octubre 15, 2026
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El universo como un espejo del alma

Por Jorge Nuñez Arzuaga.

“Las luces de lo oscuro” (Ediciones Askasis, 2026), de Carlos Santos Menéndez, es una novela que utiliza la astronomía como escenario de una búsqueda que también transcurre en el interior de un ser humano.

La obra parte de un escenario de extraordinaria potencia simbólica: el observatorio astronómico ALMA, instalado en el desierto de Atacama en Chile, donde la tecnología
humana intenta descifrar las señales más remotas del universo. Allí llega Rodrigo, un científico argentino que acaba de obtener una oportunidad profesional excepcional. Sin embargo, el viaje que debía conducirlo hacia una nueva etapa de su carrera termina convirtiéndose en una exploración mucho más profunda: la de su propia historia, sus pérdidas y aquellas zonas de sí mismo que ha preferido mantener en reserva.

La novela propone así una doble investigación. Mientras sus personajes intentan comprender ciertos fenómenos relacionados con la materia oscura, el protagonista debe
enfrentarse a una oscuridad de naturaleza íntima: el duelo por la muerte de su madre y las heridas de una infancia condicionada por una figura paterna autoritaria.

El verdadero enigma no está solamente en el cielo, sino también en aquello que llevamos adentro.

Uno de los principales aspectos de este nuevo libro de Santos Menéndez (este año también publicó “Una luz en la biblioteca vacía”) consiste en convertir la astronomía en
algo más que decorado narrativo. ALMA, sus antenas, sus registros y sus procedimientos de observación participan activamente en la construcción del sentido de la novela.

El interés de Rodrigo por una anomalía funciona como el motor de la trama científica.

Pero esa búsqueda adquiere progresivamente una dimensión psicológica. La materia oscura, cuya existencia se infiere a partir de sus efectos gravitacionales, ofrece una
imagen especialmente fértil para explorar las zonas ocultas de la experiencia humana.

Hay presencias que no vemos directamente, pero cuyos efectos organizan nuestras decisiones. Una pérdida puede seguir condicionando la conducta mucho después de que el acontecimiento haya quedado atrás; una herida infantil puede continuar determinando los movimientos de un adulto que cree haberla superado.

En este punto, el título adquiere su verdadera dimensión. Las luces no eliminan lo oscuro: permiten advertir que allí también existe algo digno de ser explorado.

El personaje central es un profesional competente, meticuloso y apasionado por su trabajo. Posee las condiciones necesarias para desarrollar una carrera científica
prometedora, pero su capacidad de concentración termina convirtiéndose en una forma de aislamiento. La muerte de su madre marca un quiebre decisivo. El protagonista parece creer que, si consigue comprender un misterio suficientemente grande, podrá dejar de sentir el dolor que lo angustia. La investigación científica, legítima en sí misma, se transforma entonces en una actividad compulsiva. Los datos dejan de ser únicamente herramientas para conocer el universo y se convierten en un refugio frente a la incertidumbre personal.

La novela muestra que el sufrimiento a veces aparece como silencio, irritabilidad, obsesión o incapacidad para establecer vínculos. Rodrigo intenta dominar mediante el
pensamiento aquello que, en realidad, necesita atravesar emocionalmente.

El paisaje de Atacama constituye uno de los grandes atractivos del relato. Su inmensidad, su sequedad y la excepcional claridad de sus cielos crean un espacio donde la
experiencia cotidiana parece perder sus referencias habituales. El desierto es, al mismo tiempo, un lugar de observación y un territorio de despojamiento. Allí, lejos de sus
vínculos familiares y de las rutinas conocidas, Rodrigo queda expuesto a aquello de lo que intentaba escapar.

El autor también introduce una perspectiva diferente a través de personajes como Marga y Martín, y las referencias a las tradiciones andinas. Así incorpora una concepción del mundo en la que la tierra, los antepasados y las presencias invisibles participan de la trama.

Desde el punto de vista formal, Santos Menéndez opta por una prosa accesible, apoyada en diálogos frecuentes, descripciones funcionales y una progresión narrativa que alterna la investigación astronómica con el desarrollo emocional del protagonista. La novela busca mantener un equilibrio entre la explicación racional y la sugerencia simbólica, entre el procedimiento científico y la experiencia subjetiva.

“Las luces de lo oscuro” es una novela sobre la necesidad humana de encontrar sentido.

El conocimiento no vuelve automáticamente más sabio a quien lo posee. La capacidad de descubrir algo acerca del universo no garantiza la posibilidad de comprenderse a uno mismo.

En conclusión, nos encontramos con una obra entrañable y profunda, que va desde la inmensidad del espacio hasta el rincón más íntimo. Una lectura para recordar que, aún en los momentos de mayor penumbra, siempre hay una luz capaz de rescatarnos.

FUENTE: pressenza.com