octubre 16, 2026
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Las familias de presos políticos saharauis alertan del peligro que amenaza su vida y exigen su liberación inmediata

En una rueda de prensa para medios internacionales, organizada por Équipe Media, este jueves 15 de octubre las familias de los presos políticos saharauis del grupo de Gdeim Izik han lanzando un comunicado de prensa que reproducimos literalmente.

Dieciséis años de encarcelamiento, dispersión y sufrimiento: las familias alertan del peligro que amenaza la vida de los presos y exigen su liberación inmediata

Estimados representantes de los medios de comunicación, defensores de los derechos humanos, representantes de las organizaciones internacionales, señoras y señores:

Comparecemos hoy ante ustedes como madres, padres, esposas, hermanos, hermanas e hijos de los presos políticos saharauis del grupo de Gdeim Izik, que permanecen encarcelados en diferentes prisiones marroquíes desde hace casi dieciséis años.

Comparecemos con una profunda angustia y una preocupación que aumenta cada día. Tememos seriamente por la vida de nuestros familiares, algunos de los cuales continúan en huelga de hambre desde el pasado 23 de septiembre, mientras otros se han visto obligados a suspenderla debido al deterioro de su salud y a las difíciles condiciones de encarcelamiento.

Hoy estamos aquí porque nuestros familiares están enfermos, debilitados, dispersados entre distintas cárceles y, en muchos casos, privados de las visitas y comunicaciones con sus seres queridos.

Estamos aquí porque hay madres ancianas que pasan días enteros frente a las puertas de las prisiones esperando una visita que nunca llega.

Porque hay hijas que no saben si su padre sigue vivo.

Porque hay hermanas a las que se les comunica que su hermano ha sido hospitalizado, pero se les niega incluso el nombre del hospital donde se encuentra.

Y estamos aquí porque no queremos que el silencio, la indiferencia y la falta de una intervención urgente terminen convirtiendo esta situación en una tragedia irreparable.

I. GDEIM IZIK: EL ORIGEN DE DIECISÉIS AÑOS DE SUFRIMIENTO

En octubre de 2010, miles de ciudadanos saharauis levantaron el campamento de Gdeim Izik, en las proximidades de El Aaiún, en el Sáhara Occidental ocupado.

Aquella movilización constituyó una de las mayores manifestaciones de protesta social protagonizadas por la población saharaui, que reclamaba empleo, vivienda, justicia social, dignidad y respeto de sus derechos fundamentales.

Estas reivindicaciones se desarrollaban en el contexto de la situación política del Sáhara Occidental, territorio que Naciones Unidas sigue considerando pendiente de descolonización y cuyo pueblo tiene reconocido el derecho a la libre determinación.

El 8 de noviembre de 2010, las fuerzas marroquíes desmantelaron el campamento. Nuestros familiares fueron detenidos y sometidos a procedimientos judiciales que han sido objeto de graves cuestionamientos internacionales.

En 2013 fueron juzgados por un tribunal militar, pese a su condición de civiles. Posteriormente, tras la anulación de aquellas sentencias, fueron sometidos a un nuevo juicio ante la jurisdicción civil marroquí, que en 2017 confirmó durísimas condenas, incluidas cadenas perpetuas y penas de veinte, veinticinco y treinta años de prisión.

Amnistía Internacional y Human Rights Watch denunciaron graves deficiencias en ambos procedimientos, especialmente la falta de investigaciones adecuadas sobre las denuncias de tortura y la utilización de confesiones que los acusados afirmaban haber firmado bajo coacción.

Desde entonces, llevamos casi dieciséis años reclamando justicia.

Dieciséis años durante los cuales hemos visto crecer a nuestros hijos sin sus padres, envejecer a nuestras madres sin sus hijos y deteriorarse la salud de nuestros familiares en prisión.

Y después de todo este sufrimiento, hoy tememos que algunos de ellos no consigan sobrevivir a las condiciones en las que se encuentran.

II. LA HUELGA DE HAMBRE Y EL DETERIORO DE LA SALUD DE LOS PRESOS

El pasado 23 de septiembre, nueve presos políticos saharauis del grupo de Gdeim Izik iniciaron una huelga de hambre indefinida.

Con esta protesta reclamaban la aplicación de los pronunciamientos de Naciones Unidas, el respeto de sus derechos fundamentales, el fin del aislamiento, el acceso a atención médica adecuada y el cese de la dispersión penitenciaria que los mantiene alejados de sus familias y de su territorio.

Sin embargo, desde el inicio de la huelga hemos asistido a nuevos traslados, restricciones de visitas, interrupciones de comunicaciones y un preocupante deterioro del estado de salud de varios presos.

Según la información que hemos podido reunir hasta ayer, 14 de octubre, cinco de nuestros familiares continúan en huelga de hambre: Hassan Dah, Sidi Abdallah Abbahah, Mohamed Bachir Boutenguiza, Hussein Zaoui y Ahmed Sbaai.

Otros cuatro presos que participaron inicialmente —Mohamed Lamin Haddi, Naâma Asfari, Mohamed Bani y Bachir Khadda— han suspendido sus huelgas por diferentes circunstancias, como las trampas y la falsa comunicación de sus carceleros, el deterioro de su salud y las medidas de dispersión.

En el caso de Mohamed Bani, su situación física llegó a tal extremo que, según su familia, no pudo continuar.

Queremos dejar claro que la suspensión de una huelga de hambre no significa que hayan desaparecido las causas que la motivaron; ni siquiera han conseguido que se atiendan sus demandas.

Nuestros familiares siguen encarcelados y sus reivindicaciones fundamentales continúan pendientes.

III. LA GRAVE SITUACIÓN DE LOS PRESOS Y LAS DENUNCIAS DE SUS FAMILIAS

Queremos compartir con ustedes algunos testimonios que reflejan la gravedad de lo que estamos viviendo.

Hassan Dah. Se encontraba en la prisión central de Kenitra cuando comenzó la huelga de hambre. Al día siguiente fue trasladado a la prisión de Ben Guerir, cerca de Marrakech, sin que las autoridades penitenciarias informaran a su familia. Durante aproximadamente dos días, sus familiares desconocieron su paradero, pese a sus reiterados intentos de obtener información.

Cuando finalmente pudieron visitarlo, lo encontraron en un estado de salud extremadamente delicado. Su familia denuncia además hechos de extraordinaria gravedad: según el testimonio que recibieron del propio preso, Hassan Dah fue trasladado desnudo y sometido a torturas y malos tratos durante su desplazamiento a la nueva cárcel. Exigimos una investigación inmediata e independiente sobre estas denuncias y garantías efectivas para proteger su vida e integridad física.

Hussein Zaoui. Es otro de los presos cuya situación nos preocupa profundamente. Según su familia, padece enfermedades crónicas, entre ellas problemas renales, asma e hipertensión arterial, que se han desarrollado o agravado durante sus largos años de encarcelamiento. Su esposa pudo visitarlo al inicio de la huelga; sin embargo, posteriormente sus hijas acudieron a la prisión central de Kenitra y las autoridades penitenciarias les impidieron verlo.

Desde entonces, estas jóvenes han pasado varios días esperando frente a las puertas de la cárcel, intentando obtener una autorización de visita o simplemente información sobre su estado de salud. Según denuncian, nadie les ofrece explicaciones; las autoridades las mantienen esperando sin responder a sus peticiones. Sus hijas han llegado a expresar que no saben si su padre sigue vivo o ha muerto.

Queremos que imaginen por un instante el sufrimiento que supone para unas hijas no poder saber si su padre, enfermo y en huelga de hambre, continúa con vida. ¿Es necesario que unas hijas permanezcan durante días frente a una prisión para conseguir saber cómo se encuentra su padre?

Ahmed Sbaai. Su situación es igualmente alarmante. Ahmed, condenado a cadena perpetua, padece, según su familia, enfermedades cardíacas y problemas renales. Su hermana consiguió visitarlo en pocas ocasiones desde el comienzo de la huelga y comprobó que su salud se había deteriorado considerablemente, encontrándolo muy debilitado y con una importante pérdida de fuerzas.

Ayer, miércoles 14 de octubre, cuando acudió nuevamente a la prisión de Kenitra para visitarlo, las autoridades penitenciarias la mantuvieron esperando durante un largo periodo. Finalmente, le comunicaron que su hermano había sido trasladado a un hospital. Su hermana pidió conocer el nombre del centro hospitalario para poder desplazarse hasta allí y comprobar personalmente cómo se encontraba; sin embargo, según su testimonio, las autoridades se negaron a informarle de qué hospital se trataba.

Consideramos extremadamente grave que un preso con enfermedades cardíacas y renales, en huelga de hambre, sea hospitalizado sin que su familia pueda conocer su paradero. Exigimos información inmediata sobre su situación y garantías de acceso a la atención médica que necesita.

Mohamed Bachir Boutenguiza. Su caso es especialmente doloroso. Su madre, una mujer de edad muy avanzada, y sus hermanas pasaron numerosos días intentando visitarlo en la prisión central de Kenitra. Permanecieron durante largas jornadas frente a las puertas de la cárcel, sin conseguir que las autoridades les permitieran entrar. Finalmente, después de una manifestación de protesta, consiguieron realizar la visita.

Pero lo que presenciaron aumentó todavía más su angustia: según denuncian sus familiares, Mohamed Bachir Boutenguiza estaba tan debilitado que no podía caminar por sus propios medios; dos funcionarios penitenciarios tuvieron que sostenerlo para trasladarlo hasta el lugar de la visita. Su familia asegura que, durante el encuentro, el preso vomitó sangre delante de su madre y sus hermanas.

Imaginen lo que significa para una madre anciana recorrer cientos de kilómetros, esperar durante días para visitar a su hijo y, cuando finalmente consigue verlo, encontrarlo incapaz de caminar y presenciar cómo vomita sangre. Estas circunstancias requieren una evaluación médica urgente e independiente. Tememos seriamente por su vida.

Sidi Abdallah Abbahah. Su hermana lleva días intentando visitarlo, sin conseguirlo. Ayer, 14 de octubre, permaneció durante toda la jornada frente a la prisión donde se encuentra recluido, reclamando que se le permitiera ver a su hermano. Pese a sus reiteradas peticiones, las autoridades penitenciarias siguieron impidiéndole la visita, por lo que su hermana decidió permanecer frente a la cárcel como forma de protesta.

Estos casos no constituyen situaciones aisladas para nuestras familias. Reflejan una realidad marcada por el sufrimiento, la incertidumbre y las continuas dificultades para mantener contacto con nuestros seres queridos.

IV. LOS PRESOS QUE HAN SUSPENDIDO LA HUELGA SIGUEN SUFRIENDO LAS CONSECUENCIAS DEL ENCARCELAMIENTO

Queremos recordar también la situación de Naâma Asfari, Mohamed Lamin Haddi, Mohamed Bani y Bachir Khadda.

Naâma Asfari. Condenado a treinta años de prisión, había protagonizado anteriormente una prolongada huelga de hambre. Según su entorno familiar, aquella protesta terminó después de que las autoridades penitenciarias asumieran determinados compromisos que posteriormente no cumplieron. En el contexto de la actual huelga, Naâma Asfari fue trasladado a la prisión de Loudaya, en Marrakech, en contra de su voluntad.

El pasado 12 de octubre, su esposa, la ciudadana francesa y defensora de los derechos humanos Claude Mangin, intentó viajar a Marruecos para visitarlo, acompañada por el alcalde de Ivry-sur-Seine, Philippe Bouyssou, y la concejala Claire Delmotte. Las autoridades marroquíes impidieron la entrada de Claude Mangin al país. Los dos representantes municipales franceses pudieron entrar, pero también se les negó la posibilidad de visitar a Naâma Asfari. Denunciamos esta nueva separación familiar y las restricciones que impiden conocer directamente las condiciones en las que se encuentra nuestro familiar.

Recordamos igualmente el sufrimiento de Mohamed Lamin Haddi, que ha padecido prolongados periodos de aislamiento, así como la situación de Mohamed Bani, cuya salud se deterioró hasta obligarlo a suspender la huelga.

También Bachir Khadda, trasladado finalmente a una prisión de El Aaiún, en el Sáhara Occidental ocupado, suspendió su huelga de hambre.

Todos ellos siguen necesitando garantías para su salud, su integridad física y sus derechos fundamentales.

V. LA DISPERSIÓN PENITENCIARIA: UN SUFRIMIENTO QUE AFECTA A FAMILIAS ENTERAS

Nuestros familiares permanecen distribuidos entre diferentes prisiones marroquíes, muchas de ellas situadas a cientos de kilómetros de sus hogares. Esta dispersión penitenciaria tiene consecuencias devastadoras para nuestras familias: nos obliga a recorrer largas distancias, asumir importantes gastos económicos y soportar jornadas de espera que, en numerosas ocasiones, terminan sin conseguir una visita.

– Hay madres que han envejecido esperando el regreso de sus hijos.
– Hay esposas que llevan casi dieciséis años viajando de una cárcel a otra.
– Hay niños que crecieron viendo a sus padres únicamente durante visitas penitenciarias.

Desde nuestra perspectiva, esta situación plantea graves cuestiones de derecho internacional humanitario. Recordamos que el artículo 76 del Cuarto Convenio de Ginebra establece garantías específicas para las personas protegidas detenidas en territorios ocupados, incluidos el lugar de reclusión, la atención médica y las condiciones de detención.

Por ello, denunciamos la dispersión de nuestros familiares y reclamamos que se respeten plenamente las garantías del derecho internacional. Sin embargo, queremos subrayar que nuestra reivindicación principal no es únicamente que sean trasladados cerca de sus familias: nuestra exigencia fundamental es su liberación.

VI. NACIONES UNIDAS YA SE HA PRONUNCIADO SOBRE EL CASO DE GDEIM IZIK

Señoras y señores:

No estamos ante una situación desconocida para la comunidad internacional. El caso de Gdeim Izik ha sido examinado durante años por mecanismos de Naciones Unidas y organizaciones internacionales de derechos humanos.

En noviembre de 2016, el Comité contra la Tortura de Naciones Unidas adoptó una decisión en el caso de algunos presos (comunicación número 606/2014). El Comité constató vulneraciones de la Convención contra la Tortura y reclamó medidas de reparación, una investigación independiente y garantías frente a represalias.

Posteriormente, el Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre la Detención Arbitraria, mediante su Opinión número 23/2023, examinó la situación de dieciocho integrantes del grupo de Gdeim Izik. El Grupo de Trabajo concluyó que su privación de libertad era arbitraria debido a graves vulneraciones de sus derechos y consideró que la medida adecuada era su puesta en libertad inmediata, acompañada de reparación conforme al derecho internacional.

No se trata de una simple opinión de las familias: estamos hablando de conclusiones expresas de mecanismos especializados de Naciones Unidas. Y queremos plantear una pregunta: ¿De qué sirve que Naciones Unidas examine estos casos, constate violaciones de derechos fundamentales y reclame medidas concretas si, años después, nuestros familiares continúan encarcelados en estas condiciones?

Hace apenas tres días, el 12 de octubre de 2026, la Federación Internacional por los Derechos Humanos (FIDH) y la Organización Mundial Contra la Tortura (OMCT), junto con otras organizaciones internacionales, publicaron una declaración conjunta expresando su profunda preocupación por la huelga de hambre y reclamando la aplicación de las decisiones y recomendaciones de Naciones Unidas, así como la liberación de los presos políticos saharauis. Agradecemos estos pronunciamientos.

También queremos denunciar la represión sufrida durante la manifestación organizada el pasado 12 de octubre en Rabat, en la que las familias de los presos políticos saharauis reclamaban información sobre sus seres queridos y el respeto de sus derechos fundamentales. Numerosos ciudadanos y activistas saharauis acudieron a expresar su solidaridad y acompañar a las familias en estos momentos de profunda angustia. Sin embargo, la intervención de las fuerzas de seguridad marroquíes se saldó con la detención de varios participantes. Según la información recibida, siete activistas saharauis permanecen encarcelados en espera de juicio.

Condenamos estas detenciones y denunciamos que quienes acuden a solidarizarse pacíficamente con unas familias que temen por la vida de sus seres queridos terminen también privados de libertad. Exigimos su puesta en libertad y el pleno respeto del derecho de reunión y manifestación pacífica.

Sin embargo, creemos que la gravedad de la situación actual exige pasar de las declaraciones a las actuaciones urgentes de protección.

VII. NUESTRAS EXIGENCIAS A LAS AUTORIDADES MARROQUÍES Y A LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

Ante esta situación, las familias de los presos políticos saharauis del grupo de Gdeim Izik formulamos las siguientes exigencias:

1. Exigimos la liberación inmediata de nuestros familiares, de conformidad con la Opinión 23/2023 del Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre la Detención Arbitraria y los demás pronunciamientos internacionales aplicables.

2. Reclamamos una intervención médica urgente, independiente y especializada para evaluar el estado de salud de todos los presos, especialmente aquellos que continúan en huelga de hambre y padecen enfermedades crónicas.

3. Exigimos el levantamiento de las restricciones arbitrarias de visitas y comunicaciones, así como información inmediata y transparente sobre el paradero y el estado de salud de nuestros familiares, especialmente en los casos de hospitalización y traslado.

4. Reclamamos investigaciones independientes sobre las denuncias de tortura y malos tratos, especialmente las relacionadas con el traslado de Hassan Dah a Ben Guerir.

5. Exigimos el fin de las medidas de aislamiento injustificadas y de la dispersión penitenciaria, así como el respeto de las garantías previstas en el derecho internacional humanitario.

6. Solicitamos al Comité Internacional de la Cruz Roja que realice las gestiones necesarias, dentro de su mandato humanitario, para acceder a nuestros familiares y contribuir a garantizar su protección y el mantenimiento del contacto con sus familias.

7. Hacemos un llamamiento urgente al Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, al Comité contra la Tortura, al Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria y a los relatores especiales competentes para que intervengan mediante los mecanismos a su disposición y soliciten información inmediata a las autoridades marroquíes.

Finalmente, pedimos a los Gobiernos, a las instituciones europeas y a las organizaciones internacionales de derechos humanos que intensifiquen sus gestiones para garantizar la protección de nuestros familiares y la aplicación efectiva de los pronunciamientos de Naciones Unidas.

FUENTE: pressenza.com