte de la responsabilidad de las autoridades.
Los intereses de Chile deben estar en el centro del debate
Las declaraciones del embajador Yurii Diudin dejan planteada una cuestión que no debería pasar inadvertida: Ucrania busca profundizar sus relaciones con Chile en ámbitos que incluyen la seguridad, las tecnologías, las universidades y las empresas.
¿Cuál será la respuesta del Gobierno? ¿Qué condiciones establecerá para esa relación? ¿Qué beneficios concretos obtendría Chile y cuáles serían sus eventuales costos o riesgos?
Son preguntas que deben responderse con antecedentes verificables, no con especulaciones ni declaraciones generales.
Chile necesita una política exterior que resguarde sus intereses nacionales, mantenga abiertos los canales diplomáticos y evalúe cuidadosamente sus decisiones. En un escenario internacional marcado por conflictos y tensiones entre potencias, esa responsabilidad resulta todavía más importante.
Los chilenos tenemos derecho a saber qué se está conversando en nuestro nombre. Si existe una voluntad de profundizar la cooperación con Ucrania, el Gobierno debe explicar sus alcances, transparentar las negociaciones que correspondan y aclarar qué compromisos, si los hubiera, está dispuesto a asumir.
Porque una cosa es mantener relaciones diplomáticas y otra, muy distinta, es avanzar hacia compromisos de cooperación que podrían tener consecuencias estratégicas para el país.
La pregunta sigue abierta: ¿qué cooperación busca Ucrania con Chile y hasta dónde está dispuesto a llegar el Gobierno de José Antonio Kast?
Fuentes: Las declaraciones del embajador ucraniano Yurii Diudin abren interrogantes sobre el alcance de los vínculos que Kiev busca desarrollar con Chile. Más allá de la seguridad y la tecnología de drones, el diplomático plantea una relación que involucra también a universidades y empresas. ¿Cuáles son los compromisos que podría asumir nuestro país y con cuánta información cuenta la ciudadanía?
El 22 de septiembre de 2026, en el marco del 81.º período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, el presidente de Chile, José Antonio Kast, sostuvo su primera reunión presencial con su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski. El encuentro se produjo después de las celebraciones de Fiestas Patrias, cuando el país retomaba sus actividades habituales.
No era el primer contacto entre ambos mandatarios. El 21 de abril habían mantenido una conversación a distancia, en la que abordaron materias relacionadas con la seguridad, la tecnología de drones, el respaldo político a Ucrania y los esfuerzos para lograr el regreso de niños ucranianos trasladados a Rusia, según los antecedentes que emergieron de aquella comunicación.
Pero ¿qué se conversó realmente en la cita de Nueva York? ¿Qué alcances podría tener una eventual cooperación entre Chile y un país que continúa en guerra?
Las declaraciones posteriores de ambos mandatarios y, especialmente, las del embajador de Ucrania en Chile, Yurii Diudin, permiten abrir un debate que merece la mayor atención pública.
Zelenski agradece el apoyo de Chile y plantea profundizar la cooperación
Tras la reunión, el presidente ucraniano publicó un mensaje en el que agradeció a Kast el respaldo político de Chile en distintos espacios internacionales, incluida la Asamblea General de Naciones Unidas. También valoró la colaboración para lograr el regreso de niños ucranianos a su país y destacó los ámbitos en los que ambos países podrían profundizar sus relaciones.
En su declaración, Zelenski señaló:
«Es importante que exista un diálogo abierto entre nuestros países. Hoy conversamos sobre los ámbitos en los que podemos profundizarlo, especialmente en materia de seguridad y tecnologías de drones».
El mandatario ucraniano también agradeció la disposición de Chile para contribuir a ampliar la presencia de Ucrania en América Latina y anunció que los equipos de ambos países trabajarían en los asuntos abordados durante la reunión. Finalmente, invitó al presidente Kast a visitar Ucrania.
Las declaraciones no permiten afirmar que se haya firmado un acuerdo militar, pero sí dejan en evidencia el interés de Kiev por profundizar los vínculos con Chile en materias de seguridad y tecnología.
Es precisamente aquí donde surge una pregunta fundamental: ¿hasta dónde podría llegar esta cooperación y cuáles serían sus implicancias para nuestro país?
El embajador ucraniano: «Tenemos que estar preparados»
Días después del encuentro presidencial, el embajador Diudin, abordó en Radio Cooperativa las perspectivas de la relación bilateral. El diplomático destacó la importancia simbólica y política que tendría una eventual visita oficial de Kast a Ucrania, en medio del conflicto armado.
Sin embargo, hay otras declaraciones del embajador que merecen especial atención, porque permiten comprender que las expectativas de Kiev no se limitan a un acercamiento diplomático.
Diudin sostuvo que, pese a los 13 mil kilómetros que separan a ambos países, existen puntos en común y posibilidades de colaboración. En sus palabras:
«Tenemos que estar preparados, ya sea más tarde o más temprano y que cuando llegue ese día estemos preparados para desarrollar nuestros lazos mucho más allá de lo militar, porque hay muchas cosas tecnológicas que podemos intercambiar, las universidades, las empresas, o sea hay mucho más que podemos hacer».
La declaración abre un campo de interrogantes. ¿A qué se refiere el embajador cuando habla de estar preparados? ¿Qué tipo de tecnologías podrían intercambiar ambos países? ¿Qué papel tendrían las universidades y las empresas? ¿Se trata de colaboración científica, desarrollo tecnológico, formación, cooperación en seguridad u otras iniciativas?
No corresponde dar por hecho que estas posibilidades se traducirán en compromisos concretos. Sin embargo, tampoco sería razonable ignorar el alcance de las palabras del representante diplomático de un país que se encuentra en guerra.
La discusión no debería reducirse a la posibilidad de una visita presidencial. Lo que está en juego es la naturaleza de la relación que Chile podría construir con Ucrania y las condiciones bajo las cuales se desarrollaría.
¿Cuál es el lugar de Chile en este escenario internacional?
Chile tiene intereses propios que debe resguardar y una política exterior que debe responder a sus prioridades nacionales. La cooperación internacional puede ofrecer oportunidades, pero también exige evaluar sus costos, sus consecuencias y los compromisos que eventualmente podría implicar.
Desde esta perspectiva, cabe preguntarse si el Gobierno de José Antonio Kast ha definido con claridad los límites y objetivos de su relación con Ucrania, particularmente en materias de seguridad y tecnología.
La política exterior no puede convertirse en una sucesión de gestos diplomáticos sin que la ciudadanía conozca sus posibles consecuencias. El respaldo político expresado en foros internacionales, la cooperación humanitaria y los eventuales acuerdos tecnológicos son materias diferentes, que deben evaluarse por separado.
Chile también enfrenta importantes desafíos internos. Por eso, cualquier iniciativa de cooperación debe explicarse a la luz de los intereses del país, de sus necesidades y de las obligaciones que pudiera asumir el Estado.
No se trata de desconocer la importancia del derecho internacional ni de desentenderse de los conflictos que afectan a otras naciones. Se trata de exigir que las decisiones de política exterior se adopten con transparencia, responsabilidad y una evaluación clara de sus alcances.
Una carta al Ministerio de Defensa que sigue sin respuesta
En este contexto, existe un antecedente que merece ser conocido.
Durante julio de 2026 enviamos una carta al Ministerio de Defensa para solicitar información sobre la existencia de eventuales acuerdos, conversaciones o mecanismos de cooperación entre Chile y Ucrania en materias de defensa y tecnologías militares.
Hasta la fecha, no hemos recibido respuesta a esa solicitud.
La preocupación es legítima. Si los presidentes han abordado la cooperación en seguridad y tecnología de drones, y el embajador ucraniano ha manifestado su interés en desarrollar vínculos que vayan mucho más allá del ámbito militar, resulta necesario conocer qué conversaciones se han sostenido, qué iniciativas están en evaluación y qué posición mantiene el Gobierno chileno.
La existencia de conversaciones no significa que haya acuerdos militares vigentes ni que Chile haya asumido nuevos compromisos. Precisamente por eso, la información oficial resulta indispensable para distinguir los hechos de las expectativas diplomáticas.
La ciudadanía tiene derecho a conocer si existen negociaciones en curso, qué organismos públicos participan y cuáles son los objetivos que persigue el Estado chileno.
La transparencia no debería depender de que una iniciativa se encuentre en una etapa avanzada o de que se haya formalizado mediante la firma de un convenio. Cuando se trata de asuntos que pueden tener consecuencias para la seguridad y las relaciones internacionales del país, informar oportunamente es parte de la responsabilidad de las autoridades.
Los intereses de Chile deben estar en el centro del debate
Las declaraciones del embajador Yurii Diudin dejan planteada una cuestión que no debería pasar inadvertida: Ucrania busca profundizar sus relaciones con Chile en ámbitos que incluyen la seguridad, las tecnologías, las universidades y las empresas.
¿Cuál será la respuesta del Gobierno? ¿Qué condiciones establecerá para esa relación? ¿Qué beneficios concretos obtendría Chile y cuáles serían sus eventuales costos o riesgos?
Son preguntas que deben responderse con antecedentes verificables, no con especulaciones ni declaraciones generales.
Chile necesita una política exterior que resguarde sus intereses nacionales, mantenga abiertos los canales diplomáticos y evalúe cuidadosamente sus decisiones. En un escenario internacional marcado por conflictos y tensiones entre potencias, esa responsabilidad resulta todavía más importante.
Los chilenos tenemos derecho a saber qué se está conversando en nuestro nombre. Si existe una voluntad de profundizar la cooperación con Ucrania, el Gobierno debe explicar sus alcances, transparentar las negociaciones que correspondan y aclarar qué compromisos, si los hubiera, está dispuesto a asumir.
Porque una cosa es mantener relaciones diplomáticas y otra, muy distinta, es avanzar hacia compromisos de cooperación que podrían tener consecuencias estratégicas para el país.
La pregunta sigue abierta: ¿qué cooperación busca Ucrania con Chile y hasta dónde está dispuesto a llegar el Gobierno de José Antonio Kast?
FUENTE: Las declaraciones del embajador ucraniano Yurii Diudin abren interrogantes sobre el alcance de los vínculos que Kiev busca desarrollar con Chile. Más allá de la seguridad y la tecnología de drones, el diplomático plantea una relación que involucra también a universidades y empresas. ¿Cuáles son los compromisos que podría asumir nuestro país y con cuánta información cuenta la ciudadanía?
El 22 de septiembre de 2026, en el marco del 81.º período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, el presidente de Chile, José Antonio Kast, sostuvo su primera reunión presencial con su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski. El encuentro se produjo después de las celebraciones de Fiestas Patrias, cuando el país retomaba sus actividades habituales.
No era el primer contacto entre ambos mandatarios. El 21 de abril habían mantenido una conversación a distancia, en la que abordaron materias relacionadas con la seguridad, la tecnología de drones, el respaldo político a Ucrania y los esfuerzos para lograr el regreso de niños ucranianos trasladados a Rusia, según los antecedentes que emergieron de aquella comunicación.
Pero ¿qué se conversó realmente en la cita de Nueva York? ¿Qué alcances podría tener una eventual cooperación entre Chile y un país que continúa en guerra?
Las declaraciones posteriores de ambos mandatarios y, especialmente, las del embajador de Ucrania en Chile, Yurii Diudin, permiten abrir un debate que merece la mayor atención pública.
Zelenski agradece el apoyo de Chile y plantea profundizar la cooperación
Tras la reunión, el presidente ucraniano publicó un mensaje en el que agradeció a Kast el respaldo político de Chile en distintos espacios internacionales, incluida la Asamblea General de Naciones Unidas. También valoró la colaboración para lograr el regreso de niños ucranianos a su país y destacó los ámbitos en los que ambos países podrían profundizar sus relaciones.
En su declaración, Zelenski señaló:
«Es importante que exista un diálogo abierto entre nuestros países. Hoy conversamos sobre los ámbitos en los que podemos profundizarlo, especialmente en materia de seguridad y tecnologías de drones».
El mandatario ucraniano también agradeció la disposición de Chile para contribuir a ampliar la presencia de Ucrania en América Latina y anunció que los equipos de ambos países trabajarían en los asuntos abordados durante la reunión. Finalmente, invitó al presidente Kast a visitar Ucrania.
Las declaraciones no permiten afirmar que se haya firmado un acuerdo militar, pero sí dejan en evidencia el interés de Kiev por profundizar los vínculos con Chile en materias de seguridad y tecnología.
Es precisamente aquí donde surge una pregunta fundamental: ¿hasta dónde podría llegar esta cooperación y cuáles serían sus implicancias para nuestro país?
El embajador ucraniano: «Tenemos que estar preparados»
Días después del encuentro presidencial, el embajador Diudin, abordó en Radio Cooperativa las perspectivas de la relación bilateral. El diplomático destacó la importancia simbólica y política que tendría una eventual visita oficial de Kast a Ucrania, en medio del conflicto armado.
Sin embargo, hay otras declaraciones del embajador que merecen especial atención, porque permiten comprender que las expectativas de Kiev no se limitan a un acercamiento diplomático.
Diudin sostuvo que, pese a los 13 mil kilómetros que separan a ambos países, existen puntos en común y posibilidades de colaboración. En sus palabras:
«Tenemos que estar preparados, ya sea más tarde o más temprano y que cuando llegue ese día estemos preparados para desarrollar nuestros lazos mucho más allá de lo militar, porque hay muchas cosas tecnológicas que podemos intercambiar, las universidades, las empresas, o sea hay mucho más que podemos hacer».
La declaración abre un campo de interrogantes. ¿A qué se refiere el embajador cuando habla de estar preparados? ¿Qué tipo de tecnologías podrían intercambiar ambos países? ¿Qué papel tendrían las universidades y las empresas? ¿Se trata de colaboración científica, desarrollo tecnológico, formación, cooperación en seguridad u otras iniciativas?
No corresponde dar por hecho que estas posibilidades se traducirán en compromisos concretos. Sin embargo, tampoco sería razonable ignorar el alcance de las palabras del representante diplomático de un país que se encuentra en guerra.
La discusión no debería reducirse a la posibilidad de una visita presidencial. Lo que está en juego es la naturaleza de la relación que Chile podría construir con Ucrania y las condiciones bajo las cuales se desarrollaría.
¿Cuál es el lugar de Chile en este escenario internacional?
Chile tiene intereses propios que debe resguardar y una política exterior que debe responder a sus prioridades nacionales. La cooperación internacional puede ofrecer oportunidades, pero también exige evaluar sus costos, sus consecuencias y los compromisos que eventualmente podría implicar.
Desde esta perspectiva, cabe preguntarse si el Gobierno de José Antonio Kast ha definido con claridad los límites y objetivos de su relación con Ucrania, particularmente en materias de seguridad y tecnología.
La política exterior no puede convertirse en una sucesión de gestos diplomáticos sin que la ciudadanía conozca sus posibles consecuencias. El respaldo político expresado en foros internacionales, la cooperación humanitaria y los eventuales acuerdos tecnológicos son materias diferentes, que deben evaluarse por separado.
Chile también enfrenta importantes desafíos internos. Por eso, cualquier iniciativa de cooperación debe explicarse a la luz de los intereses del país, de sus necesidades y de las obligaciones que pudiera asumir el Estado.
No se trata de desconocer la importancia del derecho internacional ni de desentenderse de los conflictos que afectan a otras naciones. Se trata de exigir que las decisiones de política exterior se adopten con transparencia, responsabilidad y una evaluación clara de sus alcances.
Una carta al Ministerio de Defensa que sigue sin respuesta
En este contexto, existe un antecedente que merece ser conocido.
Durante julio de 2026 enviamos una carta al Ministerio de Defensa para solicitar información sobre la existencia de eventuales acuerdos, conversaciones o mecanismos de cooperación entre Chile y Ucrania en materias de defensa y tecnologías militares.
Hasta la fecha, no hemos recibido respuesta a esa solicitud.
La preocupación es legítima. Si los presidentes han abordado la cooperación en seguridad y tecnología de drones, y el embajador ucraniano ha manifestado su interés en desarrollar vínculos que vayan mucho más allá del ámbito militar, resulta necesario conocer qué conversaciones se han sostenido, qué iniciativas están en evaluación y qué posición mantiene el Gobierno chileno.
La existencia de conversaciones no significa que haya acuerdos militares vigentes ni que Chile haya asumido nuevos compromisos. Precisamente por eso, la información oficial resulta indispensable para distinguir los hechos de las expectativas diplomáticas.
La ciudadanía tiene derecho a conocer si existen negociaciones en curso, qué organismos públicos participan y cuáles son los objetivos que persigue el Estado chileno.
La transparencia no debería depender de que una iniciativa se encuentre en una etapa avanzada o de que se haya formalizado mediante la firma de un convenio. Cuando se trata de asuntos que pueden tener consecuencias para la seguridad y las relaciones internacionales del país, informar oportunamente es parte de la responsabilidad de las autoridades.
Los intereses de Chile deben estar en el centro del debate
Las declaraciones del embajador Yurii Diudin dejan planteada una cuestión que no debería pasar inadvertida: Ucrania busca profundizar sus relaciones con Chile en ámbitos que incluyen la seguridad, las tecnologías, las universidades y las empresas.
¿Cuál será la respuesta del Gobierno? ¿Qué condiciones establecerá para esa relación? ¿Qué beneficios concretos obtendría Chile y cuáles serían sus eventuales costos o riesgos?
Son preguntas que deben responderse con antecedentes verificables, no con especulaciones ni declaraciones generales.
Chile necesita una política exterior que resguarde sus intereses nacionales, mantenga abiertos los canales diplomáticos y evalúe cuidadosamente sus decisiones. En un escenario internacional marcado por conflictos y tensiones entre potencias, esa responsabilidad resulta todavía más importante.
Los chilenos tenemos derecho a saber qué se está conversando en nuestro nombre. Si existe una voluntad de profundizar la cooperación con Ucrania, el Gobierno debe explicar sus alcances, transparentar las negociaciones que correspondan y aclarar qué compromisos, si los hubiera, está dispuesto a asumir.
Porque una cosa es mantener relaciones diplomáticas y otra, muy distinta, es avanzar hacia compromisos de cooperación que podrían tener consecuencias estratégicas para el país.
La pregunta sigue abierta: ¿qué cooperación busca Ucrania con Chile y hasta dónde está dispuesto a llegar el Gobierno de José Antonio Kast?
